‘Kon-Tiki’: Mar adentro…

Thor Heyerdahl fue un biólogo y explorador noruego que, en la década de los cuarenta, estando en la treintena, se propuso demostrar que los primeros pobladores de las islas de la Polinesia habían llegado allí desde Sudamérica navegando, siglos atrás. Esta teoría se había desarrollado en una estancia anterior, junto a su familia, en las Islas Marquesas en la que padecieron diversas penalidades.

Una vez conseguida trabajosamente la financiación del proyecto,  y junto a cinco hombres más, entre ellos un ingeniero y un etnógrafo se hicieron a la mar en una balsa construída – son datos de Wikipedia – con troncos, plantas y materiales naturales. Sin timón, y como única concesión a los adelantos de la época, equipos de comunicaciones y las cuerdas con las que fueron atados los troncos.

La película, coproducción entre Noruega, Reino Unido y Dinamarca, fechada en 2012, de 118 minutos de metraje, codirigida por Joachim Roenning y Espen Sandberg, da fe de esta extraordinaria aventura capitaneada por un visionario que ni siquiera sabía nadar y que sufrió en su adolescencia de fobia al agua… Por un intrépido aventurero que, con una fe inquebrantable, confiaba – contra toda lógica, contra toda esperanza, contra todo pronóstico y a todo riesgo -, fiado en el precedente que les servía de modelo, en que su frágil embarcación les condujera a su destino polinesio, para probar su aserto.

Los realizadores han acertado plenamente al transmitir los precedentes de la historia, el encuentro y la presentación de los protagonistas, la buena sintonía creada entre ellos, pese a sus muchas diferencias,  y el impulso común del descubrimiento, de lo desconocido, mucho mayor que el miedo, pese al evidente peligro de la, sobre el papel, descabellada empresa. Pero, sobre todas las cosas, han conseguido embarcarnos en la singladura.

En efecto, surcamos con ellos el inmenso océano, lleno de bellezas y acechanzas, combatimos tempestades, asistimos a sus cambios físicos, a sus caídas accidentales, a sus tensiones personales, a sus emociones más íntimas, a sus bromas, a sus desalientos. Conocemos a la única hembra de la tripulación y a la revuelta de los habitantes de las profundidades abisales frente a los intrusos, así como sus diferentes personalidades.

Todo ello servido por una espléndida fotografía a cargo de Geir Hartly Andreassen y de la excelente música original de Johan Soderqvist. Con el acierto añadido de imágenes documentales, de textura antigua, que protagonizan los propios y estupendos actores.

Para terminar, tres precisiones. Primera, esta es una cinta de absoluto y plural protagonismo masculino. Pero la figura de la esposa del capitán está muy dignamente tratada. Segunda, en los títulos finales se aclara que “ningún animal ha sido dañado durante el rodaje”. Y tercera, sumérjanse mar adentro en ella y no se la pierdan.

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