La gran fiesta del cine español: Goya, no tienes nombre de mujer…

A propósito de dos excelentes artículos sobre la situación de las mujeres en la industria del cine español, publicados por Victoria Gallardo y Claudia Lorenzo, en El Mundo y La Crítica respectivamente, documentados y oportunos, dada la fecha de hoy… quien esto firma quiere añadir un modesto granito de arena al debate centrándose en la Gala de esta noche.

Para empezar, de las más de ochenta películas de este país, estrenadas en 2014, no llegan a la decena las firmadas por realizadoras. Aunque las haya también en régimen de codirección o colectivas. Pero no son cifras relevantes, sino, muy al contrario, vergonzantes. Y los Premios por antonomasia de nuestro cine no son – aunque podrían serlo – la excepción.

Porque, dejando aparte las candidaturas de las actrices, ellas están representadas, tan solo, como directora novel, una. Hablamos de Beatriz Sanchís, por ‘Todos están muertos’. Otra, como firmante de una cinta latinoamericana, Claudia Pinto por ‘La distancia más larga’. Una tercera, en coescritura con dos varones, por el guión adaptado, Clare García, junto a Cristóbal Ruiz y Javier Fesser, por ‘Mortadelo y Filemón contra Jimmy el Cachondo’, del citado Javier Fesser.

Pero es que, incluso en los apartados más tópicamente femeninos, como diseño de vestuario y maquillaje y peluquería, casi están a la par. Siete a cuatro, es la proporción. El resto, son ausencias. Lamentables ausencias. Porque sin cuestionar a las seleccionadas – o al menos, no a la mayoría… – había donde escoger.

Y salvo las intérpretes nominadas como protagonista y de reparto por ‘Marsella’, de Belén Macías y ‘Todos están muertos’, de Beatriz Sanchís, el resto de las candidaturas son temas de hombres, historias de hombres, con un rotundo masculino plural. Temas e historias que se libran del desdén, cuando no el desprecio, con el que se reciben a l@s de las mujeres. Con solo una excepción. Una porque en la otra – sin cuestionar sus valores fílmicos – la presunta protagonista no tiene voz propia, aunque es la mala de la función, y va sobrada de misoginia.

Esperemos que se invierta la situación. Porque las miradas de las mujeres tras la cámara tienen mucho que aportar, porque enriquecen nuestra limitada, esquemática y reducida visión del mundo y de sus protagonistas, tanto femeninos como masculinos. Y lo mismo es aplicable a todas las categorías de esta industria.

Para terminar, mucha suerte a tod@s esta noche . En especial, a las andaluzas y a los andaluces que sí están y sí son.

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