Archivo mensual: septiembre 2015

Recordatorio de urgencia para hoy

Esta tarde (martes 29 de septiembre) a las 20.30, en la Fundación Tres Culturas de Sevilla, sita en La Isla de la Cartuja, calle Max Planck, 2, se proyectará gratuitamente la ópera prima egipcia, ‘El Cairo,  678’, escrita y dirigida por Mohamed Diab. Fechada en 3010, su metraje es de 100 minutos. La fotografía está a cargo de Ahmed Gabr y la música, de Hani Adel.

Se trata de un drama, basado en hechos reales, sobre tres mujeres del país que han sufrido agresiones sexuales y como no se sienten respaldadas ni legal, ni socialmente, optan por la autodefensa. Cuando una de ellas clava un cuchillo en la ingle a su agresor, se convierte a la vez en heroína y en alguien de quien se recela.

Sus críticas son, en general, excelentes. Tales como ‘un apasionante alegato sobre la libertad femenina’, ‘acercándose a lo magistral’, ‘una cinta necesaria’, ‘denuncia y es interesante’ y un largo etcétera de elogios, que incluyen a su equipo técnico-artístico, especialmente a sus tres protagonistas. Premiada en varios Festivales, su visión es imprescindible. E, insistimos, la entrada es gratis.

‘Irrational man’: La sombra de la duda

Allan Stewart Königsberg, ciudadano neoyorquino del barrio de Brooklyn, universalmente conocido como Woody Allen, se convertirá en octogenario el próximo 1 de diciembre, pero está ya preparando su nuevo proyecto. Se mantiene en su objetivo de hacer una película al año, cuyo estreno en nuestro país suele coincidir con la rentrée otoñal.

Irrational man cumple esa premisa. Su metraje es el habitual también, 96 minutos en este caso. Su guión lo firma asimismo el propio realizador. La fotografía Darius Khondji y la música la ha puesto Ramsey Lewis.

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Basculando entre el drama, el misterio, aún sin llegar a ser un thriller, y la comedia, narra la historia de un profesor de filosofía heterodoxo, y al borde del abismo, recién llegado al recinto universitario de una pequeña localidad en la que su (mala) reputación le precede. Depresivo, alcoholizado y nihilista, recuperará las ganas de vivir convirtiendo en misión, por llamarlo así, un hecho delictivo. Al tiempo, se relacionará con dos mujeres muy distintas. Una colega y una estudiante universitaria.

Quien esto suscribe ha encontrado esta cinta bastante insatisfactoria, en general. Más aún por el hecho de que su tema tenía muchas posibilidades, tanto en la vertiente dramática como en la humorística. Pero, a su entender, no acierta con el tono ni en un caso, ni en el otro. No es suficientemente densa o profunda. Ni tampoco es suficientemente cínica, cáustica o simplemente amoral. Pese a sus ambiciones intelectuales, loables, se queda corta y deshilvanada.

Un arranque prometedor, y bastante divertido, hace concebir expectativas. En efecto, la primera media hora con la llegada de esa especie de antihéroe, sumido en un letargo auto destructivo, a su nuevo destino resulta brillante. Su amor por la filosofía, por el pensamiento y su repulsa hacia las convenciones y el modus vivendi reglamentado, resultan estimulantes. Tanto como los diálogos, tanto como el efecto que provoca en los-as estudiantes. Asimismo está muy bien que el protagonista aparezca con un físico acorde a la (mala) vida que lleva. Es decir, tripón y más bien fofo, lo que no le resta un ápice de atractivo.

Pero usa y abusa de la voz en off. Sigue siendo incapaz de relacionar a los hombres y a las mujeres en pie de igualdad, pese a la cita de De Beauvoir sobre la otredad del segundo sexo. Su tour de force con el personaje de la chica podría haber sido menos paternalista y hubiera ganado en ingenio. El de la profesora, pese a alguna que otra réplica, es perfectamente prescindible. En cambio, desaprovecha lamentablemente la ocasión de mostrarnos ese campus, claustro y alumnado incluido, con la mirada sardónica de la que es capaz.

En cuanto al meollo, así en abstracto para evitar spoiler, está mal dibujado y el proceso por el que se llega a él muy imperfectamente descrito. Esto por decirlo de una manera suave. Podría haber ahondado más en la contradicción casi irresoluble entre la empatía y la sociopatía, con las que se debate este peculiar sujeto. Es una pena porque tenía a su disposición elementos narrativos muy sugerentes y complejos para haber desarrollado la trama de la mejor manera posible. Y no. Lástima.

Pese a todo ello, dejar constancia de que tiene la buena factura marca de la casa. De que tiene a uno de los mejores actores de su generación, el magnífico Joaquin Phoenix, activista de los derechos animales y vegano por más señas.  De que tiene a una de las mejores actrices de su generación, la adorable Emma Stone. De que tiene a la otrora musa del indie, la estupenda Parker Posey, pese a lo anteriormente escrito sobre su papel. De que tiene destellos de su encanto, de su mejor cine y de su talento. Con todos sus defectos e imperfecciones, es evidente que no pueden, ni deberían, perdérsela.

‘En cartelera’: Otoño…

En este primer fin de semana otoñal, la propuesta estrella de la cartelera renovada es lo último de Woody Allen, ‘Irrational man’ que se exhibe, además, en versión original. Es ritual ya un estreno del cineasta de Manhattan a principios de esta estación hermosa, elegante, refinada y llena de promesas.

La historia sigue a un profesor de filosofía en crisis, a una colega,  a una joven alumna y a un misterio que les afectará a los tres. Con un trío protagonista tan atractivo como Joaquin Phoenix, Emma Stone y Parker Posey. La crítica, aún reconociendo sus valores, la ha considerado una obra menor. Pero, desde luego, no hay que perdérsela.

También en vos tenemos a tres cintas más. Dos alemanas y una brasileña. La primera nos llega con una semana de retraso, las mejores referencias y todo tipo de reconocimientos. Se trata de ‘Heimat’, de Edgard Reitz. Precuela de una trilogía, realizada por su firmante para televisión, en la que se narra, a través de una familia ficticia, la historia de su país en el pasado siglo. De visión obligada.

La segunda es ‘La camarera Lynn’, de Ingo Haeb. Acerca de una obsesiva camarera de hotel, que hurga en los secretos de la clientela hasta que los de una de ellas, muy especiales, darán un vuelco a su vida. Ha gustado, en general, y no debe obviarse.

La tercera es ‘Vientos de agosto’, de Gabriel Mascaro. Amores y desencuentros, en un pueblo del litoral, con un investigador de vientos y una pareja local de por medio. Las reseñas encontradas destacan su factura y su clima hipnótico. Habrá que comprobarlo.

Para terminar, dos títulos españoles que, en principio, no hay que obviar. La primera, una comedia lésbica coral y disparatada, ‘De chica en chica’, de Sonia Sebastián. El segundo es ‘El desconocido’, de Dani de la Torre. Mezcla de acción y crítica social sobre un ejecutivo de banca que se enfrenta a una situación peligrosamente explosiva.

Hasta quien esto firma llega y, al menos en el área metropolitana, las inéditas son dos esta semana. Una de terror de nuestro país, ‘Vampyres’, de Víctor Matellano.  Unos jóvenes artistas que acampan en un bosque cerca de un lugar donde viven mujeres extrañas e inquietantes. A la prensa especializada le ha interesado, en general.

La otra es una coproducción entre Argentina, España y Francia, ‘Eva no duerme’, de Pablo Agüero. Una historia diferente, y algo necrófila, sobre Eva Perón. Ha concursado en San Sebastián. División de opiniones.

No solo cine: Reencuentros

La cultura es una de las maneras que la animalista que esto suscribe tiene de hacer frente a los horrores que septiembre le depara. Tales como el ferozmente obsceno Toro de la Vega o las atroces becerradas de Algemesí, entre otros espantos. Entre otros espantos que mancillan al país, que los consiente y financia, y que manchan de tortura, sangre y muerte, de seres hermosos e inocentes, la belleza de este mes y las promesas del otoño.

Pese a todo, quien esto suscribe ha disfrutado de tres eventos culturales, de tres reencuentros con otras tantas actividades más que enriquecedoras y estimulantes. Dos de ellas son fijas en su agenda mensual. La tercera, segunda en el orden cronológico, coincide con otra y hay una lamentable incompatibilidad de fechas.

La primera fue el lunes, 14, vigilia de Rompe Suelas, con la vuelta del magnífico ciclo de documentales de la FNAC sevillana que coordina el crítico y amigo, Miguel Olid Suero. Nos deparó un excelente programa doble, más el plus de un tráiler sorpresa, de un filme que se presentaba en Sitges, homenaje a la malograda actriz sevillana, Soledad Miranda, a través de una fan estadounidense más que peculiar, por decirlo de manera suave.

Comenzó con el estupendo, y nominado al Goya en su género el pasado año, ‘El último adiós de Bette Davis’, de Pedro González Bermúdez. Sobre la visita a San Sebastián de la estrella, en 1989, para recoger el cuarto Premio Donostia y primero en entregarse a una mujer.

La actriz, octogenaria y devastada por el cáncer – de hecho, murió días después en un hospital de París – supo estar a la altura de su mito preparando cuidadosamente todas sus apariciones públicas, enfrentándose con sabiduría a un plante de fotógrafos, reinando en una rueda de prensa legendaria. La glosan entre otros-as, Diego Galán, a la sazón director del Certamen, Jaime Azpilicueta y la que fue su asistente personal. Inmensa, enorme Bette, genio y figura…

El corto, ‘Me llamo Olmo’, de Olmo Figueredo, presente en la sesión y que debatió luego con los y las presentes resultó muy singular y emotivo. En él se explica, dando voz a los y a las protagonista, las razones que impulsaron a ciertos padres y madres a llamar Olmo a sus hijos varones, pese a las dificultades burocráticas. Lo hicieron en homenaje al personaje de Gerard Depardieu en ‘Novecento’, de Bertolucci, quien, pese a estar delicado de salud, recibió en su casa a sus autores.

El jueves, 17, encuentro en La Casa del Libro con las tres N. N de novela, N de negra y N de Nesbo. En el excelente club de lectura, dedicado a este género literario, que coordina eficazmente el experto José Diego Pacheco. La celebrada ‘El muñeco de nieve’ fue el tema del debate. Se trazó una semblanza biográfica de este heterodoxo y singular autor noruego y de su atormentado y conflictivo personaje, Harry Hole, junto a los valores del propio libro. Más que interesante.

Para terminar, ayer mismo, jueves 24, el club de lectura al que quien esto firma se honra en pertenecer,  retomó su actividad en nuestra querida sede librera de La Extravagante. El encuentro fue en torno al libro – primero de una serie de 20 novelas – ‘La fortuna de los Rougon’, de Émile Zola. La ausencia de discrepancias, dada la incontestable calidad de la obra, no mermó interés a una apasionante sesión en la que el genio y su obra fueron analizados exhaustivamente.

La modernidad de un libro histórico, in situ, y tan político en su contenido. La riqueza de su prosa, tan vívida, tan lírica, tan emotiva, tan sensorial, tan cáustica y tan potente. La crónica de una época a través de una familia más que disfuncional. Sus irrepetibles personajes. Su devastadora visión de las clases sociales y de la condición humana. En resumen, estas lectoras tan cultas e ilustradas, junto a un invitado que no lo fue menos, aportaron sus miradas sabias, lúcidas y complejas con las que se superan en cada encuentro. Y, en un caso además también, la experiencia de haber visitado la casa del autor en Aix en Provence.

La cultura frente al horror. GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS.

‘B’: Testigo de cargo

En los títulos de crédito finales de esta película se dice que ‘cualquier parecido con la realidad ha sido inevitable’. Tanto como lo son las declaraciones de Luis Bárcenas, la obvia B del título, de las que se  da cuenta en ella. Declaraciones reales hechas en la instrucción de su caso el 15 julio de 2013, durante varias horas, ante el juez Ruz, su defensor, Gómez de Liaño, el fiscal y los abogados de las acusaciones particulares. Declaraciones que se hicieron en el marco de la Audiencia Nacional en el que el ex tesorero del Partido Popular renunció a seguir negando su implicación en la doble, e ilegal, contabilidad de su formación política.

78 minutos de intenso metraje en un único escenario, el ya descrito. Una ópera prima firmada por el navarro David Ilundaín, que coescribe también el guión junto a Jordi Casanovas en cuya función teatral, ‘Ruz-Bárcenas’ está basada. Subvencionada mayoritariamente a través de un crowdfunding, o financiación colectiva, de casi 800 personas, citadas asimismo en los créditos, para asegurar su independencia. Fotografiada por Ángel Amorós y asesorada en la dirección de actores por Alberto San Juan, otro de los artífices de la representación original en el Teatro del Barrio.

Ver y oír a este hombre -entonces preso, ahora en libertad condicionada – desgranar conocidos delitos tales como tráfico de influencias, financiación ilegal, contabilidad b, blanqueo y corrupciones similares que salpican a los nombres propios del poder ejecutivo de este país, en el pasado y en el presente, a la mismísima bancada azul aún, y pese a todo, en ejercicio, resulta, como poco, desasosegante.

Porque no es lo mismo leerlo que oír, recreados en esta suerte de docudrama, los extractos más relevantes de su declaración de entonces. Ver y oír a este hombre – encarnado por un excelso Pedro Casablanc , cuya candidatura a los Goya debería estar asegurada – expresarse con tales desfachatez, prepotencia y chulería de esta trama tan oscura de la que formó parte resulta, cuando menos, alarmante.

Un retrato en negro, negrísimo de las llamadas altas instancias de este país. Un documento devastador, justo y necesario. Una cinta que le saca el máximo partido dramático a una situación única, a un escenario inamovible, a unos personajes en sus roles, pero reactivos. A un reparto tan ajustado en sus caracterizaciones como en su trabajo interpretativo – con mención especial para un extraordinario Manolo Solo, otra nominación para él… – como el juez Ruz.

Magnética, valiente, poderosa y absorbente. Cine político complejo, sincero y apasionante, que también nos interpela como espectadores-as y como ciudadanía. Sigue aún, que sepamos, otra semana más en Nervión. Consulten horarios y sesiones pero, sobre todas las cosas, no se la pierdan.

Vistas y no vistas: Dos miradas de mujer

La permanencia en la cartelera sevillana de estas dos cintas, al menos en su versión original subtitulada, va a ser exactamente de una semana. El viernes salen, han confirmado fuentes de la empresa a quien esto suscribe. Se trata de películas francesas con el común denominador de estar realizadas por mujeres y de estar centradas en protagonistas masculinos, aún cuando sean  corales. Por lo demás, sus historias y puestas en escena son radicalmente distintas.

La primera es ‘La cabeza alta’, escrita y realizada por Emmanuelle Bercot. 120 minutos de metraje. Su fotografía está a cargo de Guillaume Shiffman y su banda sonora se debe a Éric Neveux. Inauguró la Sección Oficial de Cannes. Se centra en un chico inadaptado y conflictivo, con una madre joven e inestable y un hermano pequeño como única familia. Su progenitora, que mantiene con él una ambivalente relación afectiva, le abandona al no poder asumir su descontrol y agresividad.

Carne de delincuencia, tiene la suerte de encontrar en su camino a una jueza de menores empática y comprensiva, a un educador con un pasado similar y a una chica, hija de una de las responsables del centro donde se le interna, que le ayudarán a reconducir su vida.

Quien esto suscribe lamenta mucho decir que no le ha interesado en lo más mínimo esta propuesta tan previsible como bienintencionada y, a la postre, banal. Por otra parte, la forzada historia de amor y la conclusión le parecen incluso peligrosamente ambiguas. Demasiados tics y poca consistencia. La salvan únicamente la enérgica composición del protagonista, Rod Paradot y las correctas de Catherine Deneuve y Benoit Magimel.

En la segunda, ‘Eden’, Mia Hansen -Love, ha retratado 20 años en la vida de un DJ, basándose en las experiencias de su hermano, que coescribe el guión con ella, comenzando por la década de los 90. Fotografiada bellamente por Denis Lenoir. Y con una música en la que cohabitan el House, el Techno y sobre todo el Garage , la directora ha logrado un poderoso retrato generacional renunciando a los clichés de fondo y forma, pero mostrando escenarios y ambientes diversos en los que personajes reales se mezclan con los de ficción.

Un mundo de hombres en el que se mueve un joven inmaduro, adicto a las fiestas, a las sustancias ilegales, a la noche y a los sonidos. Un mundo en el que las mujeres acompañan y apoyan, pero nunca son protagonistas. Un mundo en el que el principio de la realidad está prácticamente excluido. Un mundo que recuerda de alguna manera al descrito por Michael Winterbottom en ’24 hour party people’. Un mundo, un clima, una puesta en escena y una atmósfera tan sugerentes e hipnóticas como difícilmente digeribles. O se entra o no se entra.

Dos miradas de mujer, pues, a las que, independientemente de sus valores – ya que las salas abundan en títulos mediocres – la exhibición hispalense no les ha dado apenas una oportunidad de ser vistas y valoradas en uno u otro sentido.

‘Sesión doble’: El peso y el paso del tiempo

Coinciden en nuestras carteleras dos películas norteamericanas en las que el tono de comedia se vuelve tan ácido como melancólico, tan amable como irónico, tan cáustico como elegante, tan refinado como corrosivo, tan incisivo como inteligente. Y en ellas, dos parejas son las protagonistas. Ambas viven en Nueva York y tanto las mujeres como los hombres que las integran son cultivados-as y creativos-as y se relacionan en pie de igualdad. Ambas pertenecen a lo que se ha dado en llamar burguesía ilustrada.

Estas cuatro personas, en las que dos ellas son bastante más jóvenes que las otras dos, se ven afectadas por el paso y el peso del tiempo y ello las lleva a iniciar cambios radicales. De vivienda en un caso y de amistades en el otro. En estos procesos acabarán de alguna manera encontrando su propio equilibrio y asumiendo sus limitaciones.

Hablamos de ‘Ático sin ascensor’, de Richard Loncraine y de ‘Mientras seamos jóvenes’, de Noah Baumbach. La primera está basada en una novela de Jill Ciment, escrita para el cine por Charlie Peters, fotografiada por Jonathan Freeman y con la banda sonora de David Newman. 92 minutos de metraje protagonizados por Ruth y Alex, un matrimonio mayor e interracial, moradores del   piso de Brooklyn, al que alude el título, durante más de cuatro décadas. Pero las dificultades para acceder a él, debido a las muchas escaleras, son cada vez más arduas y todo se complica cuando su anciana perra enferma y no puede caminar. Deciden poner en venta su hogar y hacer una inmersión, vía una amiga común, en el peculiar mercado inmobiliario, mientras recuerdan su vida allí, en paralelo a su  propia relación.

La segunda, escrita y dirigida por el propio realizador, tiene 97 minutos de metraje, su fotografía la firma Sam Levy y su música, James Murphy. En ella una crisis creativa del hombre, un documentalista  involuntariamente a la sombra de su famoso suegro, con el que mantiene una difícil relación, los lleva – ambos están en la cuarentena y han decidido no tener hijos, a diferencia sus coetáneos y amigos –  a vincularse con una pareja de veinteañeros hipsters . Lo que les conduce inevitablemente a  otra forma de sentir, comportarse, actuar y divertirse. Eso les estimula y dinamiza, pero también se hacen presentes contradicciones y verdades tan incómodas como inesperadas.

En ambos casos se trata de cintas adultas, con buena factura, guiones sólidos y una mirada crítica, pero no irreverente, ni especialmente transgresora, de fondo o forma. Pero desde luego mucho menos complacientes de lo esperable. Más honestas, complejas y reflexivas sobre los agravios de la edad. Sobre determinados retratos generacionales. Sobre la imposibilidad de la vuelta atrás cronológica. Sobre las peculiaridades de la oferta y la demanda en el mercado inmobiliario. Sobre el amor devenido en respeto y complicidad profundas. Con observaciones sabias y sagaces sobre todo ello y muchas más cosas que (nos) importan.

Y además están sostenidas por un reparto más que sólido, por unos-as intérpretes que dan lo mejor de sí mismos-as. En el primer caso, Morgan Freeman, Diane Keaton y Cynthia Nixon. En el segundo, por Ben Stiller, Naomi Watts, Amanda Seyfried y Adam Driver. Quien esto firma, por todo lo escrito, les invita a verlas.

‘En cartelera’: Miradas de mujer

Una oferta muy variada y ecléctica la de este viernes. Comenzamos por las que se exhiben en versión original subtitulada. Son tres. Dos francesas y una norteamericana. Las dos primeras, además, realizadas por mujeres que, si se unen a la danesa ‘Una segunda oportunidad’, de Susanne Bier, dan como resultado tres cintas de directoras en el cine Avenida. Un hecho estimulante por lo insólito.

La primera es ‘Eden’, de Mia Hansen-Love. Ambientada en los 90, es un drama musical y de iniciación basado en las experiencias como DJ del hermano de la firmante. Ha gustado mucho y se impone verla.

La segunda es ‘La cabeza alta’, de Emmanuelle Bercot. Sobre un chico inadaptado y conflictivo, una pareja que se  interesa por él, un centro educativo y un encuentro con una chica, que cambiarán su vida. No ha convencido demasiado, pero es de recibo constatarlo.

La tercera es ‘Everest’, de Baltasar Kormákur. Se desarrolla también en los 90 y está basada en el hecho real de las dos expediciones a la montaña mítica y los peligros que afrontaron. División de opiniones, pero… lo dicho anteriormente.

Ya doblada está ‘El caso Heineken’, una coproducción entre Bélgica, Países Bajos y Reino Unido, dirigida por Daniel Alfredson. Sobre el llamado secuestro del siglo del que fue víctima el magnate de la cerveza, a principios de los 80. Mezcla de drama, acción y thriller, ha generado contraste de pareceres, aunque habrá que verla.

Para finalizar una española, ‘B’, de David Ilundaín, una recreación del caso Bárcenas, basada en una obra teatral que ha interesado y no hay que perderse.

Las ausencias son dos. La también española, ‘El virus del miedo’, de Ventura Pons, acerca de un monitor de natación infantil sobre el que recaen sospechas de pedofilia, que no ha convencido. Y la alemana ‘Heimat’, de Edgard Reitz, precuela de una trilogía del  propio director sobre la historia de su país en el siglo pasado. Precedida de numerosos premios y de excelentes referencias.

Corazón silencioso: Cuenta atrás

Para Rompe Suelas, Toro de la Vega 2015, cuya cuenta atrás está a punto de acabar. Cuya cuenta atrás culminará en pocas horas, con un linchamiento atroz y salvaje, subvencionado con nuestros impuestos y consentido por el Gobierno y por la clase política.  Contigo, amigo. Con la hermosa gente animalista, que te acompañará en tu camino hacia el infierno. Contra la obscena barbarie que nos envilece como país.

 

El prestigioso cineasta danés Bille August, cosecha del 48, tiene en su haber dos Palmas de Oro en Cannes con ‘Pelle el conquistador’,  en 1987 y con ‘Las mejores intenciones’, cinco años después, en 1992. Posteriormente, tuvo un bache creativo pese a sus repartos internacionales con títulos, aunque separados en el tiempo, como ‘Smila: Misterio en la nieve’, ‘La casa de los espíritus’ o ‘Tren de noche a Lisboa’. Ahora, parece volver por sus fueros con esta su última propuesta fílmica que nos ocupa.

Vuelve por sus fueros, en el saldo positivo, construyendo un drama nórdico muy sólido, con ciertas reminiscencias teatrales, pero elegantemente filmado. Fechado en 2014. Escrito por Christian Torpe, fotografiado por Dirk Brüel y cuya banda sonora está a cargo de Annette Focks. Su metraje es de 97 minutos. La historia remite al fin de semana en el que tres generaciones de una familia recrean anticipadamente la navidad como despedida de la esposa, amiga, madre y abuela, una mujer fuerte y consecuente que, víctima de una enfermedad degenerativa, decide iniciar una inapelable cuenta atrás, con la complicidad de su marido, médico.

Bien dibujados los personajes en esta película tan coral e inteligentemente obviados clichés y lugares comunes. Esos clichés y lugares comunes, que hemos visto tantas veces en cintas en las que se reúnen grupos humanos unidos o desunidos por vínculos de sangre. En este sentido, sí es una narración muy adulta, de fondo y de forma. De temática – un tema tan tabú… – y de tratamiento.

Situaciones e interrelaciones. Conflictos, acuerdos y desacuerdos entre dos mujeres especialmente. Entre dos hermanas tan antagónicas como secretamente afines en sus fortalezas y debilidades. En sus miradas sobre una decisión irreversible que, aunque pretendan respetar, no comprenden, ni aceptan.

Dos hermanas que generan un magnífico tour de force interpretativo entre la excelente Paprika Steen – premiada en San Sebastián el año pasado por esta composición y presidenta del Jurado Oficial en esta edición – y la revelación de Danica Curcic, como la frágil e inestable Sanne. Pero no menos que Ghita Norby en un rol, el materno, tan complejo y complicado. Así como la sorpresa de Pilou Asbaek, un referente de la serie de culto ‘Borgen’.

Sin ser redonda, pues la complica y la alarga innecesariamente a veces y, desde luego, no es todo lo cruda y catártica que debiera, que el tema pide a gritos… Catártica, no efectista. Sin ser redonda, una cinta más que digna que debe ser vista.

Ciclo de documentales en la FNAC: Apertura de curso y cita imprescindible

Esta tarde, a las 19 horas, en la FNAC sevillana de la Avenida de la Constitución, se inaugura el nuevo curso del ciclo de documentales que coordina el crítico y amigo Miguel Olid Suero. Y lo hace a lo grande en una sesión, como la califica su responsable, “muy cinéfila”, compuesta de un corto y de un largometraje. Ambos, de realizadores españoles.

Por orden cronológico, se proyectará el largo, de 76 minutos de duración, ‘El último adiós de Bette Davis’, de Pedro González Bermúdez. En él se reconstruye, fuente de esa página imprescindible que es FilmAffinity, “la visita que la legendaria actriz realizó al Festival de San Sebastián para recoger el Premio Donostia a toda su carrera. Durante seis días, en su habitación planificó con detalle todas sus apariciones públicas. Muy poco después, moría en París y esta visita no tardó en convertirse en una de las grandes leyendas de la historia del Certamen”. Estuvo nominado a los Goya de su especialidad el año pasado y teniendo en cuenta que, precisamente, dicho Festival dará comienzo este próximo viernes, esta elección no puede ser más estimulante y oportuna.

El corto es ‘Me llamo Olmo’, de Olmo Figueredo, socio – junto a Manuel H. Martín – de la productora de cine La Claqueta, responsable de ‘La vida en llamas’.  Otro hermoso homenaje al cine pues, tras la visión de ‘Novecento’ de Bernardo Bertolucci y, como tributo al personaje de Gerard Depardieu en ella, algunos-as padres y madres decidieron llamar a sus hijos Olmo, pero se encontraron con muchas trabas. Su metraje es de poco más de 20 minutos y su realizador estará presente en la proyección y responderá a cuantas cuestiones se le quieran plantear en el debate.

Repetimos. Hoy, a las 19 horas, en la sevillana FNAC de la Avenida de la Constitución, este programa doble de apertura de curso de un ciclo de documentales que nadie, nadie, debería perderse.