SEFF Xª Edición. Sección Oficial. Toma XII: ‘Les salauds’

Claire Denis – París, cosecha del 48 – tiene una filmografía singular e interesante, de la que hemos visto, entre otras, la notable ‘Una mujer en Africa’. La programación de su última propuesta en la Sección Oficial hizo a quien esto suscribe concebir expectativas que se han visto parcialmente defraudadas.

La trama sigue a un hombre quien, a instancias de su hermana, intentará investigar el suicidio de su cuñado y amigo, así como la peligrosa deriva de su sobrina adolescente. En su búsqueda se relacionará con una atractiva y enigmática mujer, amante de un villano mafioso y madre de su hijo, y descubrirá un submundo tan cruel como perverso.

La realizadora y guionista ha dotado a esta historia, justo es consignarlo, de una sugerente puesta en escena y de un clima tenso y elegante, añadiendo un toque de cruel glamour al clásico polar – film negro – francés y consigue por momentos crear un halo y una atmósfera desasosegantes. Esto sí. Pero también le faltan guión, desarrollo de la trama, construcción y evolución de los personajes y sus motivaciones. Y le sobran pretensiones, gratuidad impostada, efectismo formal vacío de contenido y, desde luego, una lastimosa misoginia.

Estas carencias alcanzan también a un reparto atractivo – Vincent Lindon, Chiara Mastroianni, Julie Bataille, Michel Subor y Lola Creton, entre otr@s – que debe apechugar con caracteres esquemáticos poblados de clichés. En fin…

SEFF Xª Edición. Selección EFA: ‘Alabama Monroe’

Esta película belga que nos ocupa, consiguió el Premio del Público en la Berlinale, dos en Tribeca, va a representar a su país en los Oscars y se ha hecho también con el mayor número de nominaciones para los Premios del Cine Europeo. A saber, Mejor Película, Dirección, Guión, Actriz y Actor. Esta película belga que nos ocupa batió récords de taquilla en Francia y por donde ha pasado. Y ha sido presentada en el Festival sevillano por su realizador y guionista, Felix van Groeningen, que se basó en una obra de teatro de su actor protagonista, Johan Hendelbergh.

Su director, en su encuentro con la prensa de esta misma mañana (viernes 15 de noviembre de 2013), comentó, entre otras muchas cosas, que le tomó dos años escribir el guión, porque se emocionaba y lloraba mientras lo hacía. Que tenían mucho miedo e inseguridades respecto a la reacción del público. Que el estreno en Bélgica fue espectacular y que cree que se debió a que el producto final es bueno, que las piezas encajan y ese es uno de los secretos de su conexión con el público.  Que la música es más aún que otro elemento dramático fundamental. Que la película es parte de lo que experimentan los personajes. Que el humor es muy importante, como medio para hacer más tolerable el drama. Que es ‘una montaña rusa emocional’…

La historia describe ocho años en la vida de una pareja en la que ella es tatuadora y él toca el banjo en un grupo de country en el que la protagonista llegará a ser la voz, preciosa voz…, solista también. Que se aman apasionada mente, que se casan y que tienen una preciosa hija. Y que, de pronto, contra todo pronóstico, se ven zarandeados por una devastadora tragedia.

Con estos mimbres, y hasta ahí puedo leer para no reventarles el argumento a quienes lo desconozcan, la cinta pudo ser tan temible como los dramones que nos deparan las sobremesas del fin de semana ciertas cadenas. Con estos mimbres, acechaba la amenaza de convertirse en un producto de serie B facilón y burdo. Con estos mimbres, era difícil conjurar estos y otros peligrosos derroteros de intoxicación sentimental y sensiblera.

Pero con sus defectos, que los tiene, van Groeningen ha conseguido una película poderosamente emotiva. Desacomplejadamente sentimental. Valiente y osada en su acercamiento a lo más descarnado del dolor humano, a la intimidad más lacerante. Con saltos temporales que conjuran el riesgo de la linealidad del relato, haciéndolo más imprevisible e intenso. Recorrida por un humor desarmante. Habitada por una energía y vitalidad muy de agradecer. Con una música country de una buena banda, que te hace vibrar. Por todo ello y mucho más, esta ‘montaña rusa emocional’, más grande que la vida, merece ser vista.

SEFF Xª Edición. ‘Las nuevas olas’: ‘E agora? Lembra-me’

Al estar las proyecciones de la Sección Oficial dispersas a distintas horas del día, sólo hemos dado cuenta – y es mucho… – de lo visto en ella. Pero aquí y ahora, cuando son las dos y diez minutos de la madrugada del viernes, 15 de noviembre, mientras se escriben estas líneas, es justo dejar constancia de la más que notable película  proyectada esta misma noche. Se trata de ‘E agora? Lembra – me’. Su guionista y realizador es el portugués Joaquim Pinto, cosecha del 57, que tiene entre sus créditos haber coordinado el equipo de sonido en filmes de Manoel de Oliveira, Raúl Ruiz y Werner Schroeter.

Sobre el papel, la sinopsis sigue al protagonista, él mismo y a su marido, Nuno Leonel -con quien ha compartido, además, la fotografía, el montaje y el sonido, aparte de ser ambos personajes centrales de la cinta – en el diario de un año de un cineasta seriamente enfermo de VIH, y hepatitis C, que se somete a tratamientos ortodoxos y experimentales.

Sobre el papel, hemos escrito. Porque es mucho más. Es un recorrido de 164 minutos de duración a través de la vida, del cuerpo, de la mente, del intelecto, de los recuerdos, de los miedos, de las inseguridades, de las fortalezas, de los síntomas, de los efectos secundarios físicos, mentales y emocionales minuciosamente descritos y sentidos. Del día a día, de la búsqueda y curiosidad sin límites por esos virus que corroen su organismo. De los viajes, de las dudas, de las teorías, de las lecturas, de las amistades presentes y las perdidas para siempre. De la sexualidad, de su pareja, de la observación de la naturaleza y las criaturas no humanas que la habitan. De sus cuatro perros y un largo, complejo y hermoso etcétera de un hombre culto, de talento y sensible que no se rinde nunca ante la adversidad.

Y a fe que Joaquim Pinto sabe expresarlo y transmitirlo en unas imágenes que pueden ser tan realistas como abstractas. Unas fascinantes imágenes que pasan de la intimidad más cercana a las visiones más entomológicas de insectos, libros, grabados, documentos y tratados. Que pasan del cuerpo a cuerpo con su marido, en el sexo, siempre en el amor, en los cuidados cotidianos y tratamientos, o de las de ambos con sus perros, tan amados y atendidos, a sus viajes y estancias en hospitales y sus críticas a la política de los recortes, especialmente los sanitarios, por los que se ve directamente afectado.

No estamos aquí, de nuevo hay que advertirlo, ante un ejercicio cinematográfico apto para todos los públicos, ni paladares. De hecho, hubo bastantes deserciones a lo largo de su proyección. No resulta fácil aprehender toda su riqueza y carga de profundidad. No resulta siempre asequible por su ausencia de referentes clásicos y al uso, tanto en el terreno del documental como en el de la ficción. Pero…  sumergirse en la belleza y singularidad de su propuesta, en su conmovedora y hermosa crónica de un hombre dando cuenta de la vida por la que está luchando, de las facultades y la salud que está intentando no perder, es enriquecerse como persona y como amante del cine. Tómenlo en consideración, no lo lamentarán.

SEFF Xª Edición. Sección Oficial. Toma XI: ‘The selfish giant’

En este segundo miércoles de noviembre y primero del Certamen, que ya enfila su recta final, el concurso nos ha regalado otra película notable. Se trata de la inglesa, ‘The selfish giant’, dirigida y escrita por una mujer, Clio Barnard. En ella se adapta muy libremente el relato homónimo de Oscar Wilde.

La historia sigue a dos amigos procedentes de familias desestructuradas y paupérrimas y de personalidades muy distintas. El hiperactivo Arbor, que se niega a tomar la medicación, no encaja en el colegio y es indisciplinado y conflictivo  y el tranquilo y amable Swifty quien, aunque le secunde, lo hace críticamente y parece ser el único capaz de calmarle y de tener un cierto ascendiente sobre él. Decididos a mantenerse por sí mismos y a ayudar a sus familias, a instancias del primero, comienzan a robar material para un chatarrero que también organiza carreras de caballos. Pero todo estallará…

Comparada con Ken Loach en su aproximación a las formas de vida más duras y desfavorecidas, la realizadora – al menos, en esta cinta- es aún más implacable en su retrato del paisaje y paisanaje de los submundos de las alcantarillas sociales. Todo es hosquedad, miseria, explotación, ausencia de futuro, desesperanza y delincuencia. Salvo… y, aunque sea una cinta coral pero, fundamentalmente, de protagonistas masculinos de todas las edades,  son las dos madres de los chicos – una de ellas, con un marido violento y alcohólico – las figuras fuertes, cálidas y compasivas que sacan adelante a sus hogares y familias con los exiguos recursos de que disponen y contra viento y marea.

Pero sobre todo, y sobre tod@s, está el personaje de Swifty, ya citado, el complemento del irascible Arbor, adorable y sensato dentro de lo que cabe, dadas las circunstancias extremas en las que se mueve. Con un sentido de la amistad a todo riesgo y contra sí mismo, amante de los animales y, sobre todo, de los caballos por los que siente una empatía especial.

La realizadora registra este microcosmos desolado implacablemente, sin paliativo alguno. Para ello, se sirve de una puesta en escena cuyos colores y texturas grises, desnudas, lluviosas y hostiles, sitúan y encuadran perfectamente el relato. Un relato de abusos laborales, de explotaciones infantiles, de explotaciones entre adultos, de pequeña, gran y peligrosa delincuencia, de gentes que, por nacimiento, son carne de cañón y de cárcel. De explotación de animales, de caballos concretamente, por parte de todos y sobre todo, por parte de personas sin escrúpulos egoístas, avariciosas y usureras a quienes otros hacen el trabajo sucio.

Una película potente, demoledora, descarnada, redonda y sin fisuras que tiene uno de los finales más emotivos que a quien esto suscribe le ha sido dado contemplar en mucho tiempo. Con un equipo técnico y un reparto que la sirve a la perfección. No se les ocurra perdérsela.

SEFF Xª Edición. Sección Oficial. Toma X: ‘The police officer´s wife’

Enfrentarse a una película como esta tan desasosegante, tan desgarradora y brutal, pero tan minimalista y tan aparentemente serena – estructurada en capítulos cortos – cincuenta y nueve – con su enunciado de principio y final cada uno – como ‘La mujer del oficial de policía’. Enfrentarse a una puesta en escena que te mece suavemente para zarandearte luego, que te da un respiro engañoso frente a la negrura que la contiene… Enfrentarse a lo más oscuro de la oscuridad humana, asomarse a este precipicio no es una experiencia – la abajo firmante lo escribió ante la visión de ‘Amour’, y Haneke ha sido una referencia que la crítica ha destacado aquí – de la que se salga indemne.

No es una experiencia emocional, ética y estética de la que se sale indemne porque además  Philip Gröning, su realizador la ha compuesto para que todos sus epígrafes conformen diferentes tonalidades en las que se da cuenta de la vida de una aparentemente idílica pareja con su hija pequeña, hasta que el abismo se deja entrever y se muestra en toda su feroz crueldad. Mientras,  la cámara registra retazos de su casa, de su barrio, de la ternura y el cariño que presiden las relaciones entre madre e hija, de un hombre anciano que está solo, del trabajo de él, del tiempo, de las estaciones, del zorro que busca comida por el vecindario, de canciones, de juegos…

Y también de moratones, de brutalidad. De un ambiente doméstico en el que se pasa del amor al odio de la forma más arbitraria. De deseo, de sexo, de un atroz abuso de poder marcado en la piel de la protagonista. De la generosidad sin límites de la esposa. De las mutuas dependencias que, en tal relación, siempre revierten contra ella. De lo que puede fácilmente reconocerse como síndrome de la mujer maltratada. De la alienación más extrema y el aislamiento más total en el infierno de las cuatro paredes. De víctimas, de víctimas de las víctimas, de víctimas de las víctimas de las víctimas en una destructiva espiral hasta el desenlace.

No les engaño si les digo que su visión es incómoda, durísima, difícil, todo un reto. No les engaño si les digo que su metraje es de tres horas. No les engaño si les digo que es claustrofóbica, desasosegante, de una tensión insoportable. No les engaño si le digo que hubo muchas deserciones durante su proyección. No les engaño si les digo que se echa de menos una factura algo más clásica y confortable. No les engaño si les digo que es transgresora, radical e insobornable hasta lo más doloroso. No les engaño si les digo que no les abandona al finalizar, que se la llevan a casa, que sus imágenes y su impacto permanecen en la retina horas y días después. No les engaño si les digo que su puesta en escena, su reparto, su equipo técnico-artístico son admirables.  Avisad@s quedan, pero no les engaño si les digo que estamos ante una obra mayor.

SEFF Xª Edición. Sección Oficial. Toma IX: ‘We are the best’

El realizador sueco Lukas Moodysson, cuya cinta ‘Fucking Amal’ nos dejara hace décadas un grato recuerdo, presenta en Sevilla su última propuesta que ha generado expectativa, ‘We are the best’. Expectativas que, desde el punto de vista de quien esto suscribe, se han visto más que frustradas.

La historia sigue a dos amigas de 13 años, transgresoras e irreverentes en estética e ideología. Rebeldes vocacionales en el Estocolmo de los 80, cuestionan todo lo que les rodea, incluyendo a sus propias familias, aunque mantengan fuertes lazos afectivos con ellas.  Y, desde luego, su centro escolar donde son los bichos raros, con sendos cortes de pelo a lo mohicano y a tijeretazos, desafiando tanto a las barbies como a los kent y rudos heavies que padecen como condiscípul@s. Además, se proponen como vehículo de su ideología radical, formar un grupo musical como ‘cantautoras’. Pero carecen de educación musical alguna, con lo que ‘fichan’ a una modosa compañera cristiana, tan aislada como ellas, pero en sus antípodas…

Esta primera parte que describe a las chicas, su amistad, sus choques con todo lo que les rodea, es irresistiblemente divertida, fresca y transgresora. Sin perder la ingenuidad y el humor, estas niñas lanzan cargas de profundidad dialécticas a sus interlocutores-as adult@s y coetáne@s. Y la película describe muy bien esa desarmante mezcla de inocencia y descaro que las caracteriza y se suceden las situaciones más cómicas. Como el cambio de look de su nueva amiga…

Pero, lamentablemente, todo se va al traste en la segunda mitad. Aparecen tres chicos de otro grupo en escena y, con ellos, las rencillas, los celos, las envidias, las inseguridades con un tratamiento tópico, facilón y, sobre todo, aburrido. El bajón de interés y ritmo es notable y ya no lo recupera. Una pena.

SEFF Xª Edición. Sección Oficial. Toma VIII: ‘Jimmy P.’

La cinta que nos ocupa, responsabilidad del francés Arnaud Desplechin y cuyo país la coproduce con Estados Unidos, narra la historia de un indio blackfoot, que combatió en Europa, y que sufre de distintos trastornos físicos como secuelas postbélicas. Tales como vértigos, ceguera, alucinaciones visuales, pérdidas de audición, terribles migrañas y es ingresado en un hospital militar de Kansas. Pero como, en compañía de los otros pacientes, afectados de serios desórdenes mentales y cerebrales, su estado empeora, el hospital recurre a un psicoanalista y antropólogo francés, experto en culturas indias. Así comienza una terapia muy particular…

El realizador se sirve de una buena factura y un atractivo reparto para ofrecernos un producto más que convencional. De hecho, su puesta en escena le acerca más a un tratamiento norteamericano que el que le hubiera dado el cine galo. Y aunque tenga algunos destellos de humor, ingenio e interés es la típica cinta comercial que puede funcionar muy bien en taquilla, pero que en este Certamen es una más de relleno. Ni estética, ni de fondo o forma, ni mucho menos de lenguaje, cumple las mínimas expectativas que se esperan de la programación del Festival y de la Sección Oficial, concretamente.

Ni se hace una lectura política, ni social y apenas si se pasa de puntillas por la xenofobia, en aras de un tour de forcé interpretativo entre Mathiew Amalric , un tanto histriónico… y un competente Benicio del Toro. En aras de un análisis que se pretende ocurrente y es previsible hasta decir basta. Lleno de tópicos y de clichés, salvo por los vocablos del idioma y ciertos usos de los blackfoots. Y aún así… La puesta en escena y el tratamiento son planos, lineales y previsibles. Aburridos. Ni siquiera el encanto de Gina McKee, más que desaprovechada, salvan la función. Lástima.

SEFF Xª Edición. Toma VII. Sección Oficial: Sacro GRA

El mismísimo y flamante León de Oro de la Mostra que, por vez primera, concede el máximo galardón a un documental, Gianfranco Rosi, ha tenido un encuentro con la prensa, tras la proyección de su película, ‘Sacro GRA’, en el que Sevilla Cinéfila estuvo presente. Se trata de un director, productor y guionista, nacido en Eritrea, nacionalizado italiano y residente en Nueva York, en cuya Escuela de Cine se formó como cineasta, teniendo como profesor nada menos que a Martin Scorsese.

El realizador italiano ha comentado muchas cosas, a cual más interesante, e incluso se ha emocionado, ante una pregunta de la firmante de este blog, al recordar la situación de Italia, «su país sin identidad». Expresivo, lúcido, generoso y expansivo, nos ha regalado datos, informaciones y matizaciones curiosas y enriquecedoras, que complementan la visión de su película y casi nos dan la crítica ya hecha…

Como por ejemplo, que empleó casi dos años y medio en filmarla. Que para él, este GRA (Grande Raccordo Anulare) la autopista de circunvalación de 67 kilómetros que rodea a Roma, ha sido el descubrimiento de un «lugar que me pertenecía». Pero también un «lugar de marginalidad y de exclusión». Que nunca había rodado – «detesto rodar» – en un espacio tan grande y que, por lo mismo, tuvo que crear un espacio mental, psicológico, donde se sintiera cómodo. Que tuvo como referencia de esta historia, ‘Las ciudades invisibles’, de Italo Calvino. Que por eso quería que Roma estuviese de fondo, que no apareciera. Que restara y no sumara. Que no tuviera una estructura narrativa típica.

Que su trabajo con los peculiares pobladores de tan enorme autopista, de esa fauna humana tan variopinta y singular, fue muy complejo. Que tuvo que seleccionar de entre ell@s y excluir a otr@s. Que les trató durante muchos meses y que les agradece la generosidad que tuvieron al permitirle entrar en sus vidas. La familia ecuatoriana con el hijo DJ, el aristócrata digno y culto venido más que a menos y viviendo con su hija en un cuchitril, sin quejarse nunca, el pretencioso que negocia con su palacete hortera, escenario de fotonovelas, las go gós, los travestis, los conductores de ambulancia, las mujeres prostituídas, el científico que estudia las enfermedades de las palmeras…

Así ha construido este documental, este docudrama en realidad, con esa exhaustividad y esa agudeza en el retrato de las gentes que pueblan ese GRA, esa enorme autopista  – ‘la nueva Vía Veneto’ – a cuyas intimidades nos acerca, como si fueran ventanas indiscretas, a través del ojo de su cámara. Cabe reprocharle algún que otro bajón de ritmo y algún estereotipo en la selección de sus personajes pero sin ser una obra maestra, sí es una cinta más que estimable. Compruébenlo.

SEFF Xª Edición. Sección Oficial. Toma VI: ‘Stray dogs’

Hay jornadas en el Festival en que coinciden dos películas con temas y estilos diferentes, pero con puestas en escenas similares. Hoy, por ejemplo, han tocado los planos fijos. Así en la española de Fernando Morais,  ‘Los chicos del puerto,’ integrada en Las Nuevas Olas, y en la protagonista de esta entrada, de la Sección Oficial, la franco-taiwanesa, Gran Premio del Jurado en Venecia y con críticas superlativas, ‘Stray dogs’, de Tsai Ming-Liang.

Esta apuesta por una planificación lenta, morosa, en la que la cámara permanece y se mantiene en una escena durante minutos. O, lo que es lo mismo, abarcando y produciendo el efecto de una gran profundidad de campo, sea teniendo como motivo el paisaje o a los personajes, sea en primer plano o integrados en el entorno, es una de las señas de identidad del realizador y la película que nos ocupan. Incluso hasta la exasperación, incluso hasta la deserción, escalonada pero palpable,  de un buen número de espectadores.

La historia, inequívocamente oriental, aunque la coproduzca Francia, sigue a un hombre al que acaba de abandonar su mujer y malvive en un contenedor junto a sus dos hijos. Estos prueban comidas en los supermercados, especialmente en una gran superficie, y vagan libremente por ahí. Entre tanto, el padre trabaja sujetando una pancarta -anuncio de una inmobiliaria – junto a una autopista, mientras rumia su dolor y desgarro ante su pérdida amorosa. Pero, inesperadamente, ocurrirán cambios en estas vidas marginales.

Esta sinopsis, así expuesta, parece dinámica pero nada más lejos de la realidad. No será quien esto suscribe quien niegue a la cinta una gran belleza plástica y una intensidad emocional, incluso extrema, en el protagonista masculino. No será quien esto suscribe quien le niegue cierto lirismo y una peculiar captación de ambientes diversos, en una urbe hostil a su ciudadanía más desfavorecida. No será quien esto suscribe quien le cuestione sus narrativas y estéticas transgresoras de fondo y forma.

Sí, pero… todo ello se ve nublado cuando el ejercicio de un estilo llevado al límite devora al propio relato, a lo que debería ser un mínimo desarrollo de los personajes y sus interrelaciones e incluso a la comprensión de sus conductas y reacciones. Todo ello es postergado aquí en aras de planos eternos e inamovibles sean de un espacio, sean de la naturaleza, sean de grandes superficies, sean de rostros en el acto de mirar, o devorar comida o llorar, o cantar o limitarse a ser pequeños puntos dentro de un gran entorno.

Y todo ello a las cinco de la tarde…

SEFF Xª Edición. Sección Oficial.Toma V: ‘10.000 noches en ninguna parte.

Su rodaje duró diez años. No trabajamos con guión. Empezamos en Berlín y acabamos en Madrid. Improvisamos sobre biografías, emociones. La mirada de Ramón me hace actriz. Parece que nos deja libres, pero nos ata en corto. En Alemania rodamos en las horas brujas, al amanecer y antes del atardecer. Me paso todo el tiempo jugando y flotando. En París corríamos de verdad, porque nos persiguió la policía en el metro. Cuesta mucho financiar un proyecto así. Las ciudades a las que siempre has querido ir, te encuentran al final del camino. Compuse la banda sonora dos años después. Ella se lanzó a bailar en la Gran Vía. Aunque muestra el lado oscuro, es sobre el perdón…

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Frases como estas, transcritas con mayor o menor fidelidad pudieron oírse esta mañana en la multitudinaria rueda de prensa posterior a la proyección de ‘10.000 noches en ninguna parte’, de Ramón Salazar junto al que estuvieron sus protagonistas Andrés Gertrúdix, Nawja Nimri, Susi Sánchez y Lola Dueñas. La historia trata sobre las tres vidas paralelas, y radicalmente distintas entre sí, de un joven en las tres ciudades citadas.

Así pues, lo vemos en la capital francesa con una amiga muy especial, en Berlín confraternizando en todos los sentidos con dos mujeres y un hombre y en Madrid, en el lado más sórdido, sobreviviendo a una dura situación familiar. En el ya citado libérrimo ‘guión’, que también firma el director, pasamos de unas situaciones a otras casi sin solución de continuidad o con un finísimo hilo conductor.

No cabe duda de que Ramón Salazar – Málaga, cosecha del 73 – ha hecho un giro arriesgado en su filmografía y lo cierto es que la cinta tiene destellos y hallazgos brillantes y cuenta con un excelente equipo técnico-artístico. Pero también lo es que con esos mimbres no se sostiene una historia. Pero también lo es que ese material narrativo debería pecar de contención y no de excesos ‘líricos’ o pseudopoéticos. Pero también lo es que la puesta en escena se convierte en su peor enemiga cuando juega a la ingravidez y a la sutileza. Pero también lo es que la improvisación, por trabajada que haya sido, se resuelve en contra de la coherencia y consistencia de lo narrado. Pero tampoco vale el todo vale. Pero también le sobran pretensiones, pretenciosidad y le faltan ironía y sentido del humor. Lástima.