Nueva normalidad en serie (s). Episodio 12. ‘The sinner’, temporada 3: Cautivos del mal

Este pasado viernes, 19 de junio, se estrenaba en Netflix la tercera temporada de esta inquietante y espléndida serie a cuyas dos anteriores se dedicó el episodio 10 de estas entregas. Hoy, tres días después, con el inicio tanto del verano como de la llamada, de forma insatisfactoria, “nueva normalidad”, esta firmante se dispone a reseñarla para ustedes en este blog.

Lo primero es recordar su ficha técnica. Producción estadounidense fechada este mismo año. Creada, producida, escrita – junto a Samir Mehta y Nina Braddock, adaptando el libro homónimo de Petra Hammesfahr – y realizada, junto a Antonio Campos, por Derek Simmonds. Consta de ocho episodios de aproximadamente una hora de duración. Su factura, clima y puesta en escena son impecables. La excelente fotografía está firmada por Radium Cheung y la desasosegante, y a veces efectista, partitura se debe a Ronit Kirchman. Fuente: FilmAffinity.

Ofrece algunas variantes respecto a sus predecesoras. En su historia, se investiga el accidente – pues se da por hecho que lo es – de un joven y estimado profesor, que lleva una vida aparentemente modélica con su esposa, una mujer estupenda que está a punto de dar a luz al primer hijo de ambos. Junto a él viajaba un amigo de la universidad que murió. Nada es sospechoso, pues, hasta que… nuestro viejo amigo Harry Ambrose que se ha instalado en Dorchester, procedente de Michigan, comienza a indagar  el asunto y al citado personaje. 

También nos es dado conocer a la hija y al nieto del detective y vislumbrar su atracción incipiente por una pintora tan solitaria como él. Tod@s ell@s se verán, directa, indirecta y peligrosamente, salpicados por el caso. Hasta ahí puede y va a leerse. Aunque sea norma de obligado cumplimiento destacar los talentos de un reparto encabezado por el como siempre espléndido Bill Pullman al que le dan una réplica más que digna Matt Bomer, Chris Messina, Jessica Hecht, Parisa Fitz-Henley o Eddie Martinez, entre otr@s.

Un relato ambicioso, turbio, espectral, habitado por un nihilismo filosófico, tan (auto)destructivo como perturbador, en el que se cuestiona el modus vivendi más convencional mediante juegos peligrosos y letales en los que el límite siempre está más allá. Al contrario que en las dos anteriores, no hay candor, ni inocencia, en el personaje central con el que, incluso por parte del propio Ambrose, resulta dificil empatizar aunque tenga algunos, pocos, momentos conmovedores.

Eso y que el guión se pierde y diluye en ocasiones en subtramas innecesarias y a menudo vacías de contenido. Eso y el que no se llegue a las últimas consecuencias en la relación entre Jamie y Nick… hacen que esta tercera entrega no resulte tan estimulante y redonda como la primera y la segunda, pese a sus muchas y perturbadoras sugerencias ya descritas. Siempre, claro, en la opinión personal, subjetiva e intransferible de quien esto firma.

Pero, desde luego, que hay que verla. Háganlo.

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