Archivo mensual: septiembre 2014

‘El secuestro de Michel Houellebecq’: Estocolmo

De entrada, quien esto suscribe no tiene ningún motivo para simpatizar con el protagonista de este curioso experimento cinematográfico. Ninguno. Michel Houellebecq, poeta, ensayista y novelista francés, de la cosecha del 58, es misógino, xenófobo, pornógrafo y reaccionario confeso. Y esta actitud de cuestionar lo políticamente correcto, le ha generado más de un disgusto, un juicio que ganó y un enorme prestigio entre crítica y lectores-as, además de una calidad literaria más que glosada, que quien esto suscribe no puede juzgar. Se hizo con el Goncourt en 2010, por ‘El mapa y el territorio’. Junto a este libro, sus obras más conocidas son ‘Plataforma’, ‘La posibilidad de una isla’ o ‘Las partículas elementales’.

Una vez situado al personaje central, se hará lo propio con la historia. El hecho del que se parte es la desaparición del autor durante unos días, en 2011 y en plena promoción de ‘El mapa y el territorio’, uno de sus libros mencionados. La noticia causó una enorme conmoción y desató todo tipo de especulaciones sobre presuntas autorías, nunca resueltas. Así que ahí entra en escena el novelista, actor y realizador francés Guillaume Nicloux, cosecha del 66. Según la nunca suficientemente bien ponderada página Wikipedia, “sus películas están caracterizadas por ambientes y atmósferas de cine negro, con el telón de fondo de investigaciones policiales”.

El escritor había ya trabajado para el director en un papel secundario, en otra película.  Y el misterio del presunto secuestro le interesó lo bastante para tratarlo con él desde un punto de vista atípico y rompedor. Como una suerte de docudrama en el que destacara más la persona que el personaje. En sus propias palabras a la revista de su país, Allociné, “un experimento fílmico en el que el hombre se desvelaría a través de un rapto existencial un tanto particular”.

Así que esta experiencia cinematográfica comienza con el escritor en su entorno, con la gente que conoce, en su barrio. En definitiva, en su salsa. Con placidez, bonhomía y humor, pero sin privarse de su libertad de expresión. Forma parte del  jurado en un premio importante cuando es secuestrado por tres tipos tan toscos como lerdos, tan ingenuos como potencialmente peligrosos, ante los que el autor, pese a estar encadenado, no opone resistencia. Pero tampoco les hace concesiones, sobre todo reclamando su encendedor, pues es un fumador impenitente.

El director describe esta curiosa, esperpéntica y extravagante convivencia forzosa entre el novelista, un gitano, un ex boxeador y un mecánico, los captores, en clave tan aparentemente cercana como surrealista. Tanto es así, que  esta cinta hubiera hecho las delicias de Buñuel. La hace a la vez tan presuntamente formal, como incisivamente irónica y desternillante. Porque, además, toda esta situación tan objetivamente dramática – la víctima está esposada la mayor parte del tiempo – dinamita todas las convenciones de cualquier género. Y los dueños de la casa – una encantadora pareja de ancianos – son cómplices del delito y padres del tercero de los secuestradores arriba mencionados.

Tod@s hablan, teorizan, discuten, comen, fuman… como si se tratara de una velada familiar al uso. El secuestrado – excelente actor, por cierto. No debe ser nada fácil interpretarse a uno mismo – exhibe simultáneamente fuerza y vulnerabilidad, estupor y diversión, asombro e indiferencia, valor y osadía… Aunque a quien esto suscribe le disguste profundamente su trato carnal con una jovencísima prostituida, que remite, inevitablemente, a lo peor del personaje. Mención especial merece ese trío de ases irresistiblemente cómicos como son Mathieu Nicourt, Maxime Lefrançois y, sobre todo, Luc Schwarz.

En cualquier caso, y pese a algunos bajones de ritmo, merece la pena ver esta cinta singular, este secuestro único e irrepetible en el que el llamado síndrome de Estocolmo está tan presente como invertido.

‘Begin again’: Estrellas y estrellad@s

Dos o tres cosas que sabemos sobre el responsable de esta cinta. Irlandés, de la cosecha del 72, guionista y realizador, obtuvo todos los reconocimientos y aplausos críticos con su muy interesante ‘Once’, fechada en 2006. ‘Begin again’ es su primer trabajo para el cine norteamericano. Integrado en la corriente indie, de bajo presupuesto, es, asimismo, un buen conocedor del ambiente discográfico, lo que demuestra con creces en ambos filmes.

Ambos filmes, ‘Once’ y el que nos ocupa, pertenecen al mismo género felizmente mestizo entre la comedia, el drama, el musical y el romance. Ambos tienen el hilo conductor chico conoce chica, en las horas más bajas de uno y otra. Ambos cuentan con hermosos temas en su banda sonora. Ambos están habitados por personajes con señas de identidad. Ambos presentan a protagonistas creativ@s, pero no especialmente afortunad@s. Ambos integran las melodías como elementos dramáticos que subrayan la historia. Ambos hacen profesión de fe de su independencia, aún cuando este último cuente con un presupuesto mucho más holgado.

En su título original, que no en su versión, pues la hemos visto lamentablemente doblada, ‘Begin again’ – también estrenada así en castellano – contiene el epígrafe (Can a song save your life?) . O, lo que es lo mismo, (¿Puede una canción salvar tu vida?). Y es que tal cosa le ocurre al héroe-antihéroe masculino al escuchar la que canta la chica. Él, productor musical y co-fundador de un sello discográfico que acaba de abandonar, por desacuerdo con la línea adocenada que está llevando. Ella, cantautora que acompaña a su chico y colega a la Gran Manzana, para descubrir que el éxito de él va parejo con el desamor. Ambos se encuentran la noche de un día aciago en un bar en el que ella interpreta un tema triste y amargo, que sólo él sabe valorar y…

Lo que sigue es un relato delicioso y perfectamente estructurado. Lo que sigue es una historia de personajes que saben mantener su integridad y sus principios frente a los cantos de sirena del dinero y del éxito. Lo que sigue es una doble historia de amor, en la que nada es lo que parece. Lo que sigue es un musical atípico, con la imaginación y la creatividad por delante. Lo que sigue es la utilización de esa ciudad icónica, Nueva York, como escenario único de una grabación discográfica tan rompedora como sugerente.

Lo que sigue es una complicidad perfecta entre dos seres únicos, valiosos y singulares a los que encarnan maravillosamente Keira Knightley y Mark Ruffalo, con los no menos inspirados Adam Levine y Catherine Keener como telones de fondo. Lo que sigue es una incisiva y lúcida crítica a la escena musical. Lo que sigue es una historia estimulante y gozosa, pero también agridulce, melancólica y nada complaciente. Lo que sigue, en definitiva, es una película notable que no deberían perderse.

‘El misterio de la felicidad’: Sin rastro…

 

A Daniel Burman – argentino-polaco, de la cosecha del 73 -, firmante de esta cinta y responsable de su guión junto a Sergio Dubcovsky, se le ha llamado el Woody Allen bonaerense. Con el realizador neoyorquino tiene en común sus orígenes judíos, hacia los que proyecta una crítica ironía en el terreno de las relaciones más íntimas. Pertenece a la Nueva Ola del cine de su país y en su filmografía hay títulos tan interesantes y reconocidos como ‘El abrazo partido’, Gran Premio del Jurado y Oso de Plata, en el Festival de Berlín de 2004 o ‘Derecho de familia’, Cóndor de Plata de la crítica en 2006. Está considerado por la prensa especializada como uno de los cinco mejores guionistas y realizadores patrios. Fuentes de la indispensable Wikipedia.

La historia sigue a dos socios y amigos de toda la vida en una empresa de electrodomésticos. Su relación es tan inmejorable y cómplice que se cuentan todo y todo lo hacen paralela y simétricamente. Su forma de vestir, su llegada al trabajo, sus despachos contiguos, su ocio en el hipódromo, sus gestos y aficiones. El reparto de papeles en el negocio es complementario y nada parece enturbiar esa placidez laboral y personal… hasta que uno de ellos, que está casado, desaparece sin dejar rastro. La esposa y el otro comenzarán sus pesquisas implicando en ellas a la policía – que se lo toma con escepticismo – y a una suerte de coach espiritual más que extravagante. En esta aventura descubrirán mucho más de lo esperado.

Burman muestra lo mejor de sí mismo – partiendo de la base de que esta es una obra menor en su currículum – en la primera parte del filme. La descripción del modus vivendi de ambos. Sus similitudes y diferencias. La convicción casi inquebrantable por parte del que se queda – un competente, aunque algo falto de matices, Guillermo Francella – de que están en el mejor de los mundos y que nada va a alterar el orden de cosas en el que se mueve nos es mostrada con una irónica ternura. Pero, sobre todo, la irrupción de una irresistible y desternillante Inés Estévez en el rol de la mujer abandonada es, sin lugar a dudas, lo mejor de la cinta. Su personalidad tan asertiva como caótica. Su manera de situarse en el espacio que le corresponde, sin mimetismos conyugales, por propia iniciativa.

La forma en que ve las cosas y las cuenta. Sus adicciones a los fármacos y sus devaneos alcohólicos. Su receptividad y disposición a asumir sobre la marcha las situaciones más peregrinas en las que se ve inmersa. Su causticidad e inocencia. Todo ello, junto a sus líneas de diálogos, es lo mejor de un relato que, de haber mantenido ese ritmo y esa intensidad, habría sido mucho más estimulante. Comparada con la alleniana, ‘Misterioso asesinato en Manhattan’, carece de su inteligencia, de su sutileza y, en definitiva, de su calidad. Porque, aunque tenga los destellos antes descritos, todo se va al traste en la segunda mitad.

Y lo hace porque desaparece la intriga, aunque persistan los interrogantes, y no es sustituida por ninguna otra cosa. Y lo hace porque neutraliza al personaje femenino en beneficio del de Francella. Y lo hace porque plantea varias subtramas – algunas incluso contradictorias entre sí – sin desarrollar ninguna. Y lo hace porque abandona el humor en beneficio de una pseudonostalgia transcendente y trasnochada. Y lo hace porque su final, aunque abierto, es bastante sonrojante, indigno de la inteligencia que ha mostrado su realizador en otros casos.

Ya están advertid@s para lo mejor y para lo peor. Ustedes mism@s…

 

‘En cartelera’: Chicos, chicos, chicos… y dos realizadoras

 

Ayer, primer viernes de este mes de septiembre, se renovó la cartelera con nuevas ofertas, como cada semana. Comenzamos por las que se proyectan en versión original. Como la versión remasterizada del clásico italiano ‘Cinema Paradiso’, de Giuseppe Tornatore, que conmemora el 25 aniversario de su estreno en España. Sobre un realizador de éxito que vuelve a su pueblo natal y rememora su infancia, la época de su niñez y a quien le transmitió el amor al cine. Con todos sus defectos y sentimentalismos, merece verse.

La segunda es el drama alemán, ‘Destino Marrakech’, de Caroline Link. Sobre un padre y un hijo que no se ven desde hace tiempo y se reencuentran en dicha ciudad. Ha cosechado división de opiniones críticas, pero habrá que verla.

Lamentablemente doblada – o en su versión original en la provincia de Sevilla, sólo en determinadas sesiones… ¡¡¡el más difícil y absurdo todavía!!! – nos llega otra historia de chicos de un clásico del cine estadounidense y universal. Se trata del biopic, drama y musical, ‘Jersey Boys’ de Clint Eastwood. Un homenaje y una recreación crítica de un célebre grupo de los años 50, ‘The Four Seasons’, con sus mayores éxitos y el coqueteo de su líder con gente nada recomendable. Sus referencias son irregulares, pero su visión es obligada.

Como lo es la de la franco-suiza, ‘El amor es un crimen perfecto’, de Arnaud y Jean-Marie Larrieu. Se trata de un thriller dramático sobre un profesor de literatura muy promiscuo con su alumnado femenino, hasta que una de sus conquistas desaparece y debe enfrentarse a la madre de la chica… Mathieu Amalric y Karin Viard hacen los honores. División de opiniones de la prensa especializada.

Y, por último, la hispano-colombiana, ‘Ciudad Delirio’, de la andaluza Chus Gutiérrez y segunda realizadora de estos estrenos, suma y sigue de las miradas de mujer que nos está deparando este verano. Es una comedia romántica entre nuestro país y Colombia con mucha salsa de por medio. Tiene referencias más bien negativas, pero habrá que comprobarlo viéndola.

‘Belle’: Raza y género…

 

“Dido Elizabeth Belle(1761-1804) nació en esclavitud como la hija natural de María Belle, una esclava africana en las Indias Occidentales británicas y del capitán John Lindsay, un oficial naval de carrera, asignado al lugar, y que posteriormente fue promovido a almirante. Lindsay se llevó consigo a Dido cuando volvió a Inglaterra en 1765, confiándosela a su tío William Murray, I conde de Mansfield y a su esposa para que la criaran”. Son datos de la imprescindible página Wikipedia, sobre la protagonista de la historia real que recrea esta película.

Una película que da comienzo precisamente en el año de gracia citado de 1765, cuando el padre biológico la entrega, siendo una niña, a sus tíos el conde y la condesa de Mansfield. Estos tenían a su cargo también a otra sobrina, Elizabeth Murray, cuya madre había muerto y el padre formó otra familia, con un hijo varón, excluyéndola de su afecto y de su herencia. Las dos se convierten en hermanas y amigas inseparables, aunque sus respectivos estatus en el hogar que comparten sean muy distintos.

Antes de seguir con la sinopsis, hasta donde pueda ser contada, hay que hablar de la firmante de esta cinta británica que nos ocupa.  Se trata de Amma Asante, cosecha del 69, guionista, actriz y realizadora inglesa, hija de inmigrantes africanos, de Ghana. Así que la directora y su personaje tienen en común el color de su piel. Además del sexo, o del género, claro.

Se la ha descrito como una “combinación de los placeres de Jane Austen y los horrores de la trata de esclavos británicos”. Justin Chang, ‘Variety’, cita de la fundamental FilmAffinity. Una observación aguda e inteligente. Pero es, sobretodo, la mirada de una mujer negra tras la cámara que se posa sobre un personaje histórico singular, en el que la doble discriminación es más patente. Porque aunque la posición de la protagonista puede parecer privilegiada, no lo es. Se le infieren agravios en su propio hogar – no poder cenar con las visitas, por ejemplo – en función de las crueles discriminaciones raciales de la época.

Además en el relato se incluye un episodio clave.  El juicio a unos mercaderes de esclavos que reclaman dinero por dejarles morir ‘imperativamente’, que el tío y tutor de Belle debe sentenciar, como miembro del Tribunal Supremo, y  que puede sentar jurisprudencia y un cambio radical. Ella se implicará, como no podía ser menos,  y su influencia resultará decisiva.

En resumidas cuentas, estamos ante una cinta elegantemente narrada cuya intensidad corre pareja con su sutileza. Una cinta que no se limita a ilustrar en imágenes una biografía, sino que extrae vida y verdad de ella. Una cinta que reivindica las señas de identidad de una raza y de un género en su doble opresión.

Una cinta que ilustra muy bien la posición de cada cual. En el caso de su prima, desheredada y sin dote, con el estatus inferior adjudicado a su sexo, pero con el superior adjudicado a su raza. En el caso del personaje central, favorecida con la herencia de su padre, pero marginada socialmente por su color y subestimada en su inteligencia y cultura como mujer. Una cinta que tiene una fuerte carga crítica hacia el poder político, judicial, colonial, xenófobo, esclavista y patriarcal. Una cinta que presenta unos personajes masculinos complejos, en sus vertientes positivas y negativas.

Estamos ante una cinta con un inteligente guión de Misan Sagay, con una buena banda sonora de Rachel Portman, con una hermosa fotografía de Ben Smithard, con un reparto de etiqueta negra en el que destacan Tom Wilkinson, Miranda Richardson, Penélope Wilton o Emily Watson. O Sam Reid y la brillante Gugu Mbatha Raw. Estamos ante una cinta que rescata de la invisibilidad a un personaje histórico excepcional. Estamos ante una cinta que nos ofrece la mirada negra y violeta de una realizadora a la que habrá que seguir. Estamos ante una cinta, en definitiva, que no deberían perderse.

‘El Niño’: Entre dos aguas…

Entre dos aguas, las del Mediterráneo y las del Atlántico, tan vívidamente retratadas como los paisajes a los que bañan. Entre dos continentes, el europeo y el africano. Entre dos colonias. Entre tres países. Entre dos recién llegados a la delincuencia. Entre dos policías que acechan un narcotráfico mucho más duro. Entre fronteras. Entre los dos lados de la ley. Entre la delgada línea roja de la justicia y la permisividad. Entre los poderes mafiosos y las corrupciones institucionales. Entre capos y discípulos. Entre los que mueven los hilos y los ejecutores. Entre la tentación y la deontología profesional. Entre sobornos y ambigüedades morales. Entre los códigos de la amistad y los de la traición. Entre los David y los Goliath.

En esas coordenadas, entre otras posibles, sitúa Daniel Monzón – periodista, crítico de cine, guionista, actor y realizador mallorquín de la cosecha del 68, Goya al Mejor Director en 2010, por ‘Celda 211’ – a los personajes de esta su última propuesta cinematográfica que ha arrasado y batido récords de taquilla en el primer fin de semana de su estreno. Con un metraje de 130 minutos y un guión que coescriben el propio director y el conocido Jorge Guerricaechevarría.

Esta mezcla de géneros, entre el thriller, el drama, el policiaco y la acción, exhibe un poderío visual y de medios como raramente es dado ver en un cine como el de nuestro país. Una puesta en escena tan brillante como enérgica, tan cuidada como espectacular, que no tiene nada que envidiarle – antes al contrario…- a las grandes superproducciones norteamericanas,  en la que todo está controlado al milímetro. Con persecuciones en helicópteros y en lanchas motoras, a las que se añaden alguna que otra de coches, tan bien filmadas y resueltas que te dejan sin aliento. Y quien esto suscribe no es precisamente fan de las inyecciones en vena de adrenalina… Pero nobleza obliga el reconocerlo.

Por supuesto, es mérito de su firmante y de un equipo técnico – al que le van a caer varias nominaciones a los Goya – entre el que destacamos a la fotografía de Carles Gusi, la música de Roque Baños, además de una excelente banda sonora, el diseño de producción de Antón Laguna, la dirección artística de Serafín González, o el montaje de Cristina Pastor. Otro tanto se puede decir del reparto, coral como es marca de la casa, pero con nombres propios. Así a los reconocidos talentos de Luis Tosar, Eduard Fernández, Sergi López o Bárbara Lennie, se le añaden los descubrimientos de Saed Chatiby y  Mariem Bachir, junto con el de Jesús Castro, muy convincente, quien, junto a Jesús Carroza, compone un tándem que desprende credibilidad aunque, por el acierto de respetar acentos, puede resultar difícil entenderles para espectadores-as no andaluces-as. Y aún así…

Hablando del sonido, con el ruido ambiental hay diálogos – en el helicóptero, en ciertas persecuciones, algunos de los jóvenes colegas – que resultan inaudibles, aunque ello no afecte a la comprensión del relato. Y esto en una cinta así no es de recibo. Una vez escrito todo esto, comentar que a la abajo firmante, pese a todos sus valores ya expuestos, este Niño la ha dejado bastante fría. No ha conseguido interesarla más allá de su virtuosismo formal. Aunque los personajes no sean de cartón piedra, ni esquemáticos –  son interesantes, por cierto, los de las dos mujeres, si bien episódicos, y eso se agradece –  no se muestran más que en función de la trama imposibilitando, por lo menos para la personal e intransferible opinión de quien esto suscribe, cualquier tipo de cercanía con ell@s. Sobrados de energía, pero deficitarios de identidad. Pero es evidente que hay que verla, de todas, todas.