Archivo mensual: enero 2013

‘La noche más oscura’: Guerra sucia

En esa película notable que es ‘Argo’ – cuyo estreno coincidió con la celebración del Festival de Cine Europeo y con la superposición de otras cintas y por ello su crítica no fue consignada en este blog -, nada sospechosa de radicalidad política, la honradez y la decencia de su realizador, el actor Ben Affleck, le llevan a hacer un prólogo en el que recuerda la responsabilidad estadounidense en el resurgir del islamismo más extremista y letal, junto con las teocracias. Así sitúa y posiciona los acontecimientos reales, que recrea en su relato fílmico, en su contexto más coherente.

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Kathryn Bigelow elige aquí también un suceso real, protagonizado e inspirado por la CIA, aunque situado en el tiempo un siglo más tarde y completamente opuesto en cuanto al objetivo de la misión. La historia, de cuyo guión se encargó Mark Boal, abarca diez años. Desde el ataque contra las Torres Gemelas, a la noche más oscura de la localización y caza del Enemigo con mayúsculas del imperio, gracias al empeño y voluntad incansable de una joven y muy cualificada agente del servicio de inteligencia. Entre ese período de tiempo, también registra los atentados de Londres del2005, los del Hotel Marriott en Islamabad y otros en los que  espías norteamericanos fueron las víctimas.

Localizada en distintos escenarios, singularmente paquistaníes. Como aquel  en cuya orografía montañosa tuvo lugar el sanguinario evento que da título al filme, pero también, siguiendo la cronología hasta llegar al clímax, en escondites, o mazmorras secretas donde se torturaba a placer y se obtenía, según se nos cuenta, información valiosa para evitar actos terroristas al tiempo que servían para encontrar a sus principales líderes, tal que Bin Laden, en este caso.

Tráiler de ‘La noche más oscura’

Desde el más obsceno y feroz trabajo de «campo» de est@s funcionari@s públicos estadounidenses empleándose a fondo contra extranjeros indefensos y maniatados, hasta los espacios de poder. Desde cubículos fuera de la ley, hasta lujosos despachos. Desde territorios comanches o amigos, se describe, y muy bien, – la realizadora está muy dotada para la acción, para filmar estos  hechos violentos y sombríos con precisión milimétrica – la cruzada de una potencia por imponer su forma de hacer las cosas a nivel global.

La cinta es tan brillante como perversa. Tan contundente como insidiosa. Tan presuntamente verosímil en la adaptación de unos hechos sucedidos, como ideológicamente escorada. Tan potente como cruel. Tan convencida, y casi convincente, de la legitimidad de los métodos contrarios a los derechos humanos que describe. Tan cercana a la épica del crimen de Estado que vehicula, por aquello de que el fin justifica los medios….Está tan bien interpretada – Edgerton, Adkins, Strong, Ehle, Chandler, Gandolfini en un pequeño papel y, sobre todo, una inmensa Jessica Chastain, carne de Oscar – que resulta penoso dar cuenta de su mala fe intrínseca al ocultar la evidencia de que su país alimentó y financió al monstruo, cuando estratégica y políticamente le convino. Que resulta lamentable su posicionamiento ante la tortura, el todo vale y la guerra sucia.

‘Los miserables’: Parias de la tierra

El responsable de ‘El discurso del rey’, Tom Hooper, se ha hecho cargo de la versión cinematográfica de ‘Los miserables‘, basada en el musical de Alain Boublil y Claude-Michel Schönberg, ambos coguionistas de esta cinta junto a William Nicholson y Herbert Kretzmer, a su vez inspirado en la magna obra de Víctor Hugo. Y lo ha hecho desplegando fastuosidad y sin reparar en medios en esta producción inglesa de 158 minutos de metraje, que hay que ver en su formato correcto.

Se trata de un musical, sin apenas líneas de diálogo, con las canciones subtituladas. Lo cual, no hace lamentar menos que no haya en esta ciudad una sola copia en  versión original. Recordemos sus líneas argumentales. Mientras en  la Francia convulsa del siglo XIX las revueltas se suceden implicando a cada vez más sectores ciudadanos, la historia va siguiendo a los principales protagonistas. El noble y bondadoso Jean Valjean, su feroz enemigo y carcelero, el inspector Javert, la desdichada Fantine, la huérfana Cosette, los mezquinos Thenardier, el apasionado Marius, su enamorada Eponine, los compañeros de armas y revoluciones…

Hooper aborda este drama con un tratamiento espectacular y operístico – se trata a todos los efectos de una ópera contemporánea, más que de un musical en el sentido más clásico – que no siempre sabe resolver con acierto. Aunque esto último no afecte tanto al ritmo, la cinta no decae en interés pese a su extensión, sino en cuanto a la manera de filmar ciertas escenas y ciertos pasajes. Sino en cuanto a la manera de desaprovechar ciertas secuencias, perdiendo intensidad y sutileza. Sino en cuanto a la manera de eludir matices  de los personajes y sus circunstancias, en aras de la grandeza de la puesta en escena.

Pero cuando todo se armoniza, y lo hace en la mayor parte de los planos, y se integran fondo y forma, música y libreto, interpretaciones y canciones, ritmo y emociones y no hay enfoques gratuitos, sino genuinas expresiones de los dramas que consumen a sus héroes y heroínas, sean amorosos, de poder, maternales, legales, morales, económicos o políticos… Entonces se produce el milagro y la pantalla cobra vida.

Y nos son mostradas en toda su hondura, desgarro e incandescencia las injusticias, el terrible sino a que los poderosos corruptos condenaban a las clases populares, los romances  y los afectos no correspondidos, la dignidad, el sectarismo, el odio, el sentido del deber más cruel y feroz, el compromiso con la lucha o las revoluciones contra las tiranías. Todo ello plasmado en temas musicales tan vibrantes, líricos, poéticos y épicos, como las dramáticas peripecias vitales de los personajes y el propio transcurso del relato.

A ello contribuyen poderosamente un equipo técnico-artístico de primer orden y un reparto de lujo, pero cuyo resultado también es desigual. Russell Crowe está algo rígido y no le aporta los matices necesarios al terrible y atormentado Javert. La pareja joven, Amanda Seyfried y Eddie Redmayne, gran voz la suya, resulta algo desvaída, pese al talento y la fuerza de la actriz, que se revelan en algunas escenas. Samantha Barks sí hace suyos el dolor y el desamor de Eponine, todo un descubrimiento. Menciones especiales para los niños,  Daniel Huttelstone como Gavroche e Isabelle Allen como Cosette. Helena Bonham Carter y Sacha Baron Cohen están muy  ingeniosos y brillantes, pero el fantasma de Burton les persigue…

Punto y aparte para un notable, excelente Hugh Jackman, un Valjean tan sensible como trágico, lleno de grandeza moral. Y, sobre todo y sobre tod@s, la arrebatadora creación que hace Anne Hathaway de la desolada e infeliz Fantine a la que aporta un  lirismo, una oscura poesía, una vulnerabilidad y una fuerza conmovedoras, una inocencia devastada,  que nos hace derramar lágrimas ante su creación de ese bellísimo tema ‘I dreamed a dream’. Ella encarna como nadie, víctima de las víctimas y de los verdugos, el espíritu de es@s miserables, de est@s parias de la tierra a quienes todo les es arrebatado.