‘Cautiva’: En el nombre de Dios…

Brillante Mendoza, el realizador filipino cuya cinta ‘Lola’ nos fascinara e impactara a partes iguales, aborda ahora en ‘Cautiva’ – fechada en 2012, con 121 minutos de metraje, y coproducida por su país, Francia, Reino Unido y Alemania – un hecho real que tuvo lugar en 2001.

Se trata del secuestro de un grupo de personas- cooperantes en su mayoría – en un hotel, en la playa, por un grupo islamista llamado Abu Sayyaf. Desde ahí, son trasladadas en barco a la selva para evitar su localización. Pese a las diferentes nacionalidades de las víctimas y al peso específico de sus Gobiernos, la liberación se demoró más de un año y la convivencia forzosa con los captores, en condiciones límites, resultó inevitable y dolorosa. No tod@s sobrevivieron a tan terrible experiencia.

El director ha declarado, lo leemos en la ficha técnica que nos proporciona el cine Avenida donde la proyectan, que ” rodé la película en orden secuencial, empezando con el hotel en la playa… Lo hice porque quería que los actores sintieran el miedo y la esencia del secuestro. Quería que experimentaran al máximo lo que significa un rapto y lo que ocurre durante el cautiverio”. Y así es. Así lo refleja una narración exhaustiva y casi entomológica, que sumerge al espectador en las entrañas de la privación de libertad repentina y extremadamente violenta.

Desde la tremenda travesía, teniendo que ocultarse, porque las armas les apuntaban, de sus posibles salvadores. Hasta la jungla sofocante, hostil, territorio enemigo. Un enemigo fanático. Un Dios frente a otro. Víctimas y verdugos conviviendo sin comunicarse apenas, más que a base de órdenes. Y entre l@s cautiv@s, las mujeres también víctimas de las víctimas. Abusos de poder. De un poder que utiliza la violación como arma. Y el dinero como instrumento y objetivo, como transacción de vidas. Y los Gobiernos, que parecen olvidar a sus ciudadan@s, más de un año…, porque no transigen, porque no ceden a exigencias, porque no pactan.

Todo esto lo muestra, como se debe hacer, Brillante Mendoza. Con una cámara, un clima y un tempo que parece tan real, que se diría filmado casi documentalmente. Sólo que se hubiera agradecido más intensidad, más atención a las interrelaciones de ese heterogéneo grupo en condiciones tan extremas, una mayor dedicación a los personajes, al factor humano. Y eso que el reparto está muy bien. Con una pasmosa Isabelle Huppert a la que vemos deteriorarse, aún sin perder su fuerza, ante nuestros ojos. No del todo redonda, pero sin duda interesante. De lo mejor de la adocenada oferta cinematográfica de nuestra ciudad.  Hay que verla.

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