‘Verónica’: Conjuros

Esta no es una película más de terror, pese a ser aterradora e inquietante. Esta no es una película que recurra al sobresalto fácil y efectista. Esta no es una película tramposa. Esta no es una película comercial al uso, aunque desde su estreno de ayer esté batiendo récords de taquilla. Esta no es una película que desprecie la inteligencia, ni la sensibilidad, del amplio espectro de personas a las que va dirigida incluyendo, por descontado, a las cinéfilas.

Esta es una película que describe un tiempo y un país en los cuatro días de junio del año de gracia de 1991, en los que tuvo lugar su terrible historia real. Y que lo hace a través del microcosmos familiar de tres hermanas y un hermano, huérfanos de padre y residentes en Vallecas, con una madre trabajadora a jornada exhaustiva y completa. Esta es una película en la que el miedo es tan sobrenatural como cotidiano.

‘Verónica’ es el desgarrador y emotivo retrato de una adolescente, valiente y generosa, que asume unas responsabilidades que no le corresponden por edad, debido a sus circunstancias. Es el retrato de una chica, con miedo a crecer, que se refugia en otros universos y que apela al más allá, vía ouija, con devastadoras consecuencias. Es el retrato de lo inexplicable e inasible que conlleva este conjuro, pero también de los demonios que la habitan muy a su pesar.

Es el retrato de dos niñas y un niño que adoran a su hermana mayor, que les cuida, les ama y les protege a cualquier precio. Es el retrato de su día a día sin adultos y de su organización doméstica. Es el retrato de la frontera de una edad ingrata, de la soledad de la diferencia, de las primeras deslealtades amistosas, de las jornadas escolares.

Es un universo en el que también tiene cabida una monja ciega, fumadora, vidente y guía. Es una película de y pro mujeres, sujetos de sus existencias para lo mejor y para lo peor, pero que no tienen “tiempo para mí, tiempo de vivir, tiempo para disfrutar” como reza el tema de un anuncio, irónico leit motiv musical del relato

105 minutos de metraje. La dirige y coescribe, junto a Fernando Navarro, Paco Plaza, cosecha del 73, con ‘REC’ y El segundo nombre’, en su filmografía. Basada en los informes del inspector que llevó el caso, único reconocido en nuestro país como relacionado con fenómenos paranormales. Tiene una factura espléndida, un rimo que no decae y un excelente equipo técnico y de efectos especiales. Destacamos la fotografía de Pablo Rosso y la música de Chuky Namamera, con los vibrantes temas musicales de aquel entonces.

Y tiene un reparto…  Una revelación extraordinaria la de Sandra Escacena, pero también las de l@s adorables actrices y actor que interpretan a sus hermanas y hermano, rebosantes de encanto y naturalidad. Menciones especiales, es injusto pero muy extenso no citarles a tod@s…, para Ana Torrent y Consuelo Trujillo. Desde ahora les digo que van a caerle varias, y relevantes, nominaciones a los Goya.

Mucho más que una película de terror. Asómense a su abismo y no se la pierdan.

 

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