‘Quien a hierro mata’: El ruido y la furia

Esta firmante lamenta estar a la contra de la aclamación crítica generalizada que ha suscitado esta última propuesta de Paco Plaza – cosecha del 73, con las notables ‘REC’ (2007), con sendas secuelas en 2009 y 2012, y ‘Verónica’ (2017) en su haber – que supone un cambio de registro en su filmografía y que tant@s saludan ya como el thriller español del año y futuro candidato a varios Goya. Aunque sobre este último aserto sí que coincide…

Y lo lamenta porque sus expectativas sobre ella se dispararon a través de tales referencias. Y lo lamenta porque, desde su punto de vista, en esta película – producción de 107 minutos de metraje, escrita por Juan Galiñanes y Jorge Guerricaechevarría, con una espléndida fotografía de Pablo Rosso y una atronadora música de Maika Makovski, repleta de temas musicales a infinitos decibelios – hay mucho más ruido que furia, pese a la dureza de sus argumento y contenidos. Para escribirlo con más precisión, el ruido oscurece a la furia.

En efecto, en esta historia, ambientada en una localidad de la costa gallega, del inesperado encuentro del enfermero de una residencia de ancianos – responsable y querido por sus pacientes, con una muy feliz relación de pareja y próximo a ser padre-  con el narco que destruyó su vida, para quien es anónimo y se convierte en imprescindible… mientras sus hijos siguen con el “negocio” hasta que todo estalle… hay más artificio que verdad.

Y es así porque tanto la puesta en escena como el tratamiento narrativo han priorizado absolutamente el golpe de efecto y la pirotecnia audiovisual – que en sus mejores momentos, aunque sean pocos, son impactantes y consiguen su objetivo –  frente a la indispensable solidez de un guión que, pese al prestigio de sus firmantes, hace aguas por todas partes.

Hasta el punto, sin hacer spoiler, de olvidarse de cerrar la trama de un personaje secundario pero importante… Hasta el punto de minar la credibilidad del relato con situaciones difícilmente sostenibles por muy potentes que sean y por bien filmadas que estén. Hasta el punto de comprometer seriamente, por ausencia del necesario desarrollo de sus personalidades, las motivaciones de los personajes, protagonista incluído.

Pese a todo ello, el reparto es y está impecable y muy por encima de la película. Ahí quedan los excelentes trabajos de Luis Tosar, Enric Auquer, María Vázquez, Ismael Martínez y el desaparecido Xoán Cejudo, a quien le está dedicada.

Naturalmente, se repite, que esta es tan sólo la minoritaria opinión a la contra de quien esto firma, frente a las mayoritarias positivas reseñas que ha cosechado. Así que, para coincidir o discrepar, y en cualquier caso, hay que verla.

 

 

 

 

 

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