‘Amy’: Estrella fugaz

Asif Kapadia – Londres, cosecha del 72, de ascendencia india – guionista y realizador, responsable de este documental nada al uso que nos ocupa, ha declarado – en una excelente entrevista al diario Público, realizada por Begoña Piña – que su protagonista “pidió auxilio con sus temas, pero que nadie se dio cuenta”.  Eso es lo que acierta a transmitir en esta cinta en la que las luces y las sombras, el ascenso y la caída, el éxito y su precio, la alegría y el dolor, el talento y la autodestrucción, se dan la mano sin solución de continuidad.

Estos contrastes nos son mostrados sin énfasis, ni subrayados innecesarios, ni sensacionalismos. Desde la admiración. Pero no desde el moralismo. Desde la empatía. Pero no desde la condena. Desde el dolor por una pérdida anunciada e irreparable. Pero no desde la culpabilización de un entorno que no supo verla, ni detenerla a tiempo.

Aunque sí se compromete y señala responsables, incluida la propia víctima. Desde luego, su padre, un personaje, por decirlo de una manera suave, más bien turbio. Desde luego, el nefasto Blake Fielder-Civil, su pareja de idas y vueltas y ex marido, que la introdujo en el crack, la heroína y la cocaína. Pero él supo librarse a tiempo… No así ella de la dependencia con estos dos hombres, tan presentes como ausentes y, a sus muy diferentes maneras, tan dañinos que marcaron fatalmente su vida afectiva.

Aunque no solo hay oscuridad, sino también luz, mucha luz. La que irradiaba una chica joven, hermosa, brillante y creativa. Una chica que supo conservar sus amistades de la infancia y adolescencia. Que fue leal a su ciudad, a su barrio, a su entorno y a sus seres queridos. Con una garganta privilegiada y una voz poderosa y desgarrada. Aunque no supiera digerir la popularidad, ni sus servidumbres…

El realizador la muestra en sus comienzos. En la cúspide y en su descenso imparable a los infiernos, usando un material de archivo inédito, junto a imágenes y momentos estelares y antológicos, más conocidos, de una carrera breve y meteórica. Junto a declaraciones de quienes tuvieron con ella una relación eventual o intensa, en lo privado y-o en lo profesional.

Y lo hace sabiamente, tanto en el resplandor como en las tinieblas. Asumiendo su admiración por el personaje y descubriéndonos a la persona. Sin condicionar, ni limitar nuestra visión, sino – desde quien esto firma – ampliándola. Mostrando el proceso de composición de esos temas, tan en carne viva. El de la grabación en los estudios. Sus actuaciones más memorables y las más dramáticamente penosas. La implacable persecución de la prensa más amarilla. De los medios que la ensalzaron sin medida y la fustigaron sin piedad, ridiculizando a una criatura seriamente enferma y devastada.

Unos intensos, emotivos, magnéticos y dolorosos 128 minutos de metraje, en suma, los de esta cinta británica a la que merece la pena asomarse, de todas, todas. Sean o no fans de una cantante, de cuya trágica desaparición se cumplen cuatro años dentro de unos días. De una estrella fugaz, cuyo brillo perdura.

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