‘Alcarrás’: La tierra de todas las criaturas grandes y pequeñas… humanas y no humanas

Este sábado 31 de abril, cuando a las 21.15 terminó la proyección de esta película que nos ocupa, la sala entera del Avenida estalló en espontáneos e incontenibles aplausos. Esta firmante – que tenía tantas ganas de verla, tras esa maravilla de ‘Verano 1993’, y tras llevar dos semanas sin pisar los cines – no los secundó.

Y no lo hizo no porque considere que no atesora méritos para recibirlos. Muy al contrario. Desde su historia – la de l@s abuel@s y tí@s de la realizadora, con sus respectivas familias de hij@s, sobrin@s y prim@s, que aún cultivan la plantación de melocotoneros en la localidad que da nombre a la película, pero que en la ficción están a punto de perderla, por mor del signo de los tiempos y de pactos verbales que nada sirven en el presente y que se reúnen otro verano para la última cosecha – hasta su puesta en escena sutil, elegante y tan contenida como intensa.

Desde el tratamiento y mimo por los personajes de tres generaciones en una historia tan coral como intimista. Un acercamiento a cada un@ de ell@s, a sus personalidades – algunas de ellas irresistibles – y a sus circunstancias, que nos revela con sabiduría, lucidez, humor, ternura e ironía sus idiosincrasias e interrelaciones mutuas. Todo lo que les une y lo que los separa tanto a nivel personal como familiar y laboral.

Pero también es un retrato desgarrado, elegíaco y conmovedor de una forma de vida ya en desuso. Una mirada también social, luego política, del mínimo valor en el mercado capitalista de los frutos, nunca mejor dicho en este caso, procedentes del esfuerzo titánico de cultivar la tierra. De la revuelta justa, necesaria y legítima que provoca tal agravio comparativo. Y la desoladora impotencia de asistir a la destrucción de una tierra tan querida por la voluntad de quienes anteponen el negocio a todo lo demás.

En este microcosmos tan bien mostrado caben las cotidianidades, los juegos – esos magnífic@s niñ@s que Carla Simón sabe filmar con excelencia en toda su arrebatadora espontaneidad – los resquemores, las fiestas los bailes, las comidas, además del trabajo exhaustivo de la recolección. Gentes llenas de vida y verdad, que transmiten hondura y credibilidad. Hombres, mujeres y menores unidos por lazos de sangre que atraviesan la pantalla, que cantan, que bailan, que pelean, que riñen, que…

Pero, ay, tampoco se nos ahorra la crueldad con los animales, la insensibilidad absoluta hacia sus vidas y sus sufrimientos. Desde esos tiernos e inocentes conejos de campo – asesinados con premeditación, nocturnidad y alevosía – por el único delito de pretender sobrevivir. Criaturas sintientes que son incluso tiroteadas, como si de un gag se tratara pues se celebra el hecho infame, para tirar sus cuerpos como trofeos en la puerta de la casa del «villano» de la función.

Ni la triste existencia, por llamarla de alguna manera, de la vaca Margarida siempre atada, siempre en la oscuridad del establo, siempre, como no podía ser de otra manera, apagada y explotada. Todo ello sin la menor empatía, asumiéndolo con la mayor normalidad, y como fuente de aventura y diversión.

Es por ello que la animalista que esto firma no aplaudió. Es por ello que sintió un dolor tan hondo por el cruel destino inferido por esas personas a los otros habitantes no humanos de la misma tierra. Es por ello que cuestiona la calidad y la calidez de un@s protagonistas porque tales cualidades coexisten con esa crueldad tan extrema. Es por ello que le ha resultado tan díficil conectar emocionalmente con ell@s. Una crueldad, se insiste, que nunca es percibida ni cuestionada como tal. Y miren que esta firmante ha intentado ser objetiva…

Coproducción hispano-italiana, fechada en este año, de 120 minutos de metraje. La escriben la propia directora y Arnau Vilaró. Las excelentes fotografías y banda sonora, que suena cuando debe e incluye temas como el ‘Yo no soy esa’, de Mari Trini, las firman respectivamente Daniela Cajías y Andrea Koch. De un reparto en estado de gracia, sería injusto resaltar a alguien, aunque sí señalar las concomitancias entre Jordi Pujol Dolcet y Sergi López y la presencia arrolladora y magnética de Ainet Jounou.

Oso de Oro en Berlín, es una de las elegidas para debatir en la próxima sesión de nuestra tertulia de cine Luis Casal Pereyra del miércoles, 11 de mayo, a las 19.30, en Casa del Libro Viapol. Véanla cuanto antes.

Escrito queda.

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