Archivo diario: marzo 31, 2022

‘CODA: Los sonidos del silencio’: Música, amor y explotación de animales

Quien esto firma, antiespecista como es, tenía entre otras prevenciones hacia este remake – como hacia el original, la francesa ‘La familia Bélier’ (2014), de Eric Lartigau – el hecho de que la «simpática» familia de sord@s se lucrara en una y en otra con la explotación de animales.

En el primer caso, una granja – vacas y terner@s tratados «cariñosamente», en fin… – y, en este que nos ocupa, la pesca. Así que, pese a su nominación al Oscar, esta firmante se propuso no verla. Pero su triunfo la obligó a hacerlo.

Y, la primera en la frente, el arranque con el barco en el que faenan el padre, el hermano y la hermana, la única sin discapacidad auditiva del grupo, haciendo bromas con y rematando las piezas que han cobrado – seres sintientes que querían y merecían vivir – todo ello visto como un gag…

…Pues aunque no fuera maltrato real sí lo era simbólico, lo que casi la invitó a abandonar la sala. Pero su compromiso con el cine, con el blog y con quienes lo siguen, la obligó a quedarse. Por lo demás, la cinta es bienintencionada, con deseos de resultar agradable, en busca siempre de las cosquillas emocionales y previsible hasta decir basta.

Incluso aunque se permita algunas «osadías» como la muy sexualizada relación entre la progenitora y el progenitor, no deja por ello de discurrir por unos carriles muy trillados. Los conflictos son mínimos y se resuelven a lo largo del metraje con una facilidad pasmosa.

Podría haberse incidido más, ya que los protagonistas principales, salvo la chica, son realmente sordos – de hecho la sigla CODA en inglés corresponde a Child of Deaf Adult, lo que en castellano y aplicándolo a la película vendría a significar hija oyente de padres sordos – en lo que supone esa discapacidad de exclusión en un mundo que no la tiene y que es cruel e insensible, o indiferente, con las personas privadas de ese sentido.

De hecho, hay un par de escenas, muy conseguidas. Una en las que la realizadora nos invita a sumergirnos en el silencio de los personajes durante un concierto y otra en la que la hija traduce al lenguaje de signos lo que está cantando. Unos personajes para quienes no deja de resultar paradójico que la hija diferente se decante por la música.

Unos personajes que deben hacen un ejercicio de generosidad y afecto por ella, su intérprete en un medio hostil que dobla su tiempo entre sus estudios, el trabajo en el barco y su recién descubierta vocación, al dejarla seguir su propio camino. Y un esfuerzo por hacerse oir, otra paradoja, en un entorno díficil al que se sienten ajenos, cuando la situación laboral se les va de las manos.

Pero las aristas críticas están bañadas en miel. No se trata aquí de enfatizarlas, sino de apenas plantearlas y resolverlas feliz y bienintencionadamente. Como la propia carrera de canto de la chica, romance incluído, y profesor entregado y cómplice.

Coproducción entre Estados Unidos, Francia y Canadá, fechada en 2021, de 111 minutos de metraje. La filma y la escribe, a partir del original citado, la productora, guionista, actriz y directora norteamericana Sian Heder, cosecha del 77. La fotografía muy bien Paula Huidobro.

La banda sonora, firmada por Marius de Vries, uno de cuyos temas canta al amor absoluto, en la que la mujer lo deja todo por seguir a su hombre…, es resultona, pegadiza y suena bien, valga la redundancia, en la voz del personaje central, que interpreta la actriz Emilia Jones, que dió clases de canto y de lenguaje de signos.

El hecho de que el trío familiar esté representado, se recuerda de nuevo, por dos actores y una actriz sorda como, respectivamente Troy Kotsur, Daniel Durant y Marlee Matlin le aporta un plus de credibilidad. A estas alturas todo el mundo sabe que el primero de los citados recibió el Oscar al Mejor Actor de Reparto, el primero que recibe también un actor de sus características, que obtuvo el de Mejor Guion Adaptado y el de Mejor Película…

Reconocimientos estos dos últimos que, con la incontestable calidad de sus rivales, suponen un absoluto disparate para quien esto firma. Un absoluto disparate.

Véanla para coincidir o discrepar. Escrito queda.