Vistas y no vistas: Dos miradas de mujer

La permanencia en la cartelera sevillana de estas dos cintas, al menos en su versión original subtitulada, va a ser exactamente de una semana. El viernes salen, han confirmado fuentes de la empresa a quien esto suscribe. Se trata de películas francesas con el común denominador de estar realizadas por mujeres y de estar centradas en protagonistas masculinos, aún cuando sean  corales. Por lo demás, sus historias y puestas en escena son radicalmente distintas.

La primera es ‘La cabeza alta’, escrita y realizada por Emmanuelle Bercot. 120 minutos de metraje. Su fotografía está a cargo de Guillaume Shiffman y su banda sonora se debe a Éric Neveux. Inauguró la Sección Oficial de Cannes. Se centra en un chico inadaptado y conflictivo, con una madre joven e inestable y un hermano pequeño como única familia. Su progenitora, que mantiene con él una ambivalente relación afectiva, le abandona al no poder asumir su descontrol y agresividad.

Carne de delincuencia, tiene la suerte de encontrar en su camino a una jueza de menores empática y comprensiva, a un educador con un pasado similar y a una chica, hija de una de las responsables del centro donde se le interna, que le ayudarán a reconducir su vida.

Quien esto suscribe lamenta mucho decir que no le ha interesado en lo más mínimo esta propuesta tan previsible como bienintencionada y, a la postre, banal. Por otra parte, la forzada historia de amor y la conclusión le parecen incluso peligrosamente ambiguas. Demasiados tics y poca consistencia. La salvan únicamente la enérgica composición del protagonista, Rod Paradot y las correctas de Catherine Deneuve y Benoit Magimel.

En la segunda, ‘Eden’, Mia Hansen -Love, ha retratado 20 años en la vida de un DJ, basándose en las experiencias de su hermano, que coescribe el guión con ella, comenzando por la década de los 90. Fotografiada bellamente por Denis Lenoir. Y con una música en la que cohabitan el House, el Techno y sobre todo el Garage , la directora ha logrado un poderoso retrato generacional renunciando a los clichés de fondo y forma, pero mostrando escenarios y ambientes diversos en los que personajes reales se mezclan con los de ficción.

Un mundo de hombres en el que se mueve un joven inmaduro, adicto a las fiestas, a las sustancias ilegales, a la noche y a los sonidos. Un mundo en el que las mujeres acompañan y apoyan, pero nunca son protagonistas. Un mundo en el que el principio de la realidad está prácticamente excluido. Un mundo que recuerda de alguna manera al descrito por Michael Winterbottom en ’24 hour party people’. Un mundo, un clima, una puesta en escena y una atmósfera tan sugerentes e hipnóticas como difícilmente digeribles. O se entra o no se entra.

Dos miradas de mujer, pues, a las que, independientemente de sus valores – ya que las salas abundan en títulos mediocres – la exhibición hispalense no les ha dado apenas una oportunidad de ser vistas y valoradas en uno u otro sentido.

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