Archivo mensual: septiembre 2020

‘Nunca, casi nunca, a veces, siempre’: Dos días en Nueva York

Esta firmante va a comenzar esta crítica por el final. Esta firmante va a recomendarles encarecidamente la visión de esta película, a la que todos los reconocimientos le son debidos, Gran Premio del Jurado en Berlín, Premio Especial del Jurado, en el apartado Drama, en Sundance y Premio TVE Otra Mirada en San Sebastián. Y no serán los únicos. Al tiempo…

Esta firmante se siente orgullosa de otra mirada fílmica de mujer singular y extraordinaria. Esta firmante se ha estremecido ante ese ojo de la cámara sensible, lúcido, inteligente, realista, áspero, dramático y conmovedor, pese a ser tan insobornable y bronco, sobre el viaje a Nueva York – desde su Pennsilvanya de origen – de dos adolescentes, primas y amigas, para conseguir el objetivo de la interrupción del embarazo de una de ellas, decisión sobre su cuerpo y su vida que en su Estado le niegan.

Una Nueva York exenta de glamour y de referente icónicos y apenas entrevista más que a través de autobuses, metros, salas de espera, consultas, quirófanos y estaciones. Una Nueva York más bien sombría y nada hospitalaria, en la que no hay más asideros para estas chicas, con la única dirección de la clínica como referencia, que el dinero que no tienen porque todo, en una sociedad tan ultraliberal y en una sanidad copada por los seguros médicos, tiene un precio.

La realizadora no hace militancia, ni toma partido, ni enfatiza, ni subraya, pero su compromiso es innegable. La realizadora le toma el pulso a un tema, reconvertido en espinoso, en el que la legítima decisión de la mujer se ve interferida por el puritanismo de su país, pero también documenta las posturas a la contra más razonables, las otras opciones posibles, aunque inviables para la protagonista. A un tema en el que la inquebrantable decisión de una joven de 17 años debe superar prueba, tras prueba, entrevista tras entrevista, pago tras pago, hasta llegar a ese momento final en el que todo acaba.

Y también nos es dado ver donde todo comienza. En las circunstancias familiares, laborales y sentimentales de esta misma chica, que son descritas con mano maestra con apenas un par de pinceladas, Desde esa canción que canta al principio, con esa letra… En dos adolescentes que no se tienen más que la una a la otra y que deben asumir indignidades y abusos, sutiles o burdos, masculinos, a fin de que un accidente no se convierta en una cadena perpetua, En dos cuerpos que no controlan, que no son enteramente suyos, que se les rebelan, sobre todo al personaje central.

En la solidaridad de quien es capaz de delinquir y dejarse sobar para conseguir una liquidez que no tienen en una ciudad que nunca duerme y en la que no les es permitido un techo para dormir. En ese cuestionario que tanto (nos) revela – y a ella misma – con las respuestas que dan título al filme: Nunca, casi nunca, a veces, siempre. En tantas otras cosas que verán por sí mism@s…

Producción estadounidense, fechada este año, de 101 minutos de metraje. Su escritura se debe también a su directora, la guionista, productora y cineasta neoyorquina Eliza Hittman, cosecha del 79, de la que es la tercera de su filmografía. Más mujeres prestigiosas enriquecen su ficha técnica: en la espléndida fotografía – tan rugosa, áspera y quirúrgica como la historia que cuenta – debida a Héléne Louvart y en la banda sonora tan sutil en sus presencia y ausencia que firma Julia Holter. En el reparto brillan con luz propia las prodigiosas y magnéticas Talia Ryder y, sobre todo, Sidney Flanigan.

Dura, desabrida, sin anestesia, dolorosa, emocionante. Absorbente, en sus silencios, miradas y planos tan cercanos, en su corporeidad. Un poderoso drama, una joya absoluta de visión imprescindible.

Háganse el regalo de no perdérsela.

Hasta siempre, querida Cristina

Escribir que Cristina Abad, madrileña afincada en Sevilla, era -¡¡¡escribirlo en pasado, desde esta tarde en la que su ausencia se ha hecho irreversible!!!- periodista dedicada a la comunicación corporativa, Master en Guion, Narrativa y Creatividad Audiovisual por la Universidad hispalense, subdirectora de la revista cinematográfica Fila Siete, codirectora del ciclo Personas y Personajes, ponente en jornadas, debates, mesas redondas y presentaciones de películas y crítica documentada y experta, entre un largo etcétera… con ser tanto, sabe a poco.

Y sabe a poco porque es solo un pálido reflejo de una personalidad generosa, amable, bondadosa, culta, cultivada, habitada por la elegancia, la lucidez, el encanto personal y el sentido del humor. Era una crítica excelente, analítica, documentada, atenta al detalle, comprometida con el hecho cinematográfico desde el conocimiento, la inteligencia y la sensibilidad de las que estaba sobradamente dotada. Y sabía transmitirlo con sencillez y erudición, con una tan rigurosa como compleja naturalidad.

Tuvimos ocasión de comprobarlo en la tertulia Luis Casal Pereyra donde nos regaló, en más de una ocasión, lecciones de cine y de vida. Como muestra y recuerdo este ejemplo, del que traigo el enlace:

https://sevillacinefila.com/2018/03/07/tertulia-de-cine-luis-casal-pereyra-temporada-6-la-hora-de-las-mujeres/

Pero también, con – se insiste – sus probadas bondad y generosidad, tan empáticas y solidarias, estuvo ahí, pese a tener que dejar un compromiso previo, en el homenaje al querido Luis. Aquí su enlace:

https://sevillacinefila.com/2017/05/10/tertulia-de-cine-luis-casal-pereyra-temporada-5-a-flor-de-piel/

En otro orden de cosas, esta firmante nunca olvidará su templanza, su serenidad, su talante tan ecuánime, en las salidas de las proyecciones del SEFF ante la arrolladora intensidad de quien esto firma en sus comentarios de las películas. ¡¡¡Cuanto te echaremos de menos en el Festival, en la tertulia, en el cine y en la vida, querida Cristina!!!

Hace dos semanas, tan solo dos semanas…, un amigo común me alertó de tu extrema gravedad. La maldita enfermedad maldita hizo mella en ti, recién llegada de tus vacaciones, y no te dio más que esos catorce días de tregua. Tan agresivo y violento fue su ataque. Poco después supe, por otra amiga común, de tu entereza admirable ante el terrible diagnóstico: “estad tranquil@s, que yo estoy tranquila” le transmitiste. Y respondías, ya casi sin fuerzas, a los wasaps y mensajes de cariño e interés que te enviaban.

El mío, en el que te emplazaba a la próxima edición del Festival de Cine Europeo de Sevilla: “Vamos palante que nos tenemos que ver en el próximo SEFF del 6 al 14 de noviembre. TÚ PUEDES. Besos enormes” no llegaste a leerlo. Y no pudo ser. Maldita enfermedad maldita. Maldito 2020. Tan joven, tan hermosa por dentro y por fuera, tan valiosa, tan válida, tan valiente…

“La vida no es noble, ni buena, ni sagrada” escribió Federico en su ‘Oda a Walt Whitman’. No lo ha sido contigo. No lo ha sido con quienes te queríamos y ahora solo nos quedan tu recuerdo y la desolación más absoluta.

Gracias por cuanto nos diste. Allí donde estés, llévate todo nuestro cariño, nuestra estima y nuestro respeto.

Hasta siempre, querida Cristina.

‘En busca de Summerland’: Historia y mitos

Otra mirada cinematográfica de mujer en este verano que, cuando se escriben estas líneas ha dado ya paso al otoño, diferente, tan diferente…, pero que, sin embargo, sigue la tónica estacional de la proliferación de estrenos de realizadoras en nuestras carteleras.

Para lo mejor, porque las descubrimos y nos permite seguir sus trayectorias y para lo peor, pues, al ser temporada baja, son menos vistas. En cualquier paso, esta siniestra distopía en la que vivimos – y en la que nada tiene ya nada que ver con lo de antaño – lo ha cambiado todo, aunque la tónica citada persista.

Quien la filma y firma su escritura, y debuta con ella en el cine, es la dramaturga, guionista, directora teatral, escritora y cineasta británica Jessica Swale, cosecha del 82, ganadora de un prestigioso premio, el Oliver, a su obra dramática ‘Nell Gwynn’, que protagonizó precisamente el personaje central de esta película, la excelente Gemma Arterton.

Ambientada en la II Guerra Mundial, sigue a una escritora solitaria e insobornable que redacta su tesis doctoral sobre folclore y mitología en la costa de Kent donde vive. Considerada la rara avis del pueblo al transgredir todas las convenciones sociales y sufrir el hostigamiento de la chiquillería local en su propia casa, se ve forzada – con gran disgusto por su parte – a acoger a un niño, Frank, estupendo Lucas Bond, como parte del programa de evacuación de los menores hacia localidades alejadas de las grandes ciudades, muy peligrosas para ell@s durante la contienda.

Pese a los resquemores y hostilidad iniciales por parte de ella, se irá estableciendo progresivamente un estrecho vínculo de complicidad y afecto entre ambos. El chico conseguirá que abra su corazón, en el que guarda la nostalgia incurable de un amor del pasado, y hará realidad una leyenda celta, la Summerland del título original, más ajustado e idóneo que el innecesariamente explícito castellano. Además sus orígenes le generarán una sorpresa inesperada. Ella, por otra parte, estimulará sus conocimientos, su curiosidad científica y su creatividad.

Descritas así las cosas, puestas en contexto, quien esto firma ha experimentado sensaciones encontradas ante ella. Por una parte, ha valorado su mensaje feminista ante una relación lésbica interracial que elude los tópicos al uso del amor prohibido, pese a la época en la que se desarrolla, para centrarse en el fuerte vínculo afectivo-erótico de dos mujeres independientes que se separan porque el objetivo vital de una es incompatible con el de la otra. Y esta última lo y la respeta.

También ha disfrutado con su factura impecable. Con los hermosos paisajes y con el tratamiento, a nivel de puesta en escena, en los que la historia y el mito se entrecruzan. Con la química entre la mujer y el niño. Con eso tan inglés de integrar al diferente, ex-céntric@ – la diferente, aquí – en una comunidad cerrada, aunque merezca los reproches y el cruel acoso infantil pero que está también llena de humor. Con el inicio y el final tan circulares en los que la incredulidad se trastoca en sorpresa.

Pero… debería haber incidido más en los pormenores de un romance, muy superficialmente tratado en flashbacks, insólito en tiempos de guerra. En la situación de las mujeres en ella, especialmente de las que no se ajustaban a la heteronormativa vigente. En la de la niña cómplice de Frank, muy estimulante y prometedora, a la que no rescata en la conclusión. Más rigor y menos azúcar, quizás. Aunque no resulte especialmente empalagosa.

Producción británica fechada este año, de 99 minutos de metraje. Ya hemos escrito que el guion corre a cargo también de la realizadora. Su hermosa fotografía se debe a Laurie Rose y su bella banda sonora a Volker Bertelmann. El reparto muy sólido, marca del país, en el que, aparte de Gemma Arterton y Lucas Bond, ya citados, podríamos destacar a la gran Penelope Wilton ( ‘Downton Abbey’ ) en un corto papel, a la carismática Dixie Ejerickx o a Gugu Mbatha-Raw.

La ingrata cartelera de nuestra ciudad apenas si le ha dado una semana… Pero consúltenla porque aún puede verse en alguna sesión suelta. Y merece una oportunidad.

Nueva normalidad en serie (s). Episodio 22. ‘Cormoran Strike’. Temporada 1: Joanne y Robert

Joanne es la mundialmente conocida como J. K. Rowling, escritora, productora de cine, filántropa y guionista británica, de la cosecha del 65, autora de la mítica serie de libros de Harry Potter, entre otras muchas obras. Pero no solo eso…

Es también una feminista convencida que ha sufrido y sufre una intolerablemente injusta caza de brujas – liderada, entre tantas otras, por gentes que le deben fama, carrera y fortunas – por luchar contra el borrado de su sexo. Por afirmar que “Si el sexo no es real, no hay atracción hacia el mismo sexo. Si el sexo no es real, la realidad vivida de las mujeres a nivel mundial se borra”.

Y también que, como superviviente de abusos y violencia machista, considera un peligro para las víctimas que sus espacios dejen de ser exclusivos para ellas. Tal afirmación generó aplausos para su maltratador y verdugo… Esto expresado muy esquemáticamente, puesto que no es el tema de esta entrada y ya ha sido tratado, con todo el rigor y magisterio, por compañeras muy cualificadas del Movimiento.

Robert, Robert Galbraith, es su alias, o seudónimo, para su otra saga literaria. La de las, hasta ahora, cinco novelas policíacas protagonizadas por el detective Cormoran Strike y su ayudante, luego socia, Robin Ellacott. Estos libros han dado lugar a la producción audiovisual que nos ocupa, cuya primera temporada consta de siete episodios, de aproximadamente una hora de duración, que recogen los tres primeros libros de la serie en su mismo orden cronológico.

O lo que es lo mismo, tres dedicados a ‘El canto del cuco’, dos a ‘El gusano de seda’ y otros tantos a ‘El oficio del mal’. Fechada en 2017, es una producción de BBC One, BBC, Brönte Film and TV que puede, y debe, verse en HBO. Los guiones de los episodios los firman Tom Edge, Ben Richards y la propia autora.

Han sido dirigidos por Michael Keillor, Kieron Hawkes y Charles Sturridge. Su muy cuidada fotografía se debe a James Friend, Hubert Taczanowski, Gary Shaw y Maja Zamojda. Y su acertada banda sonora es de Adrian Johnston. Del reparto, muy sólido y convincente – tod@s ingleses-as, la única condición de la autora, algo acertado y comprensible – como es marca de las producciones del país, destacamos a la pareja protagonista Tom Burke – visto en series como ‘Casanova’ o ‘Los mosqueteros’ – y Holliday Grainger, vista en series como ‘Los Borgia’ o ‘Bonnie and Clyde’. Fuentes: FilmAffinity y Wikipedia.

Algunas cosas que, sin incurrir en spoilers, conocemos a lo largo de las tramas de la pareja protagonista. Una pareja protagonista cuya química es uno de los grandes valores de la serie, cuyo primer encuentro es impactante y cuyo vínculo va creciendo sin caer en tópicos, ni clichés, románticos al uso. Sus afecto y estima mutuos son progresivos y se relacionan – aún siendo él el jefe y ella la ayudante – en pie de igualdad, pese al escalafón laboral que les separa.

Cormoran es “el producto de un polvo rápido”, en palabras de su progenitor, entre este, una estrella del rock a quien no ve…, y una supermodelo de fin trágico a quien adoraba. También una hermanastra encantadora, que aparece fugazmente, y que se preocupa por él. Tras la muerte de su progenitora, se enrola en el ejército de misión en Afganistán. Salva su vida milagrosa y casualmente -tendrán la ocasión de ver la dramática escena – pero pierde una extremidad, lo que le provoca secuelas físicas y psicológicas.

Tiene una relación tormentosa con una mujer, que se rompe ya en el primer episodio, y ha abierto esa pequeña agencia. Desordenado, caótico, tenaz, bondadoso, inteligente, culto y sensible, se mueve más por la empatía que por las ganancias en los casos que acepta. Es un hombre querido en general, aunque tenga enemigos peligrosos, y transita con soltura por todos los entornos. Incluso el policíaco ortodoxo a través de un inspector con el que comparte información.

Robin es inteligente, lista, de rápidos reflejos y hermosa por fuera y por dentro. Está prometida en matrimonio con un tipo más bien desagradable que la quiere, pero que no la merece. Abandonó sus estudios de psicología, una de sus pasiones junto a la investigación, por un suceso muy traumático, ya se verá cual. Empática, bondadosa y sensible, es capaz de abandonar un trabajo prometedor por seguir su vocación. Fuerte, segura y determinada pone orden en el despacho, y hogar, de Cormoran y le aporta su imprescindible punto de vista en los casos que comparten.

Ambos nos introducen en microcosmos tan antitéticos, dentro de una Londres llena de magnetismo y contrastes, como el universo de modelos y fotógrafos, el de la escena literaria y el del pasado del protagonista en los que los secretos, las mentiras, las traiciones, la crueldad, el engaño, la belleza, el horror, el peligro, la ternura, la ferocidad, el bien y el mal coexisten. Ella, él y unos personajes secundarios muy bien tratados y trazados, que logran asquearte y conmoverte. Que mantienen siempre tu atención.

No es innovadora, ni extraordinaria, pero posee una factura impecable y está habitada por el encanto y el interés. Súmense a Joan, Robert, Cormoran y Robin y VÉANLA.

‘Las niñas’: Una mochila muy pesada

“La herencia de la educación es una mochila muy pesada”. Son palabras de Pilar Palomero – escritora, guionista, documentalista, cortometrajista y cineasta aragonesa de la cosecha del 80, cuya ópera prima es esta que nos ocupa – a Begoña Piña, en una magnífica entrevista del pasado día 4 de este mes de septiembre, que puede, y debe, leerse en Público.

Una entrevista en la que ambas mujeres diseccionan ese tiempo de contrastes – los años 90 donde está ambientada esta historia con muchos tintes autobiográficos – en la política, en el país, en lo público, en lo privado y en lo que se refiere a la socialización de niñas y mujeres.

La entrevistadora citada lo expresa muy bien en un párrafo que esta firmante suscribe en su integridad: “El rancio y venenoso modelo de la mujer ama de casa sumisa y obediente… y el otro patrón de la mujer excesivamente sexualizada que dominaba en la sociedad distorsionaron el paso de la infancia a la adolescencia de millones de niñas españolas”

En efecto, nada más cierto. Muy esquemáticamente, y sin ninguna pretensión sociológica, los Juegos Olimpicos de Barcelona, la Expo de Sevilla, la Unión Europea, la prosperidad coexistiendo con la crisis en la escena política, junto a los coletazos de la movida, los llamados todavía “crímenes pasionales”, las presuntas “libertades” individuales impregnadas de machismo y heterosexismo en la cotidianidad, el cine o la televisión… formaban un totum revolutum que integraba también la represión más oscurantista en los centros religiosos y en entornos cerrados, ferozmente conservadores y nada permeables a los cambios.

En este último escenario – en el año de gracia de 1992, en su Zaragoza natal – sitúa la directora la historia de una niña de 11 años – muy probablemente su alter ego, muy probablemente la niña que ella fue – hija de madre soltera, aunque supuestamente viuda, y su algo prematura iniciación a la adolescencia a través de una chica nueva y rebelde, compañera de colegio, y de las hermanas mayores de sus condiscípulas. Un proceso en el que descubrirá las mentiras y las hipocresías adultas.

La mirada de Pilar Palomero es tan demoledora como sutil, exquisita, cuidadosa y emotiva de fondo y forma, de puesta en escena, enfoque y narrativa. Sensible, inteligente, lúcida y contundente, sabe combinar sabiamente el relato más íntimo con el político de la educación sentimental y sexual de una generación de mujeres, la suya propia.

Desde el microcosmos monjil – tan represor – hasta el de las discotecas -y su aprendizaje temprano de una feminidad estereotipada y objetal – las niñas, estas niñas, aquellas niñas tan niñas… debieron conciliar lo irreconciliable.

Debieron crecer y madurar pese a esas contradicciones tan tóxicas como alienantes. Especialmente en el caso de la tierna y adorable protagonista, una prodigiosa Andrea Fandós, en cuya mochila además está el ser el fruto del “imperdonable” pecado de una madre – estupenda como suele Natalia Molina – tan cariñosa como estricta, exhausta de trabajar, para librar a su hija de su destino, de su culpa hasta que… Y ese final.

100 minutos de metraje. Su guión lo escribe también la realizadora, que ha introducido además, con gran acierto, muchas escenas en las que ha trabajado con su excelente reparto de chicas prácticamente improvisando. La magnífica fotografía la firma otra mujer, Daniela Cajías. Y la estupenda banda sonora se debe a Juan Carlos Nayas.

Biznaga de Oro a la Mejor Película, Mejor Fotografía y Premio Feroz de la Crítica en el Festival de Málaga. Seguirán lloviéndole reconocimientos. Todos le son debidos. Y oiremos hablar mucho de ella en los próximos Goya.

Una joya, un debut deslumbrante. Ni se les ocurra perdérsela.

En cartelera: Tres miradas de mujer, dos historias lésbicas y una mirada masculina

Cuatro son las películas a destacar de entre la oferta de estrenos de este viernes 11 de septiembre, en el que tantos aniversarios se conmemoran… De nuevo, tres miradas de mujer – las realizadas por ellas suelen proliferar en esta estación estival – y una de hombre. A saber, las comentaremos por este orden, una francesa, una británica – que podrán verse también en sus versiones originales subtituladas – y dos españolas.

La primera es ‘Un diván en Túnez’, de Manele Labidi Labbe. Entre el drama y la comedia sigue a Selma quien, tras estudiar varios años en Francia, abre su propia consulta psiquiátrica en Túnez. Ahí constata las dificultades de su práctica y las diferencias culturales además del hecho de tener que enfrentarse a un pasado que creía haber dejado atrás. División de opiniones entre quienes la consideran un fresco y lúcido psicoanálisis del país y quienes la asemejan a un culebrón árabe. Pero, desde luego que hay que verla.

La segunda es ‘En busca de Summerland’, de Jessica Swale. Otro drama, ambientado en la II Guerra Mundial, en el que uno de los niños evacuados de las ciudades por la contienda va a parar a un pequeño pueblo y a casa de una escritora solitaria atormentada por un amor del pasado. Aunque ella se resiste a aceptarlo, el chico va ganándose poco a poco su confianza y consiguiendo que abra su corazón. Ha cosechado buenas críticas, en general, con algunas reservas y sido considerada como “una historia de amor lésbico con una mirada feminista”. Así que no hay que perdérsela.

La tercera es ‘Salir del ropero’, de Ángeles Reiné. Una comedia en la que los planes de boda de una abogada española, afincada en Edimburgo, peligran por el anuncio de su abuela de hacer lo propio con su pareja de toda la vida, otra mujer. Debido a la ultraconservadora familia del novio, intentará hacer todo lo posible para impedir esa unión con ayuda del nieto de la otra. Con un reparto muy atractivo en el que destacar a Ingrid García Jonsson, Verónica Forqué, la añorada Rosa María Sardá en su despedida del cine, Candela Peña o David Verdaguer. Las referencias son negativas, pero… se le puede dar una oportunidad.

Y la cuarta es ‘Un mundo normal’, de Achero Mañas. Una historia, una road movie, en la que un excéntrico director de teatro decide robar el ataúd de su madre recién fallecida y llevarlo al mar como quería la finada. Su hija le acompaña para tratar de impedírselo y…. Protagonizan Ernesto Alterio y Gala Amyach, hija del director. Buenas críticas y no hay que obviarla.

Pues ya lo saben. Consulten horarios y sesiones y VAYAN AL CINE.

Nueva normalidad en serie(s). Episodio 21. ‘El joven Wallander’. Temporada 1: Los comienzos…

Para l@s amantes del género negro, como es el caso de esta firmante, y para tod@s l@s lectores.as en general, una advertencia: esta no es una precuela del famoso inspector Kurt Wallander – protagonista de doce novelas, entre ellas títulos tan conocidos como ‘Asesinos sin rostro’ (1991), ‘El hombre sonriente’ (1994) o ‘La quinta mujer’ (1996), que se han llevado al cine y a la televisión en sendas producciones sueca y británica, esta última protagonizada por Kenneth Branagh – creado por el inolvidable y añorado autor y dramaturgo sueco Henning Mankell (1948-2015) que, a la sazón, fue también yerno del inmortal Ingmar Bergman. Fuente: Wikipedia.

Otra advertencia más: no hace falta haber leído al escritor, y a su serie, para disfrutarla. Se trata, como escribíamos antes, no de una precuela sino de una adaptación libre y original del personaje, que lo retrata donde nunca lo hizo Mankell. En sus comienzos. En su época de juventud, de una juventud ambientada en la Suecia contemporánea. En sus comienzos como policía novato que recorre las calles con su compañero e íntimo amigo, a quien estará a punto de perder por un descuido, o no, suyo en una operación policial.

En sus comienzos como habitante de un barrio misérrimo, multirracial y altamente conflictivo en el que el vecindario ignora su trabajo hasta que se topa con el atroz asesinato que dará origen al caso, su primer caso – un caso con insospechadas conexiones económicas, elitistas, xenófobas y políticas, un caso que le traerá el ascenso, un caso que le hará conocer a una mujer clave en su vida – y se ve forzado a revelarlo. Ello le atraerá la hostilidad del entorno y las bandas urbanas, con uno de cuyos jefes, sin embargo, establecerá tratos singulares.

Con estos mimbres, se ha tejido una historia en la que la independencia respecto a la obra coexiste con los guiños a determinadas señas de identidad o a de personalidad del modelo original. Por ejemplo, en su sensibilidad. En su empatía con las clases más marginales, con l@s inmigrantes en cuyo espacio convive, ejemplificado en un chico con posibilidades de salir del agujero e implicarse sin reservas con la justicia, frente a la legalidad y las ordenanzas. En su jefe y mentor. En su odio a la ópera que luego se convertirá en melomanía. En la mujer de la que se enamora… Aunque carezca, por factores cronológicos evidentes, de la profundidad y lucidez de su alter ego maduro y desencantado.

Una serie de seis episodios, de aproximadamente 50 minutos de duración, que se emite en inglés, que puede, y debe, verse en Netflix, ya que acaba de estrenarse en esta plataforma. Creada por Ben Harris, quien escribe su guión junto a Anoo Bhagavan. Realizada con buen pulso y ritmo por Ole Endresen y Ben Jonsson Muy bien fotografiada por Gaute Gunnari. Su reparto es más que convincente con Adam Palssön a la cabeza y en el que destacar también a Yasen Atour, Leanne Best, Richar Dillane o Elise Chapell.

En resumen, una producción audiovisual muy cuidada que trata temas candentes en sociedades avanzadas, crítica y comprometida. Engancha y, ante su final abierto, nos hace esperar la segunda temporada con interés.

Deberían verla.

En cartelera: Niñas, niños e inmigración

La oferta de la cartelera de este primer viernes de septiembre nos regala tres películas de interés, dos de ellas realizadas por mujeres y todas pueden verse también en sus versiones originales. Son, las comentaremos por este orden, una coproducción entre Alemania y Serbia, otra entre Singapur, Francia y Países Bajos y otra española.

La primera es ‘Estaba en mi casa, pero…’, de Angela Schanelec. Sobre un niño de 13 años que, estando en shock tras la muerte de su padre, desaparece una semana de su casa. A su vuelta, desconcierta a su familia y entorno con un comportamiento nada habitual. Ha interesado bastante y cosechado dos premios a la Mejor Dirección en Berlín y Mar del Plata. Hay que verla.

La segunda es ‘A land imagined’, de Yeo Siew Hua. Sigue a un trabajador chino inmigrante que sufre un accidente laboral, padece insomnio, comienza a frecuentar un ciber café inquietante y desaparece buscando a su único amigo. Cuando un policía comienza a investigar el caso, descubre algo inesperado. Excelentes referencias y reconocimientos tales como el Leopardo de Oro a la Mejor Película en Locarno y el de Mejor Fotografía en Valladolid. No hay que perdérsela.

Y la tercera es ‘Las niñas’, ópera prima de Pilar Palomero. Sobre la transición a la adolescencia de una niña de 11 años, hija de madre soltera, y las de sus compañeras de colegio, en la España de los 90. Tan intimista como crónica de la educación sentimental de una generación. Ha cosechado las mejores críticas y ganado la Biznaga de Oro a la Mejor Película, el de Mejor Fotografía y el Feroz de la Crítica, en Málaga. De visión obligada.

Nueva normalidad en serie (s). Episodio 20. ‘Olive Kitteridge’: Elizabeth, Jane, Lisa y Frances

Elizabeth es Elizabeth Strout, la primera de este póker de damas estadounidenses. Prestigiosa novelista, cosecha del 56, que obtuvo el Premio Pulitzer de Ficción en 2009 por esta obra, libro homónimo en el que se basa ‘Olive Kitteridge’ y que quien esto firma no ha leído. Pero sí lo hizo con su también excelente ‘Me llamo Lucy Barton’, que tuvo ocasión de comentar en uno de sus añorados clubs de lectura, el del Centro de Documentación María Zambrano para lectoras y autoras.

Jane es Jane Anderson, actriz, dramaturga, guionista y directora, de la cosecha del 54. Creadora de esta producción audiovisual cuya modélica adaptación de la obra le valió un Emmy y otro galardón del Sindicato de Guionistas.

Lisa es Lisa Cholodenko, productora, editora, escritora y también directora de cine y televisión, tanto documentales como ficción, de la cosecha del 64. Entre su filmografía destacamos ‘High Art’ (1998) y ‘Los chicos están bien’ (2010), que le valió un Oscar al Mejor Guión y un Emmy por su trabajo tras la cámara por esta que nos ocupa.

Frances es Frances McDormand, enorme, prestigiosa y premiada actriz de cine, teatro y televisión, de la cosecha del 57. Destacar títulos en su filmografía tales como ‘Sangre fácil’ (1984), ‘Arde Mississippi’ (1988), ‘Agenda oculta’ (1990), ‘Barton Fink’ (1991), ‘Fargo’ (1996) o ‘Tres anuncios en las afueras’ (2017), entre un inabarcable etcétera.

Con dos Oscar, dos Globos de Oro, un BAFTA, cuatro Premios de la Crítica, otros tantos del Sindicato de Actores, un Emmy y un Satellite Award ambos por la protagonista de esta serie, de la que también es productora ejecutiva pues compró los derechos de la obra, contratando a Jane Anderson y Lisa Chololenko, para que la adaptaran y filmaran respectivamente.

Estas cuatro mujeres llenas de talento han hecho posible, pues, este magnífico y sólido drama, de visión obligada, fechado en 2014, con 4 capítulos de una hora de duración cada uno, que emite HBO. Fotografiada con excelencia por el prestigioso Frederick Elmes, su matizada y hermosa banda sonora se debe al no menos espléndido Carter Burnwell. Con un reparto en estado de gracia en el que destacan, además de la ya citada McDormand, los eminentes Richard Jenkins, Peter Mullan y Bill Murray. Fuentes: Wikipedia y FilmAffinity.

Un magnífico y sólido drama ambientado en la costa de Maine, donde creció la autora de la obra en la que se basa. Un magnífico y sólido drama en el que se refleja el microcosmos a veces asfixiante de un pueblo pequeño donde tod@s se conocen y nadie conoce a nadie.

Un magnífico y sólido drama que recoge, con saltos temporales continuados de meses y de años 25 años de la vida de una mujer cualquier cosa menos convencional.

Un magnífico y sólido drama que tiene un arranque y un final cíclicos espectaculares, impactantes y sorprendentes. Un magnífico y sólido drama que tiene una articulada progresión narrativa y de puesta en escena.

Un magnífico y sólido drama que nos acerca a una mujer difícil  – hosca, desagradable, brutalmente sincera, insobornable, áspera, carente de habilidades sociales y de empatía, arisca, maniática e hipercrítica, pero nada autocrítica y que es incapaz de admitir un error propio o de disculparse, tóxica y muy dañina en sus relaciones familiares.

Un magnífico y sólido drama que, sin embargo y dada la inteligencia y lucidez de las cuatro responsables, confiere humanidad, complejidad y matices a un personaje tan crudo. Una profesora de matemáticas casada con un encantador farmaceútico y con un hijo a los que no trata precisamente bien, sino todo lo contrario, pero con la que a veces hay no hay más remedio que identificarse y hasta divertirse de cómo pone en solfa a cierto tipo de actitudes, costumbres y personas.

A la que sus semejantes, pese a todo, no les son indiferentes. Y es capaz, a su abrupta manera, de compasión, De amar y desear, de mirarse en el espejo de lo que ha sido y ha hecho con su vida y con sus seres queridos. Una vida en paralelo con otras a ella vinculadas. Pequeñas existencias en las que palpitan emociones universales.

Supongo que, dada la fecha de su estreno, la conocerán ya. Si no fuera así, ni se les ocurra perdérsela.