‘Dos metros de esta tierra’: Ensayo general

“Dos metros de esta tierra serían suficientes para mí” escribió el poeta palestino Mahmud Darwish ( 1941- 2008), un clásico contemporáneo y considerado el mejor de los autores árabes. Murió en Houston, tras una operación a corazón abierto, pero sus restos reposan en Ramala, donde se ha rodado esta singular película de Ahmad Natche, Sevilla, 1974. Leen ustedes bien, quien esto firma también se ha sorprendido ante este dato. Su padre es palestino, ha sido crítico de cine y se formó como montador en Cuba. Este es su primer largometraje, luego de varios cortos y un medio.

Entre el docudrama y el documental, fechado en 2012, con 80 minutos de metraje e interpretado por actores no profesionales, la historia describe los preparativos de un festival de música al aire libre en la ciudad mencionada, durante un verano. Comenzamos viendo una selección de fotografías de pequeñ@s y grandes soldados, luchadores-as por la libertad de su tierra, con muchas mujeres – esto se enfatiza…- entre ellas, para un programa de televisión que comentan una francesa y el director de la emisión.

Luego, y siempre en planos muy simples, fijos, estáticos, se nos muestra todo un mosaico de personajes y situaciones que dan fe, de diversas maneras, directa e indirectamente, de las vivencias de la guerra y de la ocupación. Pero relajada y desdramatizadamente, incluso con humor. Nada más lejos del panfleto que esta película profundamente política. Sabia y sutilmente, con el evento, el escenario, algún@s participantes y los estudios televisivos, el realizador también nos enseña los distintos grupos humanos que pueblan un país oprimido, sin tierra y sin los más elementales derechos.

Rompiendo esquemas. Con mayoría de jóvenes, con mayoría de chicas y con la mayoría de las chicas sin velo. Desde músic@s, a técnic@s de sonido, encargada de vestuario, estudiante de periodismo, locutora, mujeres que han vivido todas las guerras, hombres que también… tod@s tienen su espacio, tod@s se manifiestan en función de sus trabajos y de su papel en el festival. Con esperanza, con visión de futuro, sin ira, aunque tengan muy claras, como no podía ser de otra manera, sus lealtades. Desde los atuendos – los menos- más tradicionales a las camisetas modernas, sí, pero con las efigies del Che o las leyendas a favor de Gaza. Otro mundo…

Al fondo, la añorada Jerusalén. Tan cerca y tan lejos. La ciudad soñada y prohibida. Y, también al lado, justo al lado de este escenario, la tumba del poeta mirando a su querida Ramala. Allí, junto a la sepultura, un estudiante le recita, a una compañera y amiga, un extracto del gran poema ‘Mural’. Y la cámara se mueve, por primera vez, mostrando una bellísima vista de la ciudad, de esa tierra de la que el maestro desaparecido solo quería tener dos metros.

Gente de cine de muchos países, José Luis Guerin entre ell@s, avalando este proyecto en los títulos de crédito. Una cinta diferente, singular, que merece ser vista y apoyada. Háganlo.

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