El CAL en Infanta Elena. Clara Usón: El valor, el precio, el dogma…

Clara Usón completó esta noche en la Biblioteca Provincial Infanta Elena de Sevilla, y en un acto organizado por el Centro Andaluz de las Letras,  Letras Capitales, una trilogía de oro de escritoras catalanas, no independentistas, cultas, cultivadas, cosmopolitas, estimulantes y llenas de talento, que presentaron respectivos libros en una semana. Mercedes Monmany y Rosa Regás son las otras dos, por este orden. Este blog se ha hecho eco de este inesperado, notable y más que peculiar ciclo. La primera y la tercera, además, pertenecen a la misma generación. Solo cuatro años las separan…

Usón fue saludada por la responsable de la biblioteca como representante de la literatura más activa y creativa. Y por el excelente presentador, el periodista y escritor Alejandro Luque, como una trayectoria novelística en progresión de lucidez, seguridad, ambición y calidad. Como una explosión de talento, merecedora de todos los premios, que culminaba en este su libro ‘Valor’. En cuanto a la protagonista se mostró encantada de estar en un lugar de lectura maravilloso, con tantos-as jóvenes. ‘No está todo perdido…’.

Lo que sigue ahora es un desbarajuste, pobre y esquemático, de cuanto una conversadora inteligente y brillante, de verbo ágil y rapidez mental, expresó, con la perfecta complicidad de su anfitrión, en esta tarde – noche del otoño sevillano. Así, sobre el libro. Pretendió escribir una novela con la intensidad de un cuento, con tres historias que se van imbricando sin rellenos de continuidad, ni ripios. Un artefacto extraño en su estructura y arriesgado, que el introductor consideró absorbente.

Sobre sus personajes. Valor, de coraje, de principio moral, con algo de inconsciencia y desesperación. Como el de ese peculiar anarco-comunista, Fermín Galán, un personaje y una historia reales sobre el y la, como suele hacer, ha investigado tres años quien, con el apoyo de un aristócrata de izquierdas, familiar suyo, de Casares Quiroga, de algunos militares y sindicalistas – que luego quisieron posponer el plan – proclamó la revolución en Jaca en 1930.

Pero que, como la historia es azarosa, un cambio de día hizo que fuera aplastada. El héroe, tan fanático como humano, pudiendo huir a Francia decidió regresar junto a sus compañeros y entregarse a las fuerzas monárquicas, que le ejecutaron un 14 de diciembre. Él mismo dio la orden de disparar al pelotón.

Valor, de precio. Como el de los inexorables mercados que nos gobiernan. Como el del dinero al que, si no somos poderosos, accedemos por el trabajo al que le damos todo. La esclavitud moderna. La tragedia moderna de una directora de sucursal de banca, con una hija gogó de discoteca, que fue el instrumento de la estafa de las preferentes y marginada socialmente por el.

Y también valor de dogma. Del dogmatismo religioso. Como el monje franciscano croata, que fue responsable de un campo de concentración fantasma, pero muy real, en el que se exterminó a serbios, comunistas y judíos. Fray Satán, le llamaban. Esta orden, y la de los jesuitas, fueron las más represoras. El sacerdote es ficción. Los hechos, lamentablemente ciertos.

Hechos reales, que combina con la ficción, en sus dos últimas novelas. Se permite libertades sobre los personajes, pero es rigurosa y exhaustiva investigando los datos históricos. Por pudor y también por su cercanía en el tiempo. Le gusta documentarse.

Recibió el Premio de la Crítica, entre otros, por la extraordinaria ‘La hija del este’, que debatimos el día anterior en el club de lectura de quien esto firma. Hacía 52 años que no lo ganaba una mujer. El Nacional de Narrativa, solo tres en casi cuarenta . Los hombres son los críticos, comentó. Y no asumen como verdadera literatura la escrita por mujeres. Cree que se lo dieron porque escribió sobre la guerra… El canon lo establecen ellos y ellas son las que leen. Esto sucede en España. No así en el mundo anglosajón.

Hay que leer, leer lo que a cada cual le guste. Sin restricciones. Best sellers, lo que sea. El criterio selectivo vendrá después. No le gustan ni las banderas, ni las patrias, ni los nacionalismos, que se alimentan de agravios y son xenófobos, a su parecer. Es española porque no tiene más remedio. Y le ha firmado a quien esto escribe una dedicatoria muy cariñosa que termina diciendo: “¡Gracias por leerme!”.

Gracias a ti, Clara Usón, por escribir lo que y como escribes. A Alejandro Luque, impecable introductor. A la Biblioteca Infanta Elena y al Centro Andaluz de las Letras. GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS.

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