‘La mirada del silencio’: Verdugos y víctimas

El estadounidense Joshua Oppenheimer, cosecha del 74, establecido en Dinamarca, documentó en 2012 con ‘The act of killing’, el brutal genocidio que militares, mercenarios, paramilitares y escuadrones de la muerte indonesios perpetraron contra los comunistas y contra la población civil u opositores en general. Un millón de muertos en un año terrible, 1965. En él  hablan sobre sus crímenes atroces sin el menor remordimiento ni empatía. Este filme fue justamente reconocido con premios tan importantes como el BAFTA, el del Jurado Ecuménico de Berlín, el de la Crítica Danesa, el Europeo en su género y un largo etcétera.

‘La mirada del silencio’, fechada en 2014, Gran Premio del Jurado y Premio FIPRESCI en Venecia, es la réplica a este filme, pero desde el punto de vista de las víctimas. Concretamente, de la familia y en especial del hermano de un joven brutalmente asesinado por quienes no solo quedaron impunes, sino que se les tiene por héroes nacionales y detentan aún el poder.

En efecto, el protagonista conoce a los asesinos, a través de la visión del primer documental citado, del que se recogen varias escenas sobrecogedoras. Este es el punto de partida de una cinta memorable. La mirada de un hombre, digno, culto, civilizado y valiente, sobre el horror indescriptible que sufrió su hermano. Una mirada serena y doliente. Una mirada a los abismos de la maldad humana. Una mirada desde el silencio y desde la contención expresiva, apenas parpadeos y humedad en los ojos, ante las terribles imágenes de los matarifes escenificando y parodiando entre risas la tortura y el asesinato de un joven que comenzaba a vivir.

Pero también es la crónica de una familia que tiene que sufrir la vecindad con los que arrebataron brutalmente la vida a un ser querido. Y del afecto y la ternura mutua que se profesan. Esas conmovedoras escenas con los muy ancianos progenitores. Las conversaciones con la madre. Los cuidados hacia un padre ciego y dependiente a quienes se le cayeron los dientes, uno a uno, tras la pérdida del hijo. Los juegos y las risas con sus niñas, resolviendo y aclarando sus dudas.

Y la conciencia del personaje central, un hombre íntegro y consecuente, quien, a todo riesgo, entrevista, civilizada y pacíficamente, a los responsables confrontándoles con el terror sin paliativos y sin remordimientos que han causado. Consiguiendo ponerles nerviosos ante los hechos consumados y documentados. Tanto más inquietante y terrible, cuanto más serena y sin subrayados, ni exasperaciones es su puesta en escena. Una puesta en escena en la que el bellísimo paisaje, en la que el clima, el tempo  y la atmósfera están ensamblados magistralmente en y con el drama que se narra.

103 minutos de metraje. Escrita por el propio director. La hermosa fotografía es de Lars Skree. Su música, de Seri Banang y Mana Tahan. Un equipo técnico-artístico extraordinario en el que, véanse los títulos de crédito, la mayoría preserva el anonimato por temor a las represalias. Hermosa, terrible, poética, estremecedora y necesaria apuesta por las víctimas frente a los verdugos. Una obra mayor que nadie debería perderse. Lo que hace aún más lamentable su permanencia en cartelera de apenas una semana, con un ínfimo número de espectadores-as.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s