‘Nieva en Benidorm’: Nubosidad variable

Hay películas que, al menos para esta firmante, rompen tus esquemas y te sacan de tus zonas de confort, por abiertas que sean estas, y no sabes si amarlas u odiarlas. O te cuesta dilucidar, te cuesta argumentar en pro o en contra. Todo ello sin requerir de una narrativa especialmente transgresora, sino por sus tratamientos, puesta en escena, y enfoque. Todo ello por la intención de matizarla y de dotar a su visión crítica de una cierta complejidad.

Tal cosa, en una suerte de nubosidad variable mental, le ha ocurrido con esta que nos ocupa, última y sorprendente propuesta de la flamante Premio Nacional de Cinematografía Isabel Coixet – catalana de la cosecha del 60, entre cuyos títulos están ‘Cosas que nunca te dije’ (1996), ‘Mi vida sin mí’ (2003), ‘La vida secreta de las palabras’ (2005) ambas, como ‘Nieva en Benidorm’, producidas por El Deseo de los hermanos Almodóvar, ‘Nadie quiere la noche’ (2015) o ‘La librería’ (2017), entre un larguísimo etcétera, documentales incluidos, y que tiene, entre otros muchos reconocimientos, cinco Goyas en su haber. Fuente: Wikipedia – por lo que, mientras esta cronista escribe, la va pensando y sopesando y, mal que bien, tratará de expresarlo negro sobre blanco y transmitírselo a ustedes.

Vamos, pues, a ello. De esta historia – que sigue a un empático empleado de banca, solitario, obsesivo y aficionado a la meteorología, quien, por prorrogar un préstamo a una familia abocada al desahucio, es obligado a jubilarse anticipadamente y que decide dejar su Manchester natal para visitar a su hermano en Benidorm, pero que una vez allí descubre que ha desaparecido e intenta buscarle, con ayuda de una misteriosa mujer socia del ausente en un club, en una investigación paralela a la de una policía a su vez obsesionada con los poemas y la presencia de Sylvia Plath en la localidad durante los años 50 – …

…De esta historia excéntrica y peculiar, dividida en doce epígrafes relativos a estados climáticos, a esta cronista le ha interesado sobre todo la visión demoledora de una ciudad, antaño pueblo costero, que no conoce, reconvertida, por mor, y a partir de, del desarrollismo franquista, en una suerte de Miami Beach de grandes rascacielos y parque temático a mayor honra de la industria turística.

La visión demoledora de ese paisaje urbano, que ejemplifica también la teoría de los no lugares, en el que los modus vivendi diurnos y nocturnos de una fauna amorfa e indistinguible, son retratados en sus oquedades playeras, consumistas, voluntaristas de un optimismo inane y dipsómanas. Paisaje y paisanaje urbanos en los que el excelente Timothy Spall – ‘Secretos y mentiras’, la saga de Harry Potter o ‘Mr Turner’ – se siente tan perdido y alienado como Bill Murray in ‘Lost in Translation’. Con la que la han comparado, por cierto. Y de cómo afecta al protagonista en su cada vez más vulnerable estómago…

Por contra, de esta historia no le ha interesado nada el que no incida en el thriller que la contenía, ni en el atípico romance que se nos prometía. Ni de uno, ni de otro, hay más que algún brochazo o algún momento, escasamente creíbles y muy forzados. Nada más. Tampoco el tratamiento que le ha dado a los personajes femeninos muy efectistas, cosificados y estereotipados, como una concesión presuntamente heterodoxa y libérrima – en realidad, esquemática y convencional – que, claro, siempre incide en ellas.

Que, claro, siempre es aplaudida por cierta crítica masculina. Hablo de los que encarnan Carmen Machi y Ana Torrent, especialmente el de esta última. Pero también el de Sarita Choudhury – quien ya había trabajado con Coixet en ‘Aprendiendo a conducir’ (2014) – que, a fuer de sugerente y misterioso, es despojado de complejidad también. Por no hablar del club en el que trabaja…

En cuanto a su homenaje a la enorme poeta Sylvia Plath – en lugar de recordarla de espaldas y en biquini durante las cinco semanas que pasó en Benidorm, recién casada con el detestable Ted Hughes, o de que algunos de l@s protagonistas declamaran enfáticamente sus poemas – se podría haber basado en el excelente artículo de Vanity Fair – firmado por Edu Bravo y fechado el 16 de agosto de este año, cuya lectura les recomiendo – donde se recogen sus vivencias e impresiones del lugar que entonces, ay, era aún hermoso. Hubiera ganado bastante, la verdad. Porque tal como se ha hecho, resulta impostado y no aporta nada, más bien al contrario, a la trama.

117 minutos de metraje. Su guion lo escribe la propia realizadora. La fotografía muy bien Jean-Claude Larrieu. Como hace con su banda sonora, además de las hermosas versiones del ‘Yo te diré’…, Alfonso de Vilallonga.

Pero desde luego que hay que verla. Los aplausos de la prensa especializada han sido prácticamente unánimes. Así que háganlo, juzguen por sí mism@s y coincidan o discrepen con lo escrito en estas líneas.

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