‘Hombres, mujeres y niños’: Las redes sociales

Jason Reitman, cosecha del 77, canadiense afincado en Estados Unidos, es actor, guionista y director al menos de dos cintas interesantes, como la algo sobrevalorada indie, ‘Juno'(2007) y la notable ‘Up in the air'(2009). Esta que nos ocupa es la sexta de su filmografía y la ha coescrito junto a Erin Cressida Wilson, sobre la novela de Chad Cultgen.

Con 116 minutos de metraje, ‘Hombres, mujeres y niños’ cuenta varias historias cruzadas de padres, madres e hij@s adolescentes, en su relación con internet y con las redes sociales, y los conflictos que provocan en sus relaciones mutuas y en sus vidas. Desde la anorexia, hasta juegos de rol. Desde páginas pornográficas, hasta un book más que insinuante. Desde la infidelidad a dos, primero clandestina y luego reconocida. Desde una actitud rígidamente controladora, hasta otra laxamente permisiva e, incluso, propiciatoria.

Todos estos casos son recogidos con una óptica aparentemente crítica, pero que, a la postre, resulta conservadora y moralista por el climax tremendista de ciertas resoluciones. Para no hablar de los roles asignados a ambos sexos. El sexismo planea por todo el relato y los personajes más negativos están reservados a las mujeres. Y-o los más tópicos, esquemáticos y de una sola pieza. Algo tan lamentablemente usual que, quien esto firma lo reitera las veces que corresponda, no es ni siquiera percibido, ni cuestionado.

Pero es que, además, Reitman muestra aquí la peor versión de sí mismo. En primer lugar, con una voz en off omnipresente y molesta que no añade nada, sino que le resta a la historia y a la plana puesta en escena con la que es contada. En segundo lugar, porque desaprovecha las líneas del relato donde podría haber hecho gala de la ironía, el cinismo y la dureza, marcas de la casa. En tercer lugar, porque hace ostentación de los clichés más previsibles. En cuarto, por su carencia de ritmo. En quinto, por su guión… Y así podíamos seguir.

Lástima porque desaprovecha temas muy contemporáneos y candentes, a los que podía haber aportado una mirada propia, no contaminada por los tópicos y por esa forzada resolución positiva. Lástima porque, a veces, revela una amargura y una sensibilidad auténticas, pero las disuelve con un trazo dramático grueso. Lástima porque ha contado con un reparto atractivo, al que desaprovecha penosamente. Lástima porque esas redes sociales que nos envuelven a tod@s con sus insidias y seducciones, evadiéndonos de la vida y de las relaciones llamadas reales,  hubieran merecido un tratamiento más lúcido e inteligente.

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