‘Loving’: La ley del más fuerte

Mildred y Richard Loving, en cuya historia está basada esta película, se conocieron siendo niños y se casaron cuando ella quedó embarazada. Lo hicieron en Washington, en 1958, pero tal matrimonio interracial – el blanco y ella de color – no era válido en su Virginia natal.

Denunciados, debieron elegir entre la cárcel y el destierro durante 25 años. Pero añorando su hogar y forma de vida, sabiéndose víctimas de una terrible injusticia, ella escribió a Robert Kennedy, entonces Fiscal General, quien les remitió a dos abogados de la Unión Americana por las Libertades Civiles. Tras años de litigios, el Supremo les dio la razón. En 1967 se derogó dicha ley xenófoba en 16 Estados.

Un relato así contenía, de entrada, muchos riesgos. El de la vertiente del más convencional y anodino ‘basado en hechos reales’. El temible del melodrama de sobremesa televisivo. El del largo proceso legal de los protagonistas, en clave del género de juicio. El reivindicativo, por la vía de la intoxicación emocional. El mitificador, por la vía catártica. Y así podríamos seguir…

Pero su realizador y guionista Jeff Nichols, cosecha del 78, los ha conjurado todos en sus 123 minutos de metraje bellamente fotografiados, sin caer en preciosismos, por Adam Stone y con una música, que suena cuando debe, de David Wingo. Lo ha hecho con una puesta en escena clásica y con un tratamiento elegante, austero y extremadamente contenido.

La sutileza de que hace gala es notable, incluso en las escenas más dramáticas, pero esto no revierte en frialdad. Por el contrario, resulta hondamente emotiva en su modestia, en su hondura y en su compleja sencillez. Sabe retratar muy bien el amor que dos personas – magníficamente interpretadas por Joel Edgerton y, sobre todo, por la maravillosa Ruth Negga, justamente nominada al Oscar a la Mejor Actriz – se profesan, pese a todas las adversidades.

Nos integra en su cotidianidad, en la familia que han formado, en el exilio que padecen, en su infinita paciencia – que no resignación – ante los agravios que sufren. En su respeto mutuo y en la fuerza de una mujer que, pese a ocupar un lugar tradicional, tiene las iniciativas más valiosas y es fuerte y determinada. Y en la de un hombre que solo es blanco de piel, pero que se ha criado y tiene a sus mejores amigos entre gentes de otras tonalidades.

Vean esta película serena y hermosa, que esquiva sabiamente todos los tópicos al uso, con una historia más grande que la vida. No se la pierdan.

 

 

 

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