‘Vida oculta’: Desobediencia debida

Sobre el protagonista real de esta historia, el campesino austriaco Franz Jägerstätter, (1907-1943), nos cuenta Wikipedia que: “En 1936 se casó con Franziska Schwaninger yendo a Roma en viaje de novios y allí abrazó, de forma convencida, la fe católica. Cuando Hitler convocó el plebiscito, en 1938, para anexionar Austria a la alemania nazi, fue el único de su pueblo en votar en contra. También se resistió a ser reclutado y mantuvo abiertamente una posición antinazi. En febrero de 1943, ya avanzada la Segunda Guerra Mundial, fue llamado a alistarse y al negarse fue arrestado y encarcelado en Linz y llevado a Berlín para ser juzgado.

Condenado a la guillotina, fue ejecutado en la prisión de Brandenburgo-Goden el 9 de agosto de 1943, a los 36 años, dejando a su mujer con tres niñas, de las cuales la menor de ellas contaba tan sólo con 6. Su condena fue anulada en los últimos años 90. Considerado un mártir, en junio de 2007 Benedicto XVI autorizó su beatificación que tuvo lugar en Linz, asistiendo su viuda, de entonces 94 años, y sus  hijas”

Quien recrea los últimos años de vida de este hombre en la película que nos ocupa es un director, productor y guionista estadounidense, Terrence Malick, cosecha del 43. Cineasta singular, para lo mejor y para lo peor, y prestigioso, que ha consechado premios tales como la Palma de Oro, Mejor Director y FIPRESCI en Cannes, el Oso de Oro en Berlín, la Concha de Oro en San Sebastián y varias nominaciones a los Oscar entre un larguísimo etcétera. Entre los once títulos que componen su filmografía se cuentan ‘Malas tierras’ (1973), ‘Días del cielo’ (1978), ‘La delgada línea roja’ (1998) o ‘El árbol de la vida’ (2011)…

Y lo hace con ese estilo insobornable que le caracteriza. Tan magnético como desconcertante. Tan absorbente como excesivo. Tan lírico como cruel. Tan espiritual como apegado a las raíces. Tan panteísta como sensual. Tan atento a la hermosura de la naturaleza como crítico con lo peor de la especie llamada humana. Tan religioso como terrenal. Tan delicado como brutal.

Y lo hace con una puesta en escena grandiosa, refinada, pausada y elegante, marca de la casa. Y lo hace tranformando los diálogos en voces en off. Y lo hace convirtiendo los pensamientos e ideas en elementos dramáticos y narrativos. Y lo hace contrastando la felicidad de una familia en un entorno idílico, con la irrupción de una tiranía cuyos virus e insania morales contaminan a todo un pueblo.

Y lo hace mostrando el odio feroz de la comunidad hacia el-l@s diferentes y su sumisión hacia el dictatorial poder de los invasores. Y lo hace dando cuenta de cómo tal crueldad cotidiana se ceba especialmente en una mujer con tres pequeñas y una hermana que la ayuda, trabajadora infatigable y heroica ella también, a la que se injuria, se insulta, se desprecia, se le hace el vacío y casi se le impide la supervivencia. Y lo hace registrando cómo el protagonista recibe todo el daño insoportable de la violencia institucional y ella, y las suyas, niñas incluidas, el de la vecinal.

Y lo hace con esos planos inmensos de las montañas, frente a los cerrados y lúgubres, pero igualmente imponentes a la contra, de las prisiones. Y lo hace estilizando las torturas sufridas – en una solución fílmica tan singular y potente como cuestionable – por un objetor de conciencia inquebrantable, no solo en función de su fe religiosa – que sobre todo – sino por las medidas brutales y genocidas de los nazis contra los colectivos más vulnerables. Y lo hace tomándose su tiempo. Y lo hace también con esos animales de la granja, queridos pero explotados, aunque no haya maltrato real pero sí resulta triste y desasosegante para quien esto firma especialmente en una de sus escenas…

Coproducción entre Estados Unidos y Alemania, de 180 minutos de metraje. Su guión lo firma también el propio director. Su bellísima fotografía se debe a Jörg Widmer y su excelente banda sonora, en la que se incluyen preciosas piezas clásicas, a James Newton Howard. Tiene un reparto en estado de gracia, en el que destacar al magnífico protagonista August Diehl, pero también a Matthias Schoenaerts, a la estupenda Valeria Pachner y hasta un Bruno Ganz de nuevo en la piel del Mal en una pequeña aparición.

La debatiremos en la próxima sesión de nuestra tertulia de cine Luis Casal Pereyra del miércoles, 4 de marzo, a las 19.30, en Casa del Libro Viapol, a la que esperamos se unan. Mientras tanto, no dejen de verla y háganlo cuanto antes.

Post Scriptum:

Esta firmante ha tenido conocimiento de que hoy, sábado 22 de febrero, se conmemora también el 77 aniversario de las ejecuciones en la guillotina de dos chicos y una chica, de 24, 23 y 21 años respectivamente, universitarios y miembros fundadores del grupo de resistencia pacífica al nazismo La Rosa Blanca que estaba motivado también por consideraciones éticas, morales y religiosas. A pesar de ser ferozmente interrogados por la Gestapo nunca traicionaron a sus compañer@s. Ella y ellos sí han sido honrados en su país, figuran en el Panteón de Alemanes Ilustres y muchas calles, parques y avenidas llevan sus nombres. A saber: Sophie y Hans Scholl, hermana y hermano, y Christoph Probst.

El cine germano también se ha hecho eco de su historia, con dos películas: ‘La Rosa Blanca’ (1982), de Michael Verhoeven y ‘Sophie Scholl – Los últimos días’,  (2005), de Marc Rothermund, que obtuvo numerosos reconocimientos entre ellos dos Osos de Plata en Berlín al Mejor Director y a la Mejor Actriz. Fuentes: Wikipedia y el grupo de La Rosa Blanca de Facebook.

Escrito queda.

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