En cartelera: Amores y-o terrores…

Bueno… pues ya llegó el Día de las Sombras. Cincuenta sombras que se ciernen sobre nuestras carteleras, precedidas por el morbo y por la expectación. Como ya saben a qué se refiere quien esto firma, no hacen falta más datos. Desde hace una semana, están vendiéndose entradas para las mil y una sesiones en las que se proyectará, muchas de ellas agotadas. En la víspera del consumista Día del Amor, pero también, irónicamente su estreno hoy coincide con un viernes, 13, Día – global ya, no sólo anglosajón – de todos los Terrores.

Porque en este subproducto fílmico confluyen ambos conceptos, sobre todo el terror, bajo la envoltura de un drama erótico pseudotransgresor, de redención final. La crítica, masculina en su mayoría, ha minimizado su impacto despachándola despectivamente como ‘porno blando para mujeres’ o ‘una elegante y saneada versión de inclinaciones sexuales no convencionales’ y también ‘pomposo y tedioso melodrama sadomasoquista’. Extractos de las reseñas de Sara Stewart, ‘New York Post’, Tim Greerson, ‘Screendaily’ y Claudia Puig, ‘USA Today’, respectivamente, recogidas en la insoslayable FilmAffinity.

Pero no hay que eludir lo que tant@s estudios@s han señalado, la importancia incuestionable del cine en la sociedad, plasmada, en este caso concreto, en las relaciones entre los sexos. En este país, por más señas,  una demoledora encuesta elaborada por el CIS, de muy reciente publicación, arrojó como resultado que un 33% de jóvenes, entre 15 y 29 años, considera “inevitable o aceptable controlar los horarios de su pareja, impedir que vea a su familia o a sus amistades, no permitir que estudie o trabaje o decirle lo que puede o no puede hacer”. Un tercio de esta franja de edad. La generación del relevo…

Franja de edad que consumirá mayoritariamente un subproducto que les confirmará que en sus vínculos, llamémosles afectivos, están en el camino correcto. Que estas pautas relacionales son glamourosas y deseables. Que el abuso de poder y el maltrato físico y psicológico son eróticos. Que el dominio del varón es algo ‘natural’. Que los chicos, cuanto más malos, más atractivos. Que hay que someterse, en función del ‘premio’ final. Que a un hombre con tales y violentas pulsiones se le puede cambiar y ‘redimir’. Que el amor lo puede todo. Que…

Porque ,aunque se aduzca que es un contrato entre dos personas adultas y ‘libres’ en este relato, las excepciones individuales no sirven en minoría y, menos aún, en un contexto de desigualdad radical entre los sexos. Ahí están las cifras de las mujeres maltratadas – por cierto, se ha señalado que la protagonista sufre un síndrome común a todas ellas – y de las víctimas de la violencia machista para corroborarlo.

Cuando el llamado amor y el terror se unen, surgen las sombras. Sombras tenebrosas y peligrosas. Muchas más de cincuenta…

 

 

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