The way back: Aflicción

Un hombre, una ex figura de baloncesto, con trofeos en su haber, malvive con un trabajo que no le interesa y bebe como si no hubiera un mañana. Entregado al alcohol, en su nevera apenas si caben más que botellas cuyo contenido, disimulado a modo de termo, lleva consigo a todas partes. Sus noches no tienen más destino que un bar cutre after hours en el que un amigo de su padre le acompaña a casa, ambos perjudicados y sin apenas tenerse en pie.

Esta historia comienza un Día de Acción de Gracias y nuestro protagonista – un enorme Ben Affleck, que debería ser candidato a todos los premios – se ve obligado a rendir la inevitable visita familiar, a instancias de su hermana que ahora vive con su madre e hijos, a la que él suele tratar con aspereza. Como a su ex, ambas mujeres sensibles e íntegras, que se interesan por su estado, salud y bienestar.

Así que este ciudadano, la causa de cuya profunda aflicción y deterioro vital conoceremos luego, es sorprendido con la propuesta de entrenar a un equipo de alumnos de su disciplina deportiva del instituto católico que fue testigo de su gloria. Un equipo perdedor, desastroso y con componentes bajitos, por si todo ello no fuera poco. Tras dudarlo mucho, acepta y…

Bien. Pues aunque lo parezca, esta no es, aún siéndolo también, una historia de redención al uso. Aunque lo parezca, esta no es, aún siéndolo también, una historia de jugadores motivados por un técnico muy particular. Aunque lo parezca esta no es, aún siéndolo también, la crónica de algunas inesperadas gestas triunfales. Aunque lo parezca este no es, aún siéndolo también, el drama de un hombre roto que finalmente consigue recomponerse.

Porque no hace concesiones autocomplacientes y elude cualquier cliché. Porque filma con intensidad y brío, con una puesta en escena tan vibrante como desesperada, el juego de la cancha y el de la existencia. Porque está habitada por personajes reales, atormentados y complejos. Porque se beneficia de unas factura y guión impecables. Porque aunque su protagonismo sea masculino plural, hay dos mujeres claves – a las que ya se ha aludido anteriormente – en la trama.

Porque es sobria, potente, no juega con la tragedia y por ello resulta más intensamente emotiva. Porque describe muy bien el duelo y la autodestrucción. Porque sabe que ese camino de vuelta, al que alude el título, no es una línea recta. Porque siendo tan oscura guarda un resquicio para la esperanza…

Producción estadounidense de 108 minutos de metraje, fechada en este mismo año. Dirigida y escrita, junto a Brad Ingelsby, por el productor, guionista, actor, dramaturgo y realizador Gavin O’Connor, cosecha del 63. Su excelente fotografía la firma nuestro compatriota Eduard Grau y su modélica y sutil banda sonora, Rob Simonsen. Su reparto es espléndido, hasta en l@s más secundari@s, pues los caracteres están muy cuidados.

Que no se les escape. Es un consejo.

 

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