‘La entrega’: Una historia de Brooklyn…

Para Vita Lirola, que me ha regalado conocer la N. Y. más mítica, lejos de sus oscuridades.

El escritor y guionista Dennis Lehane – Boston, cosecha del 65 – ha visto algunas de sus obras adaptadas al cine con la mejor fortuna. Así, la espléndida ‘Mystic River’, a cargo del maestro Eastwood ; la notable ‘Adios, pequeña, adios’ de Ben Affleck y la sugerente e irregular ‘Shutter Island’, del clásico Martin Scorsese. También ha colaborado en la escritura de algunos episodios de la serie de culto, ‘The wire’. Con esta que nos ocupa, se ha hecho con el Premio al Mejor Guión en el Festival de San Sebastián. Un guión para el que le ha servido de base un relato corto suyo, llamado ‘Rescate animal’.

Pero es otro hombre el que lo filma. Se trata de Michael R Roskam, un belga de la cosecha del 72, cuya ópera prima, ‘Bullhead’, fue nominada en 2012 a la Mejor Película de habla no inglesa. Esta es su cuarta cinta y la historia sigue a dos primos que trabajan juntos en un bar de Brooklyn. Uno, el mayor, lo regenta y el otro, joven, sirve de camarero.

Aunque no es un establecimiento al uso, porque en él, como en otros, la mafia local, de origen extranjero, hace correr  en sobre enormes sumas, de mano en mano, hasta llegar a sus destinatarios. Simultáneamente, el chico se encuentra un cachorro de pit bull maltratado y abandonado en un cubo de basura. Esto le conectará con una joven, su perturbado ex y dueño del perro y le hará vivir situaciones tan límites como inesperadas.

Con estos mimbres, el autor construye un relato que, sin alcanzar la grandeza de ‘Mystic River’, ni su intensidad emocional, explora los bajos fondos de una ciudad icónica, apenas entrevista más que en interiores o en fachadas. Más que en callejones inquietantes o en exteriores desvaídos. Poblada por seres solitarios, de pasado oscuro, presente inestable y futuro incierto, que no son lo que parecen, ni hacen lo que se espera de ellos. Y, entre esta fauna presuntamente humana, un perro adorable, Rocco. La ternura y el afecto personificados. El hilo conductor de las historias de la trama. Una trama compleja e incitante, que sorprende a cada paso. Un guión milimétrico, ejemplar, justamente premiado.

Y el realizador aporta su eficiencia, al servicio de tal escritura fílmica, con oficio, sutileza y sensibilidad. Permitiendo que la narración fluya con un ritmo, una tensión, un desasosiego y un asombro crecientes. Respetando los tiempos sin efectismos innecesarios. Lo cual, es muy, muy de agradecer. Con la complicidad de un equipo técnico en el que destacamos la fotografía de Nicolas Karakatsanis y la música de Raf Keunen, que le regalan la textura audiovisual requerida a otra película turbia y oscura.

¡Qué decir del reparto!. El querido, añorado, James Gandolfini nos dijo adiós con una interpretación a la medida de su talento. Mathias Schoenaerts, con su perversidad. Noomi Rapace, con su fuerza y ternura. John Ortiz, el policía, tan lúcido como impotente.  Y, sobre tod@s, un prodigioso Tom Hardy, lleno de matices y sugerencias. Si quieren saber más… compruébenlo por sí mism@s. Merece la pena.

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