Archivo mensual: enero 2017

‘La Palabra y la Imagen’: Recordatorio urgentísimo

Pasado mañana, miércoles, 11 de enero, a las 19.30 en la cuarta planta, sala de actividades de la sevillana Casa del Libro, calle Velázquez, tendrá lugar la próxima sesión de nuestra tertulia de cine ‘La Palabra y la Imagen’.

Debatiremos sobre la surcoreana ‘La doncella’, de Park Chan-wook, sobre la estadounidense ‘Paterson’, de Jim Jarmusch y sobre la coproducción entre España, Francia, Marruecos y Qatar,’Mimosas’, de Oliver Laxe, Premio Semana de la Crítica en Cannes y Especial del Jurado en el Festival de Cine Europeo de nuestra ciudad. Tienen las reseñas de las tres en este blog.

Nuestro invitado, un lujo y un honor, será el muy cualificado crítico, tertuliano y amigo, José Miguel Moreno Bautista, quien ya nos ha acompañado como conductor en otras ocasiones. Entre su amplio currículum destacamos colaboraciones en foros públicos como los del Monte o Linterna Mágica, talleres de cine y la dirección del programa cinematográfico La Gran Evasión, en la conocida emisora Radiópolis.

El interés está más que asegurado, ya que las tres películas tienen mucho de lo que hablar. El debate, con tal anfitrión, y l@s mejores tertulian@s del mundo mundial – que aportarán sus visiones, tan enriquecedoras y estimulantes – también. El clima que se crea es único y singular. Respetuoso, cálido y cómplice tanto en las coincidencias como en las discrepancias.

La entrada es libre. No se la pueden perder. Les esperamos.

 

 

 

‘Las inocentes’: Botín de guerra

La magistrada del Tribunal Superior de Justicia de Canarias, Glória Poyatos Mata, escribió en un excelente artículo publicado en El Huffington Post el 31 de marzo de 2016, que “hay un arma secreta en todo conflicto armado que se reproduce sistemáticamente, bajo la mirada anodina del planeta, cuya crueldad debería escandalizar la moral del mundo “civilizado”: es la violencia sexual extrema que se inflige sobre las mujeres. Una batalla que se perpetra en el cuerpo de ellas, que son el botín de una guerra decidida, financiada y ejecutada por hombres”·

Y esta aberración, basada en un hecho real, es de la que precisamente da cuenta la franco-luxemburguesa Anne Fontaine, cosecha del 59, en esta película que  nos ocupa. Da cuenta de las violaciones que miembros del ejército ruso cometieron contra unas monjas polacas en 1945, tras finalizar la II Guerra Mundial.

Da cuenta de que los embarazos, que siguieron a tan feroces agresiones, son descubiertos casualmente por una joven doctora francesa que atiende, en un hospital de campaña, a compatriotas heridos en la contienda. Su intervención cambiará las vidas de estas víctimas.

Y da cuenta de todo ello en 100 minutos de metraje. Con un guión que coescribe con Sabrina B Carine, Pascal Bonitzer y Alice Vial. Con una bellísima fotografía de Caroline Champetier y la música sutil y discreta de Grégoire Hetzel. Su factura es impecable, austera y hermosa.

Sabe transmitir la sensación de frío extremo del crudísimo invierno polaco, pero también la desesperación de unas religiosas en situaciones límites de sus cuerpos y almas, ante experiencias, para ellas aterradoras,  a las que habían renunciado. En un contexto cualquier cosa menos pacífico donde los enemigos acechan, con miedo a perder su querido monasterio.

Pero también la valentía y determinación de una doctora que las auxilia, se compromete y solidariza con ellas, a costa de sus descanso y a riesgo de perder su empleo, enfrentándose a las resistencias de sus pacientes a ser auscultadas y examinadas. Y la ternura con l@s bebés, pero también la negrura que se cierne sobre ell@s. Depara una ingeniosa solución narrativa en su final y muchos momentos emotivos, pese a su contención.

En todo ello, acierta. Aunque hay que reconocer que resulta reiterativa en la descripción de la vida conventual, que le sobra metraje y esa, por llamarla de alguna manera, forzada relación de la protagonista con un colega. También se dispersa en subtramas que restan potencial crítico al conjunto y al retrato de algunas secundarias.

Con sus pros y sus contras, una mirada de mujer más que digna, y reivindicativa de otras historias y de otra Historia, que debe ser vista.

‘Comanchería’: Rangers y ladrones

Según la imprescindible página de consulta Wikipedia, citada muy esquemáticamente, los rangers de Texas – donde transcurre la acción de ‘Comanchería’ – son un cuerpo especial del Departamento de Seguridad Pública de ese Estado creado en 1835. Actualmente sirven como fuerza de apoyo en situaciones de emergencia, bajo el control de la policía local o los sheriffs.

En la historia que se nos cuenta aquí, dos hermanos – uno divorciado, con dos hijos, más racional y el otro, ex convicto, más instintivo y violento – idean una serie de atracos para salvar la granja familiar. Paralelamente, dos rangers, muy diferentes también entre sí, investigan el caso e intentan identificarlos.

Producción norteamericana, de 102 minutos de metraje. La dirige el escocés David Mackenzie, cosecha del 66, que se la dedica a sus desaparecidos madre y padre. Su magnífica escritura se debe a Taylor Sheridan. La excelente fotografía, a Giles Nuttgens y la estupenda banda sonora, en la que los temas country son un elemento dramático más, a Warren Ellis y Nick Cave.

Con unos mimbres argumentales más bien trillados, el realizador construye una historia única, singular e intransferible, que no dejará indiferente a nadie. Mezcla de thriller, western contemporáneo y cine independiente, arroja una mirada impía sobre un territorio comanche de la América Profunda, el oeste de Texas.

Un territorio donde pieles rojas y blancas, representantes de la llamada ley y delincuentes de todas las calañas, se enfrentan por unos miles de dólares custodiados por entidades tan turbias como los bancos. Un territorio masculino donde las mujeres están en la retaguardia, pero son lúcidas y realistas. Donde la xenofobia más insultante, vía “bromas pesadas”,  se disfraza de compañerismo, pero no exime del afecto, ni de la lealtad.

Donde inteligencias agudas, aunque toscas en sus formas, se miden hasta en los detalles más nimios. Donde dos hombres se retan en uno de los finales más poderosos, al par que sutiles, que nos ha sido dado ver en los últimos años. Donde una anciana camarera impone sus pautas a la clientela. Donde el ingenio, aliado a la brutalidad, resulta una combinación explosiva. Donde… y así podríamos seguir.

Inteligente, lúcida, feroz y corrosiva, con un humor tan cáustico como desternillante. Compleja hasta en sus más mínimos detalles. Con un guión redondo y preciso como un mecanismo de relojería. Potente y descarnada. Demoledora y negra, negrísima. Con un reparto en estado de gracia en el que destacamos las excelentes composiciones de  Jeff Bridges, Chris Pine y Ben Foster.

Viene merecidamente precedida de críticas superlativas, reconocimientos y nominaciones, como tres a los Globos de Oro, y ya en la carrera hacia los Oscar. No permitan que se les escape. Bajo ningún concepto deberían perdérsela.

 

‘Frantz’: Heridas de guerra

Cuando se filma un remake, aunque sea una versión muy libre,  de una obra maestra de un maestro como Ernst Lubitsch – tal que ‘Remordimiento’ (The Broken Lullaby’, 1932) – hay que pagar un peaje. Las comparaciones resultan inevitables. A veces, también odiosas. De todas formas, François Ozon – cosecha del 67, un cineasta tan sugerente como irregular, capaz de lo mejor y de lo peor – ha arriesgado aquí con todas las consecuencias. Y esa valentía le honra.

Pero también es cierto que la película original es una ilustre desconocida en la filmografía de su autor para el-la espectador-a media, e incluso para las personas más inquietas y cinéfilas. En este caso, el francés juega con ventaja. Curioso que, como en la Historia y en el relato, también hay aquí un contraposición franco-alemana o germano-francesa.

Escrito todo esto, ‘Frantz’ es delicada, tiene una factura impecable, un aliento lírico y trágico, romántico y antibelicista, un hermoso tratamiento cromático en el que se alternan el blanco y negro básico y el color, para ciertas y especiales ocasiones.

Transmite una visión desesperanzada y muy dolorosa de las heridas de una guerra aberrante, imperialista y patriarcal, la I Mundial en este caso, en la que los progenitores de ambos bandos empujaron a sus hijos a matar y a ser asesinados. Y el remordimiento, y el duelo, y la necesidad de perdón, que se derivan de saber que tu supuesto enemigo es tu semejante. Alguien tan sensible y cultivado como tú, alguien que, como tú,  quería vivir y amar.

Todo ello sabe contarlo muy bien el realizador, especialmente en la primera parte. Una primera parte que es muy fiel al espíritu de su modelo pero que, al tiempo, está dotada de una poderosa voz propia y de unas singulares señas de identidad, en su fondo y en su forma.

La segunda es otra cuestión. Ahí se desmarca claramente del original, para bien y para mal. Para bien, porque nos regala el punto de vista del país vencedor y de las suspicacias que despierta allí una joven de nacionalidad enemiga, como las que despertó el soldado francés protagonista en Alemania, cuando pretendió purgar lo presuntamente imperdonable. Para bien, porque nos regala también la mirada de esa chica singular y culta sobre una ciudad tan fascinante como hostil.

Para mal porque complica innecesariamente la historia, que en el original era redonda. Para mal porque, para quien esto firma, sobran los personajes de la familia y entorno del joven. Para mal, por la visión misógina de una madre dominante. Para mal, porque el relato exigía otra conclusión y la elegida resulta artificiosa y postiza.

113 minutos de metraje. La preciosa fotografía es de Pascal Marti. Y la no menos excelente banda sonora, de Philippe Rombi. Pierre Niney y Paula Beer ofrecen lo mejor de sí mismos, todo su talento. A su lado, el resto del reparto, si bien digno, queda apagado. Especialmente en lo que se refiere al padre del Frantz del título, que no puede luchar con el recuerdo imborrable de la extraordinaria composición del gran Lionel Barrymore en la película original.

La disfrutarán mucho más quienes no conocen la versión de Lubitsch. En cualquier caso, una propuesta valiosa y notable, que debe ser vista de todas, todas.