‘B’: Testigo de cargo

En los títulos de crédito finales de esta película se dice que ‘cualquier parecido con la realidad ha sido inevitable’. Tanto como lo son las declaraciones de Luis Bárcenas, la obvia B del título, de las que se  da cuenta en ella. Declaraciones reales hechas en la instrucción de su caso el 15 julio de 2013, durante varias horas, ante el juez Ruz, su defensor, Gómez de Liaño, el fiscal y los abogados de las acusaciones particulares. Declaraciones que se hicieron en el marco de la Audiencia Nacional en el que el ex tesorero del Partido Popular renunció a seguir negando su implicación en la doble, e ilegal, contabilidad de su formación política.

78 minutos de intenso metraje en un único escenario, el ya descrito. Una ópera prima firmada por el navarro David Ilundaín, que coescribe también el guión junto a Jordi Casanovas en cuya función teatral, ‘Ruz-Bárcenas’ está basada. Subvencionada mayoritariamente a través de un crowdfunding, o financiación colectiva, de casi 800 personas, citadas asimismo en los créditos, para asegurar su independencia. Fotografiada por Ángel Amorós y asesorada en la dirección de actores por Alberto San Juan, otro de los artífices de la representación original en el Teatro del Barrio.

Ver y oír a este hombre -entonces preso, ahora en libertad condicionada – desgranar conocidos delitos tales como tráfico de influencias, financiación ilegal, contabilidad b, blanqueo y corrupciones similares que salpican a los nombres propios del poder ejecutivo de este país, en el pasado y en el presente, a la mismísima bancada azul aún, y pese a todo, en ejercicio, resulta, como poco, desasosegante.

Porque no es lo mismo leerlo que oír, recreados en esta suerte de docudrama, los extractos más relevantes de su declaración de entonces. Ver y oír a este hombre – encarnado por un excelso Pedro Casablanc , cuya candidatura a los Goya debería estar asegurada – expresarse con tales desfachatez, prepotencia y chulería de esta trama tan oscura de la que formó parte resulta, cuando menos, alarmante.

Un retrato en negro, negrísimo de las llamadas altas instancias de este país. Un documento devastador, justo y necesario. Una cinta que le saca el máximo partido dramático a una situación única, a un escenario inamovible, a unos personajes en sus roles, pero reactivos. A un reparto tan ajustado en sus caracterizaciones como en su trabajo interpretativo – con mención especial para un extraordinario Manolo Solo, otra nominación para él… – como el juez Ruz.

Magnética, valiente, poderosa y absorbente. Cine político complejo, sincero y apasionante, que también nos interpela como espectadores-as y como ciudadanía. Sigue aún, que sepamos, otra semana más en Nervión. Consulten horarios y sesiones pero, sobre todas las cosas, no se la pierdan.

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