‘La banda Picasso’: La bohème…

A Fernando Colomo se le atribuye la creación de la llamada ‘ Nueva comedia madrileña‘ – aunque él mismo se haya desmarcado de tal etiqueta –  que insufló un aire fresco y  un estilo más contemporáneo a un género anquilosado en las zafiedades más casposas y machistas del postfranquismo. Así, títulos como ‘Tigres de papel’ o ‘¿Qué he hecho yo para merecer esto?’ supusieron un antes y un después en la eclosión posterior de la movida capitalina, en la que participó. Aunque hay que reconocerle que no se durmiera en los laureles e intentara un cambio de registro con títulos como ‘El caballero del dragón’ o, ya a finales de los noventa, ‘Cuarteto de la Habana’ o ‘Los años bárbaros’.

BandaPicasso.cartel.bajaRECUADRO

En sus propias palabras, ‘La banda Picasso’ es una historia real que contenía en sí misma una apasionante película. Cuando en 1911 desapareció La Gioconda del Louvre, Picasso y su amigo Guillaume Apollinaire fueron detenidos e interrogados. El primero fue inmediatamente puesto en libertad, pero el segundo estuvo en prisión una semana en espera de juicio y luego en libertad condicional, aunque nunca se librara, por su condición de extranjero, de la sospecha y el escarnio públicos.”

La génesis de tal delito es también la del cuadro del genio malagueño, ‘Las señoritas de Avignon’. Su autor necesitaba unas estatuas ibéricas semiabandonadas en el museo, en las que inspirarse para las protagonistas de la tela, y Apollinaire se las ‘procuró’. Así que, aparte de los dos citados, esta historia pretende hacer una semblanza de un grupo cuya creatividad estaba en plena ebullición y que compartían estudio, trabajo, tertulias y bohemia. A él pertenecían Fernande Olivier, modelo y artista, amante del andaluz. El célebre Max Jacob, poeta, artísta, crítico… Manolo Hugué, pintor y escultor catalán. Georges Braque, uno de los creadores del cubismo.  Y Marie Laurencin, también pintora y grabadora, a la sazón tumultuosa pareja de Apollinaire.

Sobre el papel, el relato, la época y los personajes son lo suficientemente estimulantes como para haberles sacado mucho partido. El germen de una historia apasionante, según la frase antes citada de Colomo. Pero no lo es. Y no lo es, porque desaprovecha lastimosamente el material que tiene entre las manos. Y no lo es, porque no acaba de encontrar el tono. Y no lo es, porque su ritmo decae y la intriga no es tal. Y no lo es porque, aunque tenga buena factura, carece de luz y de voz propia.

Y no lo es porque los protagonistas – ¡¡¡ese desvaído y soso Ignacio Mateos, como Picasso, un descomunal error de casting!!! – y el reparto que l@s encarna están muy lejos, lamentablemente mal dirigid@s, de sus poderosos modelos reales, del genuino talento y pasión que les habitaba. Y está muy lejos de ser la crónica de un grupo de vanguardistas que hizo historia. Y está muy lejos de interesar o de entretener o de emocionar. Y está muy lejos de ser la película que podría haber sido.

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