Archivo diario: julio 21, 2018

‘Happy end’: Cuestión de principios

Quien esto firma, animalista convencida y militante, acaba de salirse de la proyección de ‘Happy end’ porque, apenas comenzada, la voz en off narradora de una niña describe y filma sus rituales de higiene en el cuarto de baño para pasar a continuación a la jaula de su hámster – a quien previamente ha drogado con las pastillas antidepresivas de su progenitora, por la que expresa su desprecio – y le mata de un paletazo. Todo ello, mientras se sobreimpresionan los títulos de crédito.  .

Dado los antecedentes del director austriaco Michael Haneke, que asesinó a un caballo en ‘Los tiempos del lobo’ y a un-a gallo-gallina en ‘Caché’, para esta firmante tal principio ha sido el fin de la proyección. La violencia que refleja y denuncia su filmografía, con títulos más que celebrados y prestigiosos, no tiene por qué proyectarse en esta crueldad feroz contra animales indefensos. Sobre todo, teniendo tantos recursos cinematográficos para no hacerlo cuando, además, hay leyes que les protegen de estos abusos en los rodajes.

Para que quede constancia y sirva de aviso, escrito queda.

‘La cámara de Claire’: Espejos e instantáneas

Hong Sang-soo es un guionista y cineasta surcoreano muy peculiar, de la cosecha del 60, de cuya extensa filmografía se han podido ver en nuestra ciudad títulos como ‘En otro país'(2012), ‘Ahora sí, antes no’ (2015), ‘En la playa sola de noche'(2017) y esta que nos ocupa ‘La cámara de Claire’ en la que, como en la primera citada, vuelve a trabajar con Isabelle Huppert. Las tres restantes y esta última las protagoniza su musa y pareja, desde 2015, Kim Min-hee, cosecha del 82.

Su cine es básicamente minimalista, aparentemente banal, sin apenas guión previo, con una puesta en escena muy austera en la que abundan los planos fijos a través de los que muestra a sus personajes en sus encuentros y desencuentros, en sus comunicaciones e incomprensiones, con diálogos epidérmicos en los que el subtexto es importante

Pródigo en rodar en bares, con profusión de tabaco y alcohol en ellos, o bien en paisajes solitarios por los que sus protagonistas deambulan. Sus historias tratan a menudo de triángulos amorosos en entornos artísticos, o directamente cinematográficos y en ellas, salvo excepciones, suelen salir peor parados los hombres que las mujeres. Muy a menudo, con parejas muy desiguales desde el punto de vista cronológico, lo que lleva a pensar que hay también mucho material autobiográfico de partida.

Así podríamos seguir sin pretensiones de exhaustividad… Lo cierto es que en esta, su última propuesta hasta ahora, se dan muchas de las señas de identidad citadas. Sigue a una joven, que trabaja en una distribuidora y que es despedida por su jefa, pese a formar equipo con ella desde hacía cinco años, “por ser deshonesta” lo que resulta incomprensible e injusto para ella, pero a lo que reacciona con inusuales mansedumbre y resignación, hasta llegar al punto de hacerse un selfie con ella para recordar el último momento en el que estuvieron juntas… Paralelamente, conoce a una profesora de música y fotógrafa vocacional con una polaroid instantánea, con la que conecta muy bien y a través de la cual resolverá el enigma de su despido.

Tan desconcertante como cautivadora, su final es inesperado y añade otro nuevo signo de interrogación, abierto como está a tantas posibilidades. Se entra o no se entra en ella y quien esto firma sí gusta, en general, de disfrutar su cine y de la corriente y el flujo de vida que contiene, con todas sus complejidades y contradicciones, aunque reconozca que se entra o no se entra en su microcosmos tan particular. En el reparto destacan la estupendas ya citadas Kim Min-hee e Isabelle Huppert a quien, como ha dicho un experto ingeniosamente, se la ve muy relajada lejos de sus papeles intensos y atormentados.

Fechada en 2017, tiene tan solo 69 minutos de metraje. La escribe también Sang-soo, la fotografía bellamente Jinkeun Lee y su banda sonora sin estidencias es de Dalpalan.

Véanla y déjense llevar por ella. Es un consejo.