‘Green Book’: La guía de la exclusión

A esta producción estadounidense, ambientada en los 60 y basada en hechos reales – de 130 minutos de metraje, filmada y coescrita, junto a Brian Hayes Currie y Nick Vallelonga, uno de los protagonistas, por el productor, guionista y director, Peter Farrelly, cosecha del 56, y responsable de la aclamada ‘Algo pasa con Mary’ (1998). Que está muy bien fotografiada, con las tonalidades de la época, por Sean Porter y que tiene una banda sonora, con excelentes temas, a cargo de Kris Bowers – se la ha comparado con ‘Paseando a Miss Daisy’, Bruce Beresford, 1989. Pero, aunque tengan ciertos e innegables paralelismos, sus diferencias son notables.

Porque la historia – mezcla de drama, comedia y road movie, basada en personajes y hechos reales y ambientada en los años 60, de un refinado pianista de color que, para una difícil gira por el profundo Sur estadounidense de cuyas razones sabremos luego, contrata a un tosco y contundente chófer italoamericano, que debe tener como guía el infame Green Book del título que le indica los lugares en los que puede o no entrar su jefe – es bastante más compleja de lo que a primera vista puede parecer.

Y lo es porque, para empezar, invierte los roles de clase y etnia entre estos dos hombres. Pero aún así es capaz de dar otra vuelta de tuerca, ya que es una película comprometida políticamente, que muestra sus cartas con honestidad. Que pretende y  logra, a juicio de quien esto firma, transmitir su mensaje antirracista y antiapartheid a un público amplio, sin trampas, con una emoción inteligente, llena de humor a la par que dramática, y nada sensiblera.

Sin maniqueísmos porque, por accesibles que resulten, no dejan de ser sutiles las curiosas paradojas que se dan entre patrón y empleado. El primero aliado, en función de su talento, de su estatus socioeconómico,  de sus exquisitas maneras, de su modus vivendi en una fastuosa mansión y de su nivel cultural,  con las clases altas, blancas e influyentes que, sin embargo, le condenan y marginan por su raza y el segundo, relegado a la servidumbre y vecino del Bronx, con todos sus tics matones y barriobajeros, pero identificado con su lugar en el mundo y con sus gentes…

…Hasta que la gira citada, con la prueba del choque de tales personalidades tan divergentes, con  sus prejuicios mutuos y con las infames exclusiones e impías humillaciones narradas sin acentos melodramáticos aunque sí contundentes, resulta un bofetón de realidad para ambos y les aboca a asumir sus respectivos compromisos sociales, de identidad, de clase y étnicos con todas las consecuencias.

Viggo Mortensen y, sobre todo, Mahershala Ali están que se salen. Por ellos, por su factura, por la historia, por su denuncia de un estado de cosas aún vigente, por el notable giro del realizador fuera de su temática más gamberra, por lo que representa de documento de un tiempo y de un país… no deberían perdérsela.

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