‘La librería’: La vida secreta de las palabras

Ayer, Isabel Coixet estuvo en Sevilla para presentar el preestreno de su última propuesta fílmica. Y, como no podía ser menos, lo hizo – además de en la sala – en ese espacio único que es la librería Caótica donde, por cierto, se habló más de lecturas que de cine…

Como, por ejemplo, de la autora en cuya novela se basa la película, una mujer fuerte, con una vida muy dura y que supo salir adelante, Penélope Fitzgerald. Como que no le hubiera importado ser librera. Como que es una lectora voraz.

Como que su afición por la novela negra se ha enfriado un tanto, porque, en su opinión, se repiten sus esquemas. Como que le gusta poner a sus personajes en contexto, saber cómo se ganan la vida. Como que le gusta que guste su cine porque tod@s necesitamos que nos quieran y ser reconocid@s.

Como que su amor por Bradbury y Nabokov está ha reflejado en su historia. Como que se sentía muy identificada con su protagonista. Como que ha variado algo el final, para que no nos cortáramos las venas, como en otras suyas, y que ha eludido el elemento fantástico que sí estaba en la novela. Una adaptación libre, pero respetuosa, por la que ha ganado el Premio de la Feria del Libro de Fráncfort. …  Estuvo divertida, lúcida y cercana.

‘La librería’ es otra cosa… Para quien esto firma – que no ha leído la obra y que tuvo que conformarse, en esta sesión, con la versión doblada ya que está rodada en inglés – el tratamiento del relato es erróneo y forzado. Forzado, paradójicamente, en su pretendida sutileza y sentimentalidad.

En la descripción de los usos y costumbres sociales en una pequeña población costera inglesa de finales de los años 50. En ese idilio imposible que describe. En el retrato, algo melifluo, de las ingenuidad y buena fe de un personaje central que es, por otra parte, una mujer sensible, voluntariosa e inteligente, que lucha hasta el final por su librería en un entorno mezquino y hostil.

Esta firmante cree que el relato pedía a gritos un enfoque más duro, austero,  y sin concesiones autocomplacientes. Pero también más cínico e irónico. E incluso el contrapunto de un toque sobrenatural, presente en su modelo literario, la hubiera favorecido. De hecho, es más auténtica cuanto menos costumbrista. Decir también que a la feminista que esto escribe le han faltado autoras en esos encargos libreros y que le ha fastidiado que se repudie a las Bronte.

Por lo demás, la factura es impecable. Marca de la casa. Tiene momentos y escenas, especialmente en su tramo final, en los que la desesperanza, la tristeza y la rabia de una mujer sola frente a elementos indeseables, te alcanza. Estupenda la fotografía de Jean-Claude Larrieu y algo excesiva, por melodramática, la banda sonora de Alfonso de Vilallonga. El reparto, excelente. Emily Mortimer, Bill Nighy, Patricia Clarkson y la fulgurante revelación de Honor Kneafsey, una criatura magnética.

Esta es, obvio es decirlo, solo una opinión personal e intransferible. A mucha gente muy autorizada le ha gustado mucho. Así que, en cualquier caso, deberían verla.

 

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