Lo que la cartelera se llevó. Parte 1: ‘La búsqueda de la felicidad’: Una vida

Sevilla no es una ciudad proclive al cine más minoritario, aunque sus códigos sean los comerciales al uso. Salvo, y aún así…, que dichas propuestas se estrenen en el local de referencia de la cinefilia autóctona, que ya saben cual es. Estas dos películas, que aquí se comentarán brevemente, duraron apenas una semana en la cartelera. Pero quien esto firma, a quien se le cruzaron otras y otros eventos que impidieron sus reseñas a tiempo, quiere dejar constancia de sus valores y recomendarles, al tiempo, que se hagan con ellas  bien en DVD o en las plataformas de su elección.

La primera es la británica ‘La búsqueda de la felicidad’ de Dominic Savage – escritor, actor y director inglés, de la cosecha del 62, cuya carrera tras la cámara se había desarrollado fundamentalmente en la televisión – quien filma en esta su ópera prima – que también escribe – la desasosegante historia de una mujer – una magnífica Gemma Arterton – que, asfixiada en su claustrofóbico microcosmos doméstico con un marido – excelente Dominic Cooper – que la sofoca, maltrata, controla – y que cree saber en todo momento que es lo mejor para ella en cualquier plano, incluido el sexual, contando con un consentimiento que no es tal –  y  con unos hijos con los que no conecta, toma una decisión que le cambiará la vida.

El realizador sabe transmitir – en los 101 minutos de metraje de un relato, muy bien fotografiado por Laurie Rose y con una delicada banda sonora que no se hace presente más que como subrayado necesario debida a Alexandra Harwood y Anthony John – el pathos cotidiano de una mujer alienada y doliente.

El pathos cotidiano de una víctima que deber representar un papel de madre, esposa y ama de casa al uso, con el que no se identifica y que es  más producto del miedo al enfrentamiento con su colérico cónyuge. Todo ello en clave de unas aparentes pasividad y resignación que son ya todo un síntoma.

Todo ello habitado por largos silencios, miradas, gestos y diálogos, tan expresivos como perturbadores, que convierte el abuso de poder que sufre, con especial hincapié en el terreno sexual, en algo diferente y mucho más insoportable. Y que nos hace empatizar con ella en cada momento.

Lástima que luego, en su segunda parte, derive en algo más convencional con una relación furtiva, aunque sensible y placentera como contrapunto, o encuentros – como con el personaje que interpreta Marthe Keller – que sobran, en opinión de quien esto firma y restan aristas a lo anteriormente narrado, hasta un punto en que parece desmentirlo y hasta redimir lo irredimible…

Hasta ahí puede leerse. En cualquier caso, si pueden, háganse con ella.

 

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