‘La última película’: Atrapar la luz

«Con la luz nacen las historias, con las historias nacen las películas» el que pronuncia esta frase es el pequeño gran actor protagonista, Bhavin Rabari, Samay en la ficción y alter ego del productor, guionista, editor y director indio Pan Nalin, que retrata en ella, la vigésimo primera de su filmografía, una parte de su infancia.

Que retrata en ella al niño que fue, un niño de entonces 11 años, que vivía en un pequeño pueblo de la India. Que amaba la libertad, que le gustaba caminar y llenar de clavos y cristales los raíles del tren. Que se distraía en el colegio, porque le resultaba imposible concentrarse.

Que trabajaba duro junto a un padre brutal, aunque luego se redimiera y no esté retratado esquemáticamente, que le apaleaba – con un palo, literalmente – a la menor travesura o transgresión de sus rígidas reglas religioso-morales y de casta. Que vendía, junto a tal progenitor, tés chais a l@s viajer@s que iban y llegaban en la estación del ferrocarril.

Que tenía cinco amigos inseparables de ocio, el mínimo, y aventura. Que tenía una hermana pequeña y una madre, joven, hermosa y excelente cocinera, que siempre estaba preparando platos exquisitos y creativos.

Que cuando fueron por primera, y última, vez como afirmó y creía el padre, toda la familia al cine, se sintió absolutamente fascinado por el descubrimiento. Que, a partir de entonces, se escapaba cada día al local de proyecciones donde el operador le dejaba entrar en su espacio, a cambio de la comida materna, para ver las películas. Que, a partir de entonces, su vida ya no sería la misma…

El realizador retrata muy bien esa pasión febril por capturar la luz de un chico que sólo se reconocía a sí mismo entre proyectores, bobinas, fotogramas, lentes y linternas. Y de cómo le llevó, con los amigos citados, a fabricar un rudimentario aparato en el que las imágenes cobraban vida.

Pero también a la destrucción de ese cine, de todo ese mundo, con sus aparatos triturados, duele verlo, para hacer cubiertos y los fotogramas hechos trizas para hacer pulseras ante la impotencia del niño como testigo.

Unas pulseras en las que el realizador, que dedica ‘La última película’ a sus referentes cinematográficos, identifica a cada autor y autora por sus colores y texturas en uno de los más hermosos homenajes cinéfilos que nos ha sido dado contemplar en una pantalla. Y aunque se haya comentado, no. Nada que ver con ‘Cinema Paradiso’, es otra cosa.

Coproducción entre India, Estados Unidos y Francia, fechada en 2021, de 102 minutos de metraje. Su más que solvente guion lo escribe también el propio Nalin. Su deslumbrante fotografía la firma Swapnil S. Sonawane. Su vibrante banda sonora corre a cargo de Cyril Morin. Destacar también en el reparto a Richa Meena, Rahul Koli y Dipen Raval. Espiga de Oro a la Mejor Película en la Seminci vallisoletana, todos los reconocimientos le son debidos

Solo comentarles que, aunque no sea el tema, ni se incida en ella, y para quien quiera y sepa verla, también puede verse la exclusión de las mujeres y de las niñas en ese tiempo y en ese país como parte de la normalidad.

Ellas no son libres de vagabundear por las calles y otros espacios, llevan uniformes en sus colegios segregados y están destinadas, véanse madre e hija, madre y hermana, a tareas subalternas y «femeninas» según los mandatos de género patriarcales.

No se la pierdan bajo ningún concepto. La ingrata cartelera sevillana sólo la ha mantenido una semana y con pocas sesiones. Pero seguro que la plataforma cinéfila por excelencia, Filmin, la recupera. Estén al tanto y véanla. Les hará amar aún más el cine.

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