‘Love & Mercy’: Música y lágrimas

La casualidad, ¿ o no?, ha querido que coincidan en nuestras carteleras dos biopics de muy distinto signo, pero ambos transgresores, atípicos y del mayor interés. De uno de ellos, ‘Amy’, documental de Asif Kapadia, ya tienen la crítica en estas páginas. El otro, el que nos ocupa, sí pertenece más propiamente a este género de la biografía adaptada al cine. Se trata de la estadounidense, ‘Love & Mercy’, cuyo firmante es Bill Pohlad.

121 minutos de metraje.  Su guión está coescrito por Oren Moverman y Michael A. Lerner. Su música, aparte de los temas extraordinarios del grupo, pertenece a Atticus Ross. Su excelente fotografía a Robert D Yeoman. Con un reparto en estado de gracia en el que destacan poderosamente las composiciones de, sobre todo, Paul Dano, John Cusack y Paul Giamatti. De aquí, sino al tiempo…, pueden salir algunas candidaturas a los Oscar.

Su historia se centra en la figura del cantante y compositor Brian Wilson uno de los fundadores, con sus dos hermanos, su primo y un amigo, del mítico grupo los Beach Boys. del que era también productor y arreglista. La cinta se desarrolla en dos épocas paralelamente. En los sesenta de sus comienzos y su éxito y, décadas después, en el que solo es una sombra de sí mismo, literalmente secuestrado por un terapeuta abusador.

Aquí están como en ‘Amy’, pese a sus muy significativas diferencias de fondo y forma, los ingredientes tan destructivos del éxito en edades muy tempranas. La creatividad atormentada. Las adicciones peligrosas. Los fuertes vínculos familiares y amistosos. La baja autoestima. La enorme fragilidad emocional. El daño provocado por dos hombres. En este caso, un padre brutal y un terapeuta cruel, tóxico y dañino. Pero también el talento, la creación y una sensibilidad única y extraordinaria en estado puro.

Bill Pohlad arriesga y gana, eligiendo las dos edades, las dos versiones y los dos tiempos del protagonista. Bill Pohlad arriesga y gana, con los dos excelentes intérpretes. Bill Pohlad arriesga y gana, metiéndonos en las tripas de una grabación. Bill Pohlad arriesga y gana, haciendo a todos nuestros sentidos partícipes de una composición. Bill Pohlad arriesga y gana, en el viaje sensorial, y casi alucinógeno, al interior de una mente tan maravillosa como enferma.

Bill Pohlad arriesga y gana dinamitando, en su narrativa y puesta en escena,  cualquier concesión al esquema o a la linealidad, pero manteniendo la inteligibilidad y la coherencia. Bill Pohlad arriesga y gana, dirigiendo a un espléndido Giamatti al filo de la sobreactuación, sin perder un ápice de credibilidad. Bill Pohlad arriesga y gana, describiendo las oscuridades de la aparentemente feliz y soleada California. Bill Pohlad arriesga y gana, haciéndonos sufrir la terrible manipulación y el intolerable abuso de poder del que fue víctima su personaje central.

Bill Pohlad arriesga y gana, mostrándonos el desamparo y la alienación más absoluta de un hombre subyugado. Bll Pohlad arriesga y gana, con un personaje femenino fuerte, asertivo, generoso y sensible, una figura clave, muy bien servido por Elizabeth Banks.

Ustedes no arriesgan nada y lo ganarán todo con la visión de esta cinta espléndida, cuyo recuerdo permanece en los sentidos y en la memoria. Pero habrán de hacerlo ya en la única sesión que le tienen destinada a las 23 horas, a partir del viernes y solo unos días más. Ni se les ocurra perdérsela.

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