‘La espía roja’: Traicionando a Melita

La funcionaria británica Melita Stedman Norwood (1912-2005) tuvo a un padre letón y a una madre inglesa- ambos fervientes socialistas y de simpatías comunistas, muy comprometidos social y políticamente, que se movieron en círculos ideológicamente afines e incluso editaron un periódico que distribuyeron por su entorno- cuyos valores le  transmitieron a su hija, quien también se afilió al Partido Comunista, tras estudiar Latín y Lógica y trasladarse a Londres para trabajar, recién estrenada la veintena.

Contando con 24, fue reclutada por la NKVD soviética, el antecedente de la KGB y poco después se casó con un profesor de química, Hilary Nussbaum, hijo de rusos y también ferviente comunista. Se cree que él respetaba, aunque desaprobándolas, sus actividades de espionaje.

Dichas actividades – que duraron más de tres décadas y que fueron consideradas las más valiosas de todas las que efectuaron los ingleses por sus jefes rusos – consistieron básicamente en proporcionar información sobre todos los secretos del programa atómico de su país, gracias a su trabajo como administrativa, muy solvente, capaz y cualificada en la materia, en la Asociación Británica de Metales No Ferruginosos.

No las hizo por dinero sino porque, en sus propias palabras, era “inaceptable que Occidente tuviera una ventaja tan importante sobre la URSS en la posesión exclusiva de armas nucleares”. Pensaba que era lo correcto, que así preservaría la paz evitando otra Guerra Mundial, siendo fiel a sus ideas, y no habría dudado en repetirlo. Aunque descubierta, no fue procesada debido a su avanzada edad. Se la conoció por los alias de Hola, Tina o Joan la Roja. Fuentes: Wikipedia, Nando Salvá y Miquel Echarri en El Periódico

Pues bien, la vida y la personalidad de esta mujer apasionante, aunque “traidora”, son a su vez traicionadas en esta película – Reino Unido, 2018, 107 minutos de metraje, realizada por Trevor Nunn, cosecha del 40, cuyo trabajo se ha desarrollado fundamentalmente en el teatro siendo director de arte en la Royal Shakespeare Company y en el Royal National Theatre, y en la televisión; escrita por Lindsay Shapero y correctamente fotografiada por Zac Nicholson.

Y las traiciona porque, aunque vagamente inspirada en ellas, atribuye sus ideas, su compromiso y su espionaje a un amor de juventud. Porque no menciona ni su infancia, ni a sus notables progenitores, especialmente a su madre que la inició en el contraespionaje. Porque le interesan más sus romances, ambos inexistentes, que su valor y el riesgo cierto que corrió.

Porque incluso su inteligencia es oscurecida por la personalidad de sus amantes y las dificultades en la relación con ellos. Porque tuvo una hija que ignoraba este aspecto materno y no un hijo paternalista y protector. Porque compareció sola ante la prensa en el jardín de su casa con valentía y dignidad. Porque su tratamiento de fondo y forma son convencionales y planos… Menos mal que la excelsa Judi Dench, quien ha expresado sus simpatías hacia ella,  salva la función.

Escrito queda. Ustedes deciden.

 

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