‘No’: Campañas…

El realizador y guionista chileno Pablo Larraín ha conseguido colocar a esta su última propuesta, y quinta de su filmografía, entre las candidatas a optar al Oscar a la Mejor Película de Habla No Inglesa. Coproducción entre Francia, Estados Unidos y su propio país, de 118 minutos de metraje, aborda el referéndum forzoso con el que se vió obligado a consultar a su torturado pueblo el tirano Pinochet en 1988, sobre su permanencia o no en el poder, dadas las presiones internacionales.

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Para ello, los partidos de la oposición contratan a un celebrado publicista, de familia de izquierdas, aunque algo escéptico, para que les diseñe la campaña contra el dictador, o, lo que es lo mismo, por el No. Sin embargo, el creativo, un estupendo Gael García Bernal, no comparte las ideas más clásicas y reivindicativas a la ortodoxa usanza de sus clientes y les sorprende con una alternativa iconoclasta y rompedora, que les provocará más de un quebradero de cabeza. Mientras, el Gobierno se bate por el Sí, con toda su parafernalia de juego sucio y represivo.

Larraín ha optado por un formato muy curioso y acertado para narrar este relato. Y lo hace a modo de documental, utilizando para ello imágenes de aquellos momentos y una cinta magnética de la época. El resultado puede resultar algo incómodo visualmente, pero le confiere a la cinta un grado de verosimilitud,  a la par que el necesario distanciamiento,  para que juzguemos libremente los hechos históricos que se nos muestran.

Porque el realizador, de la cosecha del 76, pertenece a una generación que básicamente ha vivido en democracia y a la que se le ha complicado bastante el recuerdo de la dictadura… Por ello, es de aplaudir su honestidad en el tratamiento- dramático, pero no exento, en absoluto, de humor – de tal efemérides. Por ello, es de aplaudir que muestre opiniones muy contrastadas con respecto a la campaña y a lo mucho que la ciudadanía chilena se jugaba en ella. Por ello, es de aplaudir que no haya minimizado, antes al contrario, el riesgo de la vida que corrieron quienes osaron apostar por ella.

Porque la apuesta por la ligereza, la alegría -“Chile, la alegría ya viene”, un inmejorable eslogan…- no le hace olvidar, al contrario, están implícitos, los horrores de una dictadura asesina y genocida, contra la que muchas gentes heroicas lucharon, a un altísimo coste. Porque a Pinochet no le derrotó el marketing, sino todo un pueblo. Y Larraín lo sabe y  reconoce sus deudas con sus mayores. Pero se centra en este episodio crucial, como un hecho y como una metáfora.

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