‘The artist’: That´s entertainment…

He aquí una película francesa que está en todas las quinielas para optar a los  Oscars, que ha sido premiada por los Críticos de Nueva York y de Washington y seleccionada para los galardones independientes Spirit Awards, que cautivó en Cannes en donde Jean Dujardin consiguió con justicia el Premio al Mejor Actor, que en los Festivales de San Sebastián y Sevilla se hizo con los Premios del Público y de la EFA respectivamente y que supone un tributo, a la vez clásico y transgresor, desde sus propios códigos estéticos, a una época dorada e irrepetible de la Historia del Cine.

La filma, la adapta, la monta y la escribe, el actor, guionista y director galo Michel Hazanavicious, junto a un estupendo equipo técnico-artístico entre el que destacamos la ambientación, la dirección de arte, los efectos visuales y especiales, el vestuario, la magnífica fotografía en blanco y negro, de Guillaume Schiffman y la música de Ludovic Bource. En cuanto al reparto, de lujo, con pesos pesados como Malcom McDowell, John Goodman, Penelope Ann Miller o James Cromwell, destacar a los protagonistas Jean Dujardin y Bérénice Bejo.

Una cinta muda, en pleno siglo XXI, es toda una experiencia,  como ha enfatizado su autor. Con un metraje de cien minutos, sabe mantener el ritmo y el interés sin desmayos, ni altibajos. Con una estimulante mezcla de musical, drama y comedia, de cine dentro del cine y no sólo eso. Con ecos de, entre otras, ‘Ha nacido una estrella’ o ‘Cantando bajo la lluvia’. Con unos personajes muy bien trazados y mejor encarnados. Con agudas reflexiones sobre la fama, el ascenso y caída de una estrella, las veleidades y crueldades del público y la industria. Con una conmovedor romance, que sabe desafiar a los vaivenes del tiempo y del destino.

Una declaración de amor al cine. Un canto a la fábrica de sueños, sin eludir sus aristas más dolorosas y amargas. Un homenaje, no un plagio. Una vitalidad irresistible y efervescente. Un encanto que la recorre de principio a fin. Unas caracterizaciones impecables. Unas ternura, inocencia y sensibilidad, aliadas con  sentido del humor y agudas observaciones sobre el microcosmos lleno de glamour y miserias que retrata. Un perro adorable. Una puesta en escena estilizada y elegante. Una cinta culta, irónica, emocionante, nostálgica, lúcida y divertida sobre el celuloide silencioso y los comienzos del sonoro, sobre el Hollywood pionero, filmada con pasión e inteligencia por la cámara de un europeo.

‘La fuente de las mujeres’: Agua que no has de beber…

El rumano de origen judío, y afincado en Francia, Radu Mihaileanu, cuyas tres películas anteriores, ‘Vete y vive’, ‘El tren de la vida’ y ‘El concierto’, tuvieron una buena aceptación popular y crítica, estrena ahora esta exótica fábula ambientada «en algún lugar de Africa o en el mundo árabe», en la que traslada a una aldea dominada por un regimen teocrático opresor de las mujeres, los presupuestos de la revuelta de la ‘Lisístrata’, de Aristófanes.

Como sus antecesoras griegas, estas aldeanas deciden que la abstención sexual es el arma, en este caso, frente a la explotación de que son objeto por sus maridos, por los imanes y, en general, por todos los hombres de su pequeña comunidad. Ellas cargan con los trabajos más pesados como el, y de ahí el nombre de la cinta, ir a por y acarrear el agua que mana de una fuente situada en un sitio escarpado y de díficil acceso. Y lo tienen que hacer , sin importar su edad y condición, lo que provoca en las gestantes numerosos abortos y hasta la infertilidad. Además carecen de los más elementales derechos y están sometidas a la autoridad de los hombres.

La líder de la iniciativa es la joven esposa extranjera del maestro del pueblo, a quien éste le ha enseñado a leer y a escribir, pues la educación y la información les están vedadas tanto a ella como a sus compañeras de sexo. No resultará fácil, sin embargo, para ninguna y habrán de pagar un precio alto por su contestación al poder masculino dominante.

El realizador se ha tomado unos excesivos 120 minutos en contar esta historia, coproducción franco-italo-belga, en la que la simpatía por su enfoque pro-mujeres- y el retrato de la complicidad y solidaridad que entre ellas establecen- se combina con el rechazo a una narrativa dispersa, superficial, con tintes presuntamente antropológicos y que se quedan en folclóricos, sin un guión, que él mismo firma junto a Alain-Michel Blanc, minímamente sólido y consecuente en el que se acusan bajones de ritmo e interés.

Si a esto unimos la frivolidad y el esquematismo de algunos de sus planteamientos y personajes, dado el contexto en el que se desarrolla el relato, y el triunfalismo facilón y autocomplaciente de su desenlace… se puede concluir que es una cinta tan bienintencionada como fallida. Lo que añade una incomodidad a quien esto suscribe. Tan insidioso resulta, aunque la nobleza y la objetividad obliguen a ello, reseñar los méritos de una película misógina, como hacer constar los deméritos de un producto que avala y defiende la igualdad entre los sexos.

‘La conspiración’: Legalidad y justicia

Abraham Lincoln fue asesinado el 14 de abril de 1865, a la edad de 56 años, en Washington, mientras asistía a una representación teatral, por el actor John Wilkes Booth, quien pretendía asimismo acabar con las vidas del vicepresidente Andrew Johnson y del Secretario de Estado, William H. Seward. El responsable del primer magnicidio en la historia de su nación, fue abatido días más tarde y sus cómplices se entregaron, para ser juzgados y condenados a muerte. Dentro de la redada policial en busca de responsables en grado de cooperación, se detuvo tambíen a un grupo de correligionarios sudistas que solía reunirse con Booth en una pensión cuya propietaria, una mujer viuda llamada Mary Surratt, fue también arrestada junto a los antedichos.

‘La conspiración’ describe las irregularidades procesales que sufrieron los detenidos a manos de un Tribunal Militar sediento de venganza presidido por un juez implacable, encarnado con toda credibilidad y eficiencia por el gran Colm Meaney. Y se centra, sobre todo, en la defensa de la viuda antes citada, una excelente, sobria y conmovedora Robin Wright. Dicha defensa estuvo a cargo, paradójicamente, de un abogado y antiguo combatiente unionista, muy bien interpretado por James McAvoy.

Robert Redford contempla dicho proceso con la mirada honesta, defensora de los derechos civiles y consecuente que le caracteriza y que constituye una de sus señas de identidad como realizador. Aborda así este drama histórico en clave jurídico-política, con la decencia añadida de que defiende los derechos de quienes no lo hicieron con los de su víctima y de personas de cuyas ideas no puede sentirse más lejano. Como lo hace su protagonista, sin ir más lejos.

Y sabe hacernos partícipe de la tesitura moral del joven abogado y militar, unionista convencido, al recibir la propuesta de tal defensa, de su paulatino respeto por la viuda, de su indefensión ante un Jurado de uniforme, arbitrario y parcial, de sus dudas razonables sobre la culpabilidad de la mujer, de su progresivo aislamiento y rechazo por parte de una sociedad traumatizada, que le etiqueta como traidor a su causa por hacerse cargo del caso. De la poca ayuda que recibe de su clienta, empeñada en encubrir a un hijo que no está a la altura…

Se le ha reprochado a esta última propuesta del director un tratamiento plano y convencional de la historia y es cierto que resulta algo previsible su puesta en escena. Pero también lo es que está habitada por la emoción, por la dignidad, por la entrega de un reparto en estado de gracia en el que también disfrutamos de los inmensos Tom Wilkinson y Kevin Kline, que es un alegato contra el asesinato institucionalizado de la pena de muerte, contra los abusos de poder y del Poder, contra el lamentable abismo tantas veces existente entre la legalidad y la justicia.

‘Restless’ : La muerte os sienta tan bien…

Gus Van Sant tiene una filmografía intensa, contradictoria e irregular en la que, con excepciones, se muestra especialmente interesado en retratar el universo adolescente y juvenil, en sus vertientes más áridas y oscuras. Veánse ‘Drugstore cowboy’, ‘Elephant’ y ‘My own private Idaho’, para constatarlo. Siguiendo con esta temática, pero dentro de un registro más lírico, por así decirlo, estrena ahora ‘Restless’.

Chica en fase terminal, pero luciendo un aspecto luminoso y un estupendo ánimo, encuentra chico huérfano –  silencioso y huraño, a cargo de una tía, debido a la pérdida dramática de sus padres en un desgraciado accidente de tráfico- adicto a los entierros, y con un amigo-fantasma , en uno de ellos. Ni que decir tiene que, pese a la actitud huidiza inicial del joven, el romance entre ellos resultará inevitable. Un romance con fecha de caducidad de pocos meses por la extrema gravedad del diagnóstico de ella, pero en el que intentarán vivir al máximo sus inquietudes y aficiones, desdramatizando tal desenlace a corto plazo.

La mirada del realizador sobre estos chicos supuestamente frágiles, vulnerables y desvalidos y con fuertes defensas frente a la inclemente realidad, se desliza con una peculiar suavidad y juguetona ternura, tan evasiva como sorprendente en un hombre a quien no le tiembla la cámara al mostrar los abismos de la condición humana.

Resulta chocante que la expresión del dolor y la rabia contra un destino fatal esté ausente en casi todo el metraje, que le interesen más las peculiaridades indies de sus personajes, sus fantasmagorías que sus verdaderas emociones. Incluso ni siquiera se muestran contenidas, tan sólo se revelan en algún momento aislado. No es eso, no es eso…

Mía Wasikowska y Henry Hopper hacen lo que pueden por dotar de vida a unos protagonistas-clichés, sin densidad, ni intensidad alguna. Tan sólo habitados por una rebeldía de diseño, una ternura light y una necrofilia negadora del pathos final y de la pérdida irreparable.

‘Jane Eyre’: Gótico romántico

Charlotte Bronte escribió ‘Jane Eyre’ en 1847, cuando contaba 31 años y sólo le quedaban ocho más por vivir. De este bestseller de la época, y clásico intemporal por derecho propio, se han hecho más de diez adaptaciones al cine y a la televisión. Con directores tan notorios como Robert Stevenson, Delbert Mann o Franco Zeffirelli y encarnados por Joan Fontaine, Orson Welles, Susannah York, George C. Scott, Charlotte Gainsbourg o William Hurt.

La que acaba de estrenarse la firma el californiano Cary Fukunaga, cuya ópera prima ‘Sin nombre’ recibió las mejores críticas. Su guión está a cargo de Moira Buffini y cuenta con un reparto distinguido entre el que destacamos a Jamie Bell, a la gran Judi Dench y a los personajes centrales bajo los rasgos de Michael Fassbender y Mia Wasikowska, quienes tienen otras dos cintas en cartelera. El, la ya comentada en el blog, ‘Un método peligroso’, de David Cronenberg y ella, ‘Restless’, de Gus Van Sant.

La historia gótico-romántica de la huérfana cruelmente tratada por sus parientes y enviada a un odioso internado – por cierto, institución inspirada en la que llevaron a las hermanas Bronte a la muerte de su madre, y cuyas terribles condiciones y trato cruel provocó que contrajeran la tuberculosis, que acabaría con sus vidas a edades muy tempranas – del que sale convertida en institutriz y de ahí a un encuentro tan decisivo como espinoso… Esta conocida historia, pues, ha sido objeto en este caso de un tratamiento de guión más fiel al libro, con un enfoque circular y un recurso a los flashbacks, para ofrecer un más amplio panorama de las vivencias del personaje central al margen de su estancia en la mansión de Thornfield.

Esta fidelidad a la letra de la novela debilita paradójicamente a su espítitu, pues la convierte en más dispersa y hace que en ocasiones el ritmo decaiga. Así, pasan desapercibidos pasajes intensos y diálogos reivindicativos de las ansias de libertad de su protagonista, constreñida en razón de su sexo y de la época que le tocó vivir. Una puesta en escena tan correcta como fría para un relato apasionado e incandescente, tan lírico como oscuro, tan poético como atroz, tan inocente como perverso.

Tan sólo se atisba la personalidad doliente y arrolladora de Jane Eyre en la magnífica actriz que la interpreta de niña. La Wasikowska, en cambio, pocas veces da la talla y los matices. Le falta un hervor interpretativo, le viene grande el personaje. En cambio, Fassbender… es uno de los mejores actores de su generación y él si sabe componer poderosamente al desdichado y magnético Rochester.

‘Un metodo peligroso’: Elemental, Dr. Freud

El ciudadano canadiense David Cronenberg, de profesión cineasta y cronológicamente sexagenario, no deja a nadie indiferente con sus historias fílmicas, ni con su manera de abordarlas. Wikipedia le describe como interesado en el «horror corporal», en «los miedos humanos ante la transformación física y la infección». Pero también en los terrores psicológicos… Ha declarado que sus películas deberían ser vistas » desde el punto de vista de la enfermedad». Ahí están algunos títulos de su filmografía para suscribir tales asertos, ‘La mosca’, ‘Spider’, ‘Inseparables’… Y ahora, ‘Un método peligroso’.

Basada en una novela de John Kerr y en la obra teatral derivada de ella, de Christopher Hampton, quien también es firmante del guión, sigue las vicisitudes afectivas, eróticas, patológicas, intelectuales y creativas que ,en menor o mayor medida, afectaron a  Freud, Jung y Sabina Spielrein en los años previos a la I Guerra Mundial. En el caso de la esta última, además, fue la primera de su sexo en formar parte de una Asociación de Psicoanálisis e inspiró al médico vienés el concepto de la  pulsión destructiva, conocida luego como tánatos.

El realizador enfoca la historia de una forma respetuosa y contenida, sobria, casi académica, pese a sus muchas aristas oscuras y la relación tan perversa, en el sentido más freudiano del término, que se establece entre el transgresor Jung, magnífico Michael Fassbender, y la atormentada e inteligente Speilrein, excesiva y sobreactuada Keira Knigtley. Entre cada uno de ellos, a su vez, con un carismático Freud, excelente Viggo Mortensen, en su tercera colaboración con el director. Entre el mentor y el discípulo favorito, que salió rebelde… Entre la amante y el maestro. Entre las distintas maneras de enfocar la teoría y la praxis de una disciplina nueva y apasionante, que cambiaría para siempre la mirada de la especie humana sobre el mundo y sobre sí misma. Todo ello en una Europa en plena efervescencia intelectual y bajo la amenaza bélica.

Una película impecable e interesante, que hubiera debido ser más pasional e intensa. Más atormentada, como los desarreglos que describe, aún con la presencia y el personaje tan turbio y vidrioso de Otto Gross, estupendo Vincent Cassel. Más osada en lo emocional, aunque resulte apasionante en el contraste de ideas entre los dos protagonistas masculinos. Más justa con un personaje femenino excepcional, mal visto y peor encarnado. El encuentro entre Cronenberg y los principios del psicoanálisis debió ser arrebatador y se quedó corto pese a sus turbulencias carnales y su honestidad intelectual.

‘Un dios salvaje’: El (in) discreto encanto de la burguesía

Un chico de once años, en el curso de una pelea, golpea a otro con un palo y le ocasiona moretones en la cara y la pérdida de un diente. Los progenitores del agresor se citan en casa de los de la víctima para intentar resolver civilizadamente el conflicto originado. Al principio, reina la cortesía, a despecho de la tensión latente, pero luego la situación se les va de las manos…

Roman Polanski ha adaptado al cine en ‘Un dios salvaje’ la obra teatral del mismo título de la escritora, dramaturga y cineasta francesa Yasmina Reza, con quien ha coescrito el guión. Es una coproducción entre Francia, España, Alemania y Polonia,tiene un metraje de 79 minutos y un reparto de lujo que borda sus papeles. A saber Kate Winslet, Jodie Foster, John C. Reilly y Christoph Waltz. Es su última propuesta fílmica, aclamada en Venecia, que ha obtenido los favores de público y crítica. También en nuestra ciudad, donde acaba de estrenarse.

En un apartamento de Brooklyn, en el que transcurre prácticamente toda la acción, dos parejas, una europea y otra norteamericana – muy diferentes en extracción social, temperamentos e intereses- dirimen un asunto cuya aparentemente civilizada y racional resolución se hace añicos al aflorar toda una gama de emociones, a cual más explosiva. Tales estallidos no se producen sólo entre ambos matrimonios, sino entre los hombres, entre las mujeres, entre la esposa de uno frente al marido de la otra y viceversa… Fuegos cruzados de reproches y alianzas, en los que el tema que les lleva a reunirse sirve de excusa para liberar a ese dios salvaje e indómito que tod@s llevamos dentro.

Y de paso, le sirve también al realizador para lanzar andanadas en contra de lo políticamente correcto, en todas sus manifestaciones. Divertida, corrosiva, brillante, transgresora, son calificativos que pueden ser aplicados a esta película inteligente, cuya puesta en escena está muy bien resuelta para ser una fiel adaptación de una pieza teatral.

Dos peros que quien esto suscribe debe consignar, sin embargo. El trato- otra vez…- dado a los personajes femeninos, mucho más esquemáticos y de una pieza que sus homónimos masculinos. Especialmente en el caso del de Jodie Foster, que roza la caricatura gruesa, y en la diatriba contra la sensibilidad animalista de Kate Winslet. Pese a que las actrices les insuflan vida, no pueden evitar dicho lastre. Responsabilidad también de Yasmina Reza, cuya única hasta ahora, ópera prima,’Chicas’ era de todo, menos pro mujeres… Y Polanski no lo es tampoco. A las pruebas me remito…

Chocante resulta asímismo la inesperada evolución del que tiene a su cargo John C. Reilly y la indulgencia, frente a la ferocidad con la que se contempla al de la Foster, con la que se retrata al de Christoph Waltz, el auténtico villano de la función. Claros desequilibrios sexistas, que no se le hubieran perdonado, invirtiendo los roles, a una mujer tras la cámara.

‘Melancolía’: Debacles

Las fichas técnicas que el cine Avenida -el único que lo hace y la única sala sevillana que proyecta en V.O.- nos proporciona sobre las películas que exhibe,  no se limitan a los datos sobre el estreno en cuestión, sino que se completan a menudo con declaraciones de l@s responsables de las cintas. En la correspondiente a ‘Melancolía’,  su director, Lars Von Trier, abomina de ella en estos, entre otros, duros términos : » Es pura nata montada, ¡una película de mujeres! Estoy dispuesto a rechazar la película como si fuera un órgano equivocado recién trasplantado». Para, a continuación , rendir tributo al magnífico trabajo del extraordinario equipo con el que contó para realizarla.

A quien esta crítica rubrica, le encantaría suscribir las opiniones vertidas en tal reseña por este danés que no ama a las mujeres, por este misógino impenitente, que ejerce como tal en toda su filmografía. Pero, en aras de la honestidad , no se puede. No del todo, al menos.

Y no se puede porque estamos ante una obra cuyo poder de fascinación y sugerencia, tanto en su brillantez formal, como en la hondura de su contenido, como en su belleza plástica, como en lo arriesgado de sus planteamientos y puesta en escena, como en el singular paralelismo, a modo de poética metáfora, que establece entre la debacle personal de la protagonista- excelente el trabajo de Kirsten Dunst, justamente reconocido en Cannes- y la cósmica, como, en definitiva, en los eminentes resultados de un plantel técnico-artístico dificilmente mejorable… es indiscutible.

La historia consta de un prólogo onírico y dos epígrafes dedicados a sendas hermanas radicalmente opuestas. Justine, cuya suntuosa y accidentada boda culmina desastrosamente y Claire – estupenda, como siempre, Charlotte Gainsbourg – el pilar de la casa, de la familia y de la celebración, quien entra en pánico ante las amenazas que llegan del cielo.

El primer capítulo le sirve al realizador para dar rienda suelta a sus invectivas antiburguesas – precisamente teniendo lugar en un marco incomparable y en una fiesta más que elitista-  según el espíritu del Dogma, aunque muy lejos de sus formas. Diatribas contra el matrimonio, la propia ceremonia y sus parafernalias, contra el miserable jefe de la novia, contra la institución familiar y los convencionalismos sociales son vertidas y expuestas mientras la recién desposada va sucumbiendo a su trastorno depresivo y al descontrol  emocional que la posee fatal e inexorablemente, afectando con ello,  en una reacción en cadena, a todo su entorno.

El segundo, mucho más intimista y aún más desolador, describe la relación de amor-odio entre ambas hermanas, su mutua dependencia, el cuidado que la protagonista de este epígrafe le dispensa a la otra, a su marido e hijo y las reacciones inesperadas de ambas ante lo inevitable de la catástrofe, que medios científicos ocultaron cuidadosamente . Un final tan íntimo como apocalíptico, cierra este apartado y la película.

Realizada aún bajo los efectos de la crisis emocional que padeció su autor, la cinta, con toda la brillantez y densidad indiscutibles que la caracterizan, refleja un esquematismo tan tendencioso en lo que respecta a la descripción de los personajes femeninos, pese al buen hacer de las actrices, que daña la credibilidad de sus propuestas. Esa madre terrible y castradora que encarna Charlotte Rampling, mientras el padre es un simpático y adorable egoísta y bon vivant, el gran John Hurt. Esa visión tan mezquina del sufrimiento mental cuando lo protagoniza una mujer, ese maniqueísmo en los roles conyugales…

No, no es una » película de mujeres» como se lamentaba Lars von Trier, sino un insidioso retrato en negro de ciertos clichés misóginos enmascarados de pretenciosidad. Y en cuanto a la «nata montada», en este aspecto, resultó ser de una acritud y estrechez de miras tan injustas como deplorables.

‘Habemus Papam’: Preferiría no hacerlo…

Imaginemos que un Cardenal es elegido Pontífice, tras varias votaciones, por una mayoría aplastante. Que en la Plaza de San Pedro cientos de miles de fieles, religios@s y seglares de todo el llamado orbe cristiano están  a la espera, junto a representantes de los principales medios de comunicación nacionales e internacionales, de la confirmación de la noticia. Que todas estas personas estallan de júbilo cuando se hace visible la fumata blanca. Que se produce el climax colectivo cuando se anuncian la presencia y las primeras palabras del Sucesor de San Pedro. Y entonces…

 

Entonces al recién llegado a tal honor le da un ataque de ansiedad y decide no presentarse ante la multitud expectante, que no conoce aún ni su nombre, ni su aspecto, y  que queda tan frustrada y atónita como el resto de la Curia. Dicha Curia decide entonces llamar a un célebre psicoanalista, el propio realizador, ateo por más señas, que entrevista a su Santidad sin demasiado éxito, dadas las circunstancias.   Y entonces esta Persona Sagrada decide tomarse un respiro durante unos días,  disfrutando de su anonimato civil por una Roma desconocida para él y hacerse analizar- esta vez, privadamente- por la ex del profesional citado. Mientras, en el Vaticano se mantiene una farsa y Sus Ilustrísimas se dedican al deporte… 

Nanni Moretti dirige, produce, interpreta y coescribe tan peculiar aproximación a la más alta jerarquía religiosa, con su ironía y corrosividad habituales. El humor y la acidez desde los que contempla y nos hace ver las interioridades más solemnes y al tiempo, por decirlo así, más domésticas del Cardenalato y del Papado destila sus mejores virtudes en la irresistible primera parte de la película. Luego, se le ha reprochado, pierde algo de fuelle y vagabundea, como su propio protagonista, un inmenso Michel Piccoli, sin rumbo fijo, tan perdido como receptivo a lo que el azar le va deparando en su pequeña escapada.

Y es cierto que el ritmo decae y que opta por una mirada empática y comprensiva, respetuosa a la par que distante, con ese anciano digno y honesto, lleno de dudas y abrumado por el peso de la púrpura. Opta por esta mirada, pues, en lugar de la más irreverente e impía, nunca mejor dicho en este caso. Pero, paradójicamente, tal opción añade un plus de ternura y sensibilidad, de complicidad inteligente con ese Bartleby papal que prefirió no hacerlo.

Sevilla Festival de Cine Europeo. ‘Babycall’. Broche noruego.

En el día de cierre del Festival,  se proyectó una interesante coproducción entre Alemania, Suecia y Noruega, ‘Babycall’, firmada por el noruego Pal Sletaune, dentro de la Sección de Eurimages. Se trata de una película de terror psicológico, en la que la estupenda actriz sueca Noomi Rapace– cuyo padre, por cierto, era español – vuelve a ofrecer otro recital interpretativo. En este Certamen, se la ha podido ver también en el denso drama de Pernilla August,’Beyond’. Y además habrá ocasión de contemplarla en nuestras pantallas más comerciales ya que, después de interpretar a Lisbeth Salander en la saga Milenium, rueda con Guy Ritchie la segunda entrega de Sherlock Holmes. Va a haber Noomi para rato…

Volviendo a la cinta que nos ocupa, narra la historia de una joven mujer y su hijo de ocho años que se mudan de incógnito a un enorme bloque de apartamentos, protegidos por los Servicios Sociales, huyendo de la terrible violencia del padre y  marido, que ha intentado acabar con sus vidas. Traumatizada y temerosa por el niño, que padeció especialmente las iras de su progenitor, compra un vigilabebés, el babycall al que alude el título, para oir todo lo que ocurre en la habitación del chico mientras duermen. Y, al tiempo, hace una amistad con el sensible y perceptivo dependiente de la tienda en que lo compró. Pero el aparato capta inesperadamente la frecuencia de lo que sucede en un apartamento del bloque, en el que otro niño está siendo sometido a abusos…

La terrible devastación mental y emocional que provoca la violencia de género en la protagonista, su progresiva pérdida de contacto con el entorno que la rodea y cómo esta circunstancia va afectando a su hijo- leal y cariñoso con la madre, pero también condicionado por el referente paterno- nos son mostradas con un desasosegante climax que va in crescendo. Al tiempo, se nos va planteando la duda sobre ella y sus percepciones, que son también las del espectador, y desvelando sorprendentes datos. Datos más terribles, si cabe aún en los que también son reveladoras e inquietantes ciertas visiones… 

El realizador sabe dosificar , manejar y filmar este material tan sensible -en el que la circularidad narrativa está presente- convirtiendo el horror cotidiano, las brumas mentales, el doloroso sinvivir de su personaje central, en un perturbador reto para la inteligencia y la emoción. Y ese final, que no aclara, ni resuelve todos los interrogantes, cuestiona con inteligencia los esquematismos que aplicamos al concepto que se da en llamar realidad.