Archivo mensual: enero 2021

Estado de Alarma en serie(s). Episodio 31,’Los Bridgerton’. Temporada 1: Placeres casi culpables

Se ha escrito sobre ella, extractos de brillantes titulares recogidos en FilmAffinity – como Vulture, Decider, Times, Variety, Entertaintment Weekly o The Hollywood Reporter – o en otras páginas y medios como AD, BULEVAR SUR, de ABCSevilla, Fuera de Series, HobbyConsolas, Espinof, The Objective, Vanity y El Confidencial, entre otros, de críticas de gente solvente y cualificada a las que merece la pena leer en estas páginas…

… Se ha escrito sobre ella que es una mezcla de Downton Abbey, Gossip Girl o Jane Austen. Se ha escrito sobre ella que es un magnífico salseo decimonónico y un culebrón de primera clase. Se ha escrito sobre ella que es un placer culpable. Que tiene una narradora, una cronista de sociedad, sutil, inteligente y notable, la enigmática Lady Whistledown, cuya sorprendente identidad se revelará en esta temporada.

Se ha dejado constancia de la calidad y la osadía de su adaptación muy libre de la saga literaria, compuesta por ocho tomos dedicados a cada un@ de l@s herman@s Bridgerton, de Julia Quinn, neoyorquina de la cosecha del 70, reina y señora de la novela histórico-romántica considerada digna. Se ha hecho constar que su plasmación audiovisual se debe a la productora, guionista y cineasta afroamericana Shonda Rhimes, de la misma cosecha – Anatomía de Grey, Scandal, Cómo defender a un asesino… – quien dejó ABC, luego Disney, para debutar en Netflix con esta serie. Y que Rhimes, una mujer de éxito en una industria predominantemente blanca y masculina, le ha impreso sus señas de identidad raciales y feministas inclusivas.

Que, por ello, abundan los personajes de color en ellas, también los más relevantes, cosa que no ocurría en el periodo de la Regencia en el que se ambienta. Incluso el de la monarca, a la que se atribuían, pese a su físico tan anglosajón, ascendientes africanos. Lo que constituye, a juicio de la propia autora que nunca los, ni la, incluyó, una estimulante sorpresa.

Se ha escrito sobre ella que combina sabiamente los imperativos del siglo con problemáticas y pulsiones contemporáneas. Se ha documentado su lujosa puesta en escena y sus grandiosas localizaciones en imponentes mansiones londinenses o de la simpar campiña inglesa. Se han analizado su calidad y su innegable tirón para una audiencia muy amplia y heterogénea.

Habiendo registrado y suscrito todo ello, escribir que a quien esto firma le ha parecido elegante, sofisticada, seductora, vibrante y absorbente. Un entretenimiento superior, un placer casi culpable, que no ofende la inteligencia y cuyos anacronismos y osadías estilísticas y visuales están habitados por el encanto. Que, sin ser feminista, sí tiene la honestidad de dejar constancia de la situación de las mujeres aristócratas abocadas a las humillaciones de ser carne de mercado matrimonial, temporada tras temporada en bailes y reuniones, so pena de exclusión social.

Que presenta algunas que, por físico o inquietudes intelectuales, no se resignan a ese destino. Que también describe a las condenadas por su moral o profesión, como una cantante de ópera… o los salones exclusivos de las damas. Que hace compatibles las convenciones de la época con un erotismo de alto voltaje. Que el mando en plaza familiar siempre correspondía, según los parámetros patriarcales, a los varones y, de entre ellos, al primogénito. Que … todo lo demás ya lo irán averiguando cuando la vean en la plataforma citada, Netflix.

Producción estadounidense, fechada en 2020, compuesta por ocho capítulos de una hora de metraje. Escrita y dirigida, junto a cuatro hombres y cuatro mujeres, por su co-creador Chris Van Dusen. Fotografiada con excelencia por Jeff Jur y Philipp Blaubach y con una estimulante banda sonora firmada por Kris Bowers. De su reparto coral en estado de gracia destacar a Phoebe Dynevor y a Regé-Jean Page.

Yo, que ustedes, no me la perdería. Disfrútenla sin culpas.

‘Más allá de las palabras’: El extranjero

La cineasta polaca, residente en los Países Bajos, Urszula Antoniak, cosecha del 68, fascinó a quien esto firma con su magnética ópera prima ‘Nada personal’ (‘Nothing Personal’, 2009), coproducción entre Holanda e Irlanda, exhibida en la Sección Oficial de ese año en el Festival de Cine Europeo de Sevilla donde fue premiada con el Giraldillo de Plata y el Premio Asecan de la Crítica Andaluza, consiguiendo además 6 premios en Locarno y cuatro del cine holandés. Aquí el enlace a su crítica de entonces:

https://sevillacinefila.com/2010/07/10/nothing-personal-sin-techo-ni-ley/

Tras ese deslumbramiento inicial, llegó la decepción con ‘Code Blue’ (2011) también exhibida en el SEFF, donde logró el Premio a la Mejor Actriz ex aqueo para su excelente protagonista Bien de Moor. Una decepción concretada en su enfoque de una historia sugerente y llena de posibilidades, muy bien aprovechadas a nivel estético y visual, pero con el lastre de una narrativa tan vacía de contenido como pretenciosa.

Algo parecido le ha ocurrido con esta que nos ocupa – coproducción entre Holanda, Polonia y Francia, fechada en 2017, penúltima de su filmografía, que se estrena ahora con tres años de retraso. Su guión lo escribe también la propia directora, la espléndida fotografía en blanco y negro la firma Lennert Hillege y en su banda sonora suenan temas clásicos con el piano como protagonista – cuya historia sigue a un joven y exitoso abogado polaco residente en Berlín desde hace bastante tiempo tras la muerte de su madre y que se considera alemán a todos los efectos, tanto que incluso cuando su jefe y mejor amigo le pide que represente a un poeta africano en su derecho a la residencia se niega a hacerlo. Pero la visita inesperada de un completo extraño que dice ser su padre, y que él daba por muerto, lo confrontará con sus raíces y cuestionará sus convicciones en tal sentido.

De factura impecable, elegante y muy cuidada, visualmente hermosa y dotada de una atmósfera muy sugerente, podría haberse convertido en un documento singular de las señas de identidad de un hombre, profesional de un bufete de élite, que daba por incuestionable su ciudadanía frente a la gente marginada por su color o procedencia. Así como a la paradoja de su estatus como huérfano enfrentándose al padre tanto tiempo ausente, en un fin de semana en el que intimar, conocerse y reconocerse.

Tales posibilidades del relato son frustradas, al entender de esta firmante, por un tratamiento ampuloso, impostado, pretencioso, disperso y carente de cualquier emoción o reflexión genuinas. Está recorrido por la afectación que se impone a todo lo demás y que consigue que sus potenciales cargas críticas y de profundidad al unir filiación y ciudadanía, ergo extranjería o inmigración, lo personal y lo político, se diluyan y pierdan todo su sentido. Rozando el patetismo en algunas escenas como en la visita del protagonista al ghetto negro de la ciudad. Resulta chocante asímismo el tratamiento de las mujeres vistas desde la inanidad, la irrelevancia y la objetalización en la visita de ambos hombres a un club de striptease…

Una pena.

‘Perfumes’: Una nariz maravillosa

Estamos ante una película que elude sabiamente cualquier cliché que pudiera derivarse de su sinopsis más esquemática. O lo que es lo mismo: experta en, y creadora de, aromas altiva, egoista y centrada solo en sí misma, aunque en horas bajas profesionales, contrata a chófer divorciado intentando estabilizar su vida y economía para conseguir la custodia compartida de su hija. Ambos contra todo pronóstico – pese a sus personalidades y extracciones sociales tan opuestas y pese a que el empleado no le hace concesiones – congenian hasta el punto de establecer un vínculo valioso, que les transformará a ambos.

Les suena, ¿verdad?. Pero no, no tiene nada que ver con ‘Paseando a Miss Daisy’, ni con ‘Intocable’ en este aspecto, ni con nada parecido… Porque todo en ella es mucho más sutil y complejo. Porque no intenta pontificar, ni resulta esquemática, ni maniquea, en el tratamiento de los protagonistas y sus interacciones. Ni menos aún moralizar o buscar la emoción fácil. Porque se toma su tiempo para que les conozcamos, a ella, a él y a sus respectivas circunstancias, y para que de la relación laboral, que les obliga a viajar y a pasar mucho tiempo compartido, se derive un trato nada convencional que fortalecerá su respeto, aprendizaje y estima mutuos.

`Porque, además, tiene la inteligencia y sensibilidad de que el personaje masculino sea crítico, sí, con las salidas de tono del femenino, pero no ejerce de paternalista condescendiente, ya que él también tiene mucho que modificar y cambiar… Tampoco culpa a su ex, vista siempre en un segundo plano, ya que asume que, en el proceso de custodia compartida que dirime una jueza, es el bienestar de la menor lo que cuenta. Una paternidad que aprende a ejercer de otra manera, gracias a su jefa, y cuya evolución es entrañable.

Capítulo aparte merece el tema olfativo. En ‘Perfumes’ se narran muy bien las glorias y las miserias de tener una nariz especialmente dotada, de ser la nariz de este oficio. La maldición y la bendición de apreciar como hace la protagonista – una excelente, como suele, Emmanuelle Devos – hasta los más mínimos matices de las emanaciones que desprenden personas y objetos, seres y cosas, siendo capaz de descomponerlas en cada uno de sus ingredientes y en los elementos químicos que los conforman.

No solo es el glamour epidérmico y tópico que nos han mostrado otros filmes – aunque también estén sus recompensas, hay un divertido guiño a una célebre fragancia creada por ella… – sino las servidumbres de un don que puede hacer muy complicada, y solitaria, la vida cotidiana. Porque hace que la cotidianidad propia no tenga nada que ver con la ajena pero, que cuando se pierde y cae el prestigio… provoca un importante cataclismo interior.

Producción francesa de 100 minutos de metraje, escrita y dirigida por el periodista, guionista, documentalista y cineasta Grégory Magne, del que es su segundo largometraje. La fotografía, con los claroscuros, sobriedad y elegancia que caracterizan a su puesta en escena, Thomas Rames y la banda sonora, que subraya igualmente bien el relato, se debe a Gaëtan Roussel. Del resto de un reparto muy solvente destacamos a su partner Grégory Montel, a la niña Zelie Rixhon y a la fugaz aparición, casi un cameo, de Sergi López.

Aún puede verse doblada en Nervión. Consulten horarios y sesiones y háganlo. Merece la pena.

‘El padre’: Tinieblas

Cuando las tinieblas acechan a una mente antaño preclara. Cuando los espejismos distorsionan las experiencias. Cuando la conciencia se funde en negro. Cuando los delirios se convierten en certezas. Cuando pasado y presente se yuxtaponen. Cuando los fantasmas son más tangibles que las personas. Cuando la confusión es un estado permanente. Cuando se rechaza cualquier mano tendida. Cuando la desmemoria es una seña de identidad. Cuando la realidad propia no coincide con la ajena. Cuando las percepciones son engañosas. Cuando el desmoronamiento no se admite.

Cuando se borran las caras y los nombres. Cuando se reclama la autonomía al borde del abismo. Cuando las presencias pueblan los días y las noches. Cuando el sueño de la sinrazón produce monstruos. Cuando los recuerdos no son tales. Cuando las alucinaciones son vívidas. Cuando una hija debe optar entre su padre y su vida. Cuando un progenitor intolerante exige incondicionalidad.

Cuando el orgullo se impone a lo evidente. Cuando la devastación mental se antepone a todo lo demás. Cuando ya no eres tú, sino la locura. Cuando los espacios habitacionales se distorsionan como espectros. Cuando un octogenario soberbio debe asumir sus limitaciones. Cuando una mujer decide que su existencia y sus afectos valen tanto o más que su devota entrega a quien la rechaza y rechaza cualquier ayuda.

Cuando l@s espectadores-as nos vemos inmersos en esa espiral inquietante, perversa y confusa entre la fantasía de la demencia senil y versiones que se reiteran en lugares similares o diferentes, con los mismos o distintos personajes, que juegan a ser ellos mismos u otros. Cuando nos sentimos tan perdid@s y desolad@s como el protagonista y no sabemos cómo interpretar las imágenes o a qué carta quedarnos. Cuando ocurre todo esto, junto a una conclusión que te hace recomponer casi todas las piezas pero que sigue siendo insidiosamente abierta, es que hemos visto ‘El padre’.

Coproducción entre Reino Unido y Francia, fechada el año pasado, de 97 minutos de metraje. Filmada, con elegancia y potencia, por el escritor y cineasta francés Florian Zeller – cosecha del 79, de quien es su ópera prima adaptando su propia obra teatral, ya que tiene un largo recorrido como dramaturgo, con 12 piezas en su haber, interpretadas por l@s más prestigios@s actores y actrices de su país y del mundo. Esta que nos ocupa, concretamente, se representó en el Romea de Barcelona, dirigida por José Carlos Plaza, con Héctor Alterio al frente. Eso, además de sus novelas – quien también escribe el guion junto a Christopher Hampton.

La fotografía muy bien Ben Smithard. Y en su reparto destacamos a un imponente y magnífico Anthony Hopkins, carne de Oscar, y a las no menos excelentes Olivias, Colman, ella sobre todo, y Williams. Premio del Público en San Sebastián y con numerosas nominaciones de asociaciones de críticos que le auguran una carrera hacia la alfombra roja más famosa del mundo. Fuentes: Wikipedia y FilmAffinity.

Déjense sacudir e incomodar por ella y véanla.

Estado de Alarma en serie(s). Episodio 30, ‘Back to life’: Regreso al pasado

Una mujer en la treintena, llamada Miri Matteson, vuelve a la vida, como reza el título, y a la calle, a su pueblo costero inglés, tras pasar en prisión casi la mitad de su existencia por una razón desconocida que se irá desvelando poco a poco a lo largo del metraje. Vuelve al hogar familiar, donde viven sus madre y padre, porque no tiene otra alternativa habitacional. Vuelve a un presente que no reconoce, y en el que no se reconoce, luego del largo paréntesis carcelario del que apenas si se dan detalles.

Vuelve con un aspecto y una imagen como de haber fijado en el tiempo a la adolescente que fue cuando todo ocurrió, siendo como es ahora una mujer madura. Vuelve receptiva y curiosa, aunque a veces los nervios la traicionen. Vuelve con algo parecido a la inocencia… pero la pequeña comunidad que la vió nacer y crecer va a encargarse de hacerle pagar su culpa y su delito con una hostilidad creciente que le cerrará casi todas las puertas.

Vuelve teniendo que asumir todo ello, el peso del pasado, el paso del tiempo, los cambios en todos los sentidos a los que apenas si se le permite adaptarse. Comenzando por los de sus propios progenitores cuyo hogar se ve invadido, y marcado, por el odio exterior. Comenzando por la evolución que han tenido en sus casi dos décadas de ausencia.

Vuelve a reencontrarse con su antiguo novio, casado y padre de familia, que guarda más de un secreto… Vuelve a ver a su mejor amiga. que la evita y luego se nos mostrará por qué. Vuelve intentando una reinserción heroica en una localidad que la odia, salvo por un vecino inmigrante, que desconoce sus acciones anteriores, y que es el único en relacionarse con ella en el aquí y ahora, sin prejuicios. Vuelve en notoria inferioridad de condiciones frente a lo institucional, frente al mercado de trabajo y con una más que cuestionable ayuda de su peculiar asistenta social. Vuelve para descubrir secretos incómodos y ominosos. Vuelve…

Pese a todo lo narrado, el tono de esta producción audiovisual no es en absoluto trágico. Transita, por el contrario, entre el drama, la comedia y la comedia negra. Está recorrida por una fina ironía y un notable sentido del humor, pese a sus contenidos que más de una vez rozan lo vidrioso. Ama a sus personajes centrales, los muestra sin juzgarles, les dota de pluridimensionalidad e intenta ser comprensiva, salvo alguna excepción, con sus rasgos más chocantes.

Tiene una nobleza de sentimientos que la hace conmovedora, pero al tiempo denuncia la hipocresía de un microcosmos cerrado que no acepta la reinserción de la protagonista, ni es capaz de entender las causas y circunstancias que rodearon los hechos que fueron juzgados y severamente castigados. Aunque el personaje central sí acabará, y con ella tod@s nosotr@s, descubriéndolas.

Estamos ante una miniserie británica de 6 capítulos, de 30 minutos de metraje, fechada en el 2019, que puede, y debe, verse en Filmin. Creada, muy bien escrita – junto a Laura Solon – e interpretada por la excelente Daisy Haggard, a la que acompaña un magnífico reparto. Con una impecable factura, avalada en su distribución por la BBC, tanto en su fotografía, que firma Ben Wheeler como en su banda sonora, a cargo de Solomon Grey. Su realización dotada de ritmo y solvencia corre a cargo de Chris Sweeney.

No se la pierdan, es un consejo.