‘Mi amigo Mr Morgan’: Otro americano en París…

Como Gene Kelly, como Marlon Brando… Sin nada que ver con el antológico musical de  Minnelli, ni con el desgarrado  tango de Bertolucci. Pero tampoco con la alleniana, ‘Midnight in Paris’. En esta película de la alemana Sandra Nettelbeck, producción de su país, basada en la novela de Françoise Dorner, tiene a un protagonista británico, Michael Caine, interpretando a un estadounidense en la capital francesa. Para seguir con esta particular Torre de Babel, está dialogada en inglés y en francés indistintamente en su versión original.

Quien esto suscribe, desconoce el libro en el que se basa esta cinta, cuyo guión corre también a cargo de la realizadora, pero la historia tiene algunos ecos lejanos – muy, muy lejanos, las comparaciones pueden ser odiosas… – con ‘Amour’, de Haneke y con ‘Rojo’, de Kieslowski. En la relación del protagonista, Jean- Louis Trintignant con su mujer en la ficción, Emmanuelle Riva en la primera. Y en la del mismo actor francés con una muy joven Iréne Jacob en la segunda, en este caso mucho más tangencial que en la película que nos ocupa e igualmente relevante.

El hilo argumental podría describirse como sigue. Profesor de filosofía jubilado, residente en la capital francesa desde hace años, en la que falleció, en circunstancias trágicas, su amada y añorada esposa, a quien recuerda a su lado e imagina su presencia, conversando con ella continuamente. Hombre solitario y pesimista, solo se relaciona con una amiga nativa con la que intercambian idiomas, pues no domina, en absoluto, el suyo de adopción. Pero, cuando conoce casualmente en un autobús a una chica que enseña baile en una academia, sus vidas darán un giro tan radical como inesperado.

La cinta es sugerente y se deja ver bien, pero también insatisfactoria en su conjunto. Sus líneas temáticas recorren los caminos del duelo, la pérdida, la amistad, el amor, la familia, las relaciones familiares, la soledad, la culpa… Puestas así las cosas, resulta complicado conferirle un tono suave al conjunto. Pero Nettelbeck lo hace. Y no siempre le sale bien, porque está manejando un material altamente inflamable que hubiera requerido una mayor intensidad y consistencia, un orden en las prioridades narrativas, y no lo, ni las tiene.

Rueda con elegancia, eso sí, y a veces te dejas llevar por sus promesas, por lo bien que resuelve ciertas escenas. Por la química entre la pareja protagonista, por la sutileza de su vínculo siempre en el filo y sobre tod@s, y sobre todo, por el talento y el empaque de Michael Caine, su alma máter. Tiene una mirada sensible y empática, y eso se le agradece, al lugar fuerte e integrador, positivo y consecuente, sin clichés, de las mujeres en lo que respecta a las relaciones. Aunque no resulta nada simpático el esquematismo con el que despacha al personaje de Gillian Anderson, sí tiene al de Justin Kirk, otro acierto, para cuestionar al mitificado pater familias que nunca ejerció y enfrentar a su progenitor con su rostro menos complaciente. El giro final puede ser tan atrayente como chocante… algo abrupto sí que es.

Pues eso, pros y contras. No es ni de lejos tan redonda como su notable, ‘Deliciosa Martha’ pero merece una visión.

 

 

 

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