‘El lado bueno de las cosas’: Flirteando con el desastre

El director, guionista y productor neoyorquino David Owen Russell siempre ha sentido predilección por personajes al filo de la llamada normalidad y por familias excesivas,  al borde de lo disfuncional. Lo acreditan títulos como ‘The fighter’ o ‘Flirteando con el desastre’ que en claves, ora dramáticas, ora cómicas, registraban las anomalías y neurosis del american way of living. Hijo fílmico de Sundance, ha gozado, en general, de un cierto prestigio entre la crítica de su país. Predicamento que ahora es premiado con ocho candidaturas a los Oscars para este su último trabajo.  Entre ellas, las grandes como Pelicula, Dirección, Guión, Actor y Actriz principales y de reparto.

cartel el lado bueno de las cosas

¿Qué tiene esta cinta que ha encandilado tanto a la prensa especializada como  a la Academia hollywoodense? Es de sospechar que varias combinaciones que les parecen ciertamente irresistibles. Tales como las de drama y comedia. Tales como las de personajes tensos e intensos, con un buen bagaje de conflictos. Tales como un mensaje positivo. Tales como un reparto que borda sus papeles y rebosantes de química, el cuarteto de Bradley Cooper, Jennifer Lawrence, Robert De Niro y Jackie Weaver. Tales como una astuta y resultona alianza entre osadía y convencionalismo. Tales como un romance a lo ‘Mejor… imposible’ entre una pareja atractiva y atípica. Tales como desajustes emocionales y afán de superación.

Dos o tres cosas sobre la sinopsis. Un bipolar con antecedentes de agresión, que acaba de salir de salir de una institución mental. Su padre, de rasgos obsesivos-compulsivos, apostador profesional y maniático. Una joven viuda bastante trastornada. Una esposa infiel y añorada. Una profesión perdida. Unos estallidos difícilmente controlables. Una complicada adaptación a la sociedad. Un mantra positivo que ayuda a sobrevivir. Una atracción inesperada. Una amistad que se afianza. Deporte y baile, pasado y futuro…

El realizador maneja con soltura este material inflamable, carne de culebrón, y resuelve bien una primera parte ácida y divertida. Una primera mitad en la que  describe la difícil integración de un hombre que no posee los códigos correctos de una convivencia ‘normalizada’ y cuyo diapasón mental es una bomba de relojería. Pero que, para su fortuna, cuenta con la complicidad de un núcleo familiar diferente y curado de espantos y, se encuentra, cuando menos se lo espera, con la horma de su zapato. Ahí acierta, porque cuestiona e ironiza, porque muestra la delgada línea roja entre las patologías individuales y las sociales.

Lástima que el más simplista all you need is love contamine su discurso y desafíe toda lógica con un apaño de happy end simpático, pero más que improbable. La causticidad deriva en comedia romántica y para este viaje no necesitábamos las alforjas presuntamente indies.

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