No solo cine: Memoria en violeta

Para M. D. J. D-B, por estar ahí…

Pilar Aguilar Carrasco  – jiennense, de Siles, licenciada en Filología Moderna por la Universidad de Sevilla, en Ciencias de la Educación por la Universidad René Descartes y en Ciencias Cinematográficas y Audiovisuales por la Denis Diderot – es una muy cualificada experta, pedagoga e investigadora en el análisis fílmico feminista. Entre sus publicaciones al respecto están, ‘Manual del espectador inteligente’, ‘Mujer, amor y sexo en el cine español de los 90’ o ‘El cine, una mirada cómplice en la violencia contra las mujeres’.

Quien esto firma, a requerimiento de la librería sevillana Relatoras, ha tenido el grandísimo honor de presentar el libro autobiográfico de dicha autora, ‘No quise bailar lo que tocaban’. Un libro apasionante e imprescindible que debería, como alguien comentó, ser de lectura obligada en los colegios.

Un libro intensamente personal – “porque lo personal es lo político” – y del acervo colectivo de una generación nacida entre los años 40 y 50 del pasado siglo. Un libro de empoderamiento feminista, pero que también contribuye a recuperar la memoria histórica de varias generaciones. Un libro descarnadamente sincero, divertido, crudo, lúcido y paradójicamente esperanzado y optimista que ella ha querido que sea “el pabilo de su vela, para alumbrar siquiera un poco”.

Sobre este libro, y todas sus temáticas tan sugerentes, se ha debatido apasionada y lúcidamente esta noche en la citada librería. Con el denominador común del respeto, la complicidad,  la empatía y la pluralidad, ya fueran testimonios en primera persona o relacionados con el ámbito profesional. Testimonios que quien esto firma va a intentar resumir y recoger en esta entrada, en la medida de lo posible, con todas las limitaciones de espacio.

Temas como la posible continuidad de unas memorias que terminan en la treintena y que depende de como funcione este, “porque se escribe para que te lean y en él está lo que tenía mayor urgencia por contar”. Un deber que la gente joven conozca el pasado, que no lo es tan lejano y que sepa que de aquellos barros vienen estos lodos… Y que sepan que se puede vencer, que se pueden cambiar las cosas. Que el franquismo – nada inocente, ni ridículo, sino mortal y destructivo –  parecía que no iba a terminarse nunca y, sin embargo, así fue. Transmitir que las mujeres siempre hemos estado ahí, al pie de todas las luchas, y siempre con la revolución propia pendiente.

Hablando de pendientes, hay asuntos como su toma de conciencia feminista, que se sugieren pero no se explicitan en el libro. Aunque ella percibió la desigualdad desde su infancia y siempre aceptó muy mal el molde cuadriculado de su época, su compromiso claro fue ya en democracia, a partir de las Jornadas de Barcelona. Se habla que el feminismo marca toda la vida, que no hay vuelta atrás, aunque el proceso se puede dilatar en el tiempo. Y lo cambia todo. La mirada, la autoestima, la sexualidad, el deseo, la relación con el propio cuerpo y su aceptación, pues las mujeres estamos en lucha continua con él.

Se habla del machismo de los compañeros de partido, de los camaradas. De que fue llamada a capítulo por soliviantar a las mujeres de estos. Tal cual… De que se propuso ser muy sincera, sin hacer daño, pero veraz respecto a lo sentido. Como en su afirmación tan impactante de que a su madre no le gustaba, que no la quería – aunque su padre, sí – pero ella la cuidaba y él no.  Y de la suerte que tuvo pues, de lo contrario, no se hubiera opuesto tan frontalmente a ella, ganando su autonomía.

Las madres de una generación de mujeres, tan reprimidas, tan mutiladas en su sexualidad, tan amputadas en sus deseos. Lo amargadas que vivían con todas las restricciones que les eran impuestas, especialmente en los pueblos o en el medio rural. Aún ahora, no hay sensualidad, todo gira en torno a la genitalidad masculina, los testimonios de las chicas jóvenes son preocupantes al respecto y la regresión es un hecho. Siguen más que vigentes eslóganes de los 60 y 70 como ‘Sexualidad no es sensualidad’ o ‘La anatomía del hombre no es el destino sexual de la mujer’.

Inevitablemente, se trata sobre el cine y los modelos que vehicula en las relaciones heterosexuales, tan sexistas y patriarcales, y su repercusión tan enorme. Sobre el contraste de la represión política en el pueblo y en la ciudad. “Pueblo pequeño, infierno grande”, recuerda alguien. Sobre el sadismo en la educación, en ciertos maestros de entonces, fachas que se ensañaban con el alumnado indefenso. Se comenta la diferencia de tono entre la primera y la segunda parte. Una más divertida y la otra, más grave y oscura.

Que no quiso ser pesada o caer en la prolijidad, que le irrita como lectora y espectadora. Que no se considera novelista al uso, pero sí ensayista. Sobre Francia, su tierra de acogida, su país del alma y sobre lo que le gustaría reencontrarse con antigu@s camaradas, con compañeras del colegio o con aquellas con las que compartió prisión.

Miradas, voces, opiniones, contrastes de pareceres… Tan personales como políticas. Tan apasionadas como lúcidas. Tan contundentes como matizadas. Tan intensas como divertidas. Gracias a la librería Relatoras por esta velada extraordinaria. A Pilar Aguilar Carrasco, por escribir esta obra, de lectura obligada, por ser y por estar. A todas las mujeres y al hombre presentes. A todas las estimulantes y enriquecedoras aportaciones que fueron hechas, de las que esta entrada es solo un pálido reflejo.  GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS.

 

 

 

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