‘Gabrielle’: La fuerza de un ser menor…

 

Gabrielle Marion-Rivard es una actriz y cantante, que se hizo justamente con el Premio a la Mejor Actriz de su país, Canadá, por su trabajo en esta película que lleva su nombre. Ella padece el llamado síndrome de Williams, una discapacidad psíquica, con determinados síntomas físicos y rasgos faciales, que se suman a un retraso intelectual, del desarrollo mental y cursa también con ciertas cardiopatías. De la personalidad de quienes lo padecen, se dice que es entusiasta, desinhibida y amigable.

Y así se muestra también en esta historia, que ha dirigido otra mujer, en este que ya viene siendo el verano de las cineastas. La realizadora, en este caso, es Louise Archambault, quien consiguió también el premio del cine canadiense a la Mejor Película. El guión, a cargo también de la directora, nos muestra el día a día de un coro de personas heterogéneas y de edades diversas pero con el denominador común de tener las limitaciones físicas y psicológicas antes aludidas. El coro, que pertenece al centro donde much@s de ell@s están intern@s, además prepara un gran acontecimiento. Actuar junto a un veterano cantante, ídolo nacional, en el contexto de un festival musical.

Entre ell@s, están la protagonista, Gabrielle, y un compañero, Martin- excelente Alexandre Landry, que no es discapacitado, pero sabe representar a su personaje con la máxima credibilidad y convicción – con el que comparte una gran complicidad y una atracción mutua. Cuando el deseo que les une se traduzca en contacto físico, el entorno terapéutico, familiar y afectivo mostrará sus resistencias, con algunas excepciones. Entorno, en este caso, familiar del que también la cinta nos da cuenta, a través de algunos de sus personajes, y que no vamos a desvelar lógicamente aquí.

La realizadora revela sus valores más positivos en las distancias cortas y es valiente al mostrar escenas de intimidad sexual entre ambos jóvenes. Valiente y convincente. Como lo es en el hecho de trabajar con minusválid@s psíquic@s, quienes no siempre ‘dan’ bien en el cine y de l@s que se ha abusado por intoxicación ternurista o emocional. No es este el caso, afortunadamente. Antes al contrario, los muestra naturales y relajad@s, sin necesidad de subrayar carencias, sino afirmativamente. Cantando y muy bien, por cierto. Las canciones, en versión original subtitulada, como debe ser, aunque la película esté doblada.

Pero… no mide bien el ritmo. En el guión hay tiempos muertos, reiteraciones, y más de una subtrama insuficientemente desarrollada. Así, las de la madre y hermana de Gabrielle aunque el personaje de esta última sea muy bonito y hubiera merecido una mayor atención por sí misma… y el de la primera, despachado muy, muy esquemática y superficialmente. Además, quien esto suscribe se sintió muy dolida con ese tema misógino y machista, que interpreta el coro junto al ídolo,  en la escena de la gran performance. Lástima porque es la mirada fílmica de una mujer y el final es abierto y curioso. En cualquier caso, con sus pros y sus contras, merece verse.

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