‘Utoya-22 de julio’: El horror, el horror, el horror…

En las últimas semanas han coincidido en nuestra cartelera, si bien que fugazmente la mayoría de ellas, dos películas sobre madres e hijas, aunque muy diferentes en temáticas – ‘Wild Rose’, de Tom Harper y ‘Un amor imposible’, de Catherine Corsini – otras dos que tienen que ver con los Beatles, directa o indirectamente – ‘Yesterday’, de Danny Boyle y ‘An Accidental Studio, de Bill Jones, Kim Leggatt y Ben Timlett – y dos más que glosan sendas efemérides, de características radicalmente opuestas, que se cumplen en este mes de julio – los 50 años del primer alunizaje en ‘Apolo 11’, de Todd Miller y los 8 de la matanza terrorista de la isla noruega que le da título, en esta ‘Utoya, 22 de julio’, de Erik Poppe, que nos ocupa. Todas vistas por quien esto firma, siendo la cuarta que reseña en este blog.

Estos fueron los hechos:

A las 15,26 del día citado, 22 de julio de 2011, se produjo una explosión – detonada por un coche bomba nada sospechoso – en un edificio gubernamental próximo a las oficinas del Primer Ministro, que quedó totalmente destruído. Fallecieron 8 personas y más de un centenar resultaron heridas. Luego, el asesino – Anders Behring Breivik, de 32 años, simpatizante de la ultraderecha, que actuó en solitario – se dirigió a la isla de Utoya, donde tenía lugar anualmente un campamento político de verano de las juventudes laboristas al que pensaba acudir, la jornada siguiente, el jefe del Gabinete.

Disfrazado de policía y fuertemente armado, reunió a l@s participantes y a sus monitores-as so pretexto de la  seguridad y comenzó a dispararles indiscriminada y continuamente durante más de una hora, lo que tardaron en llegar las fuerzas de seguridad a rescatarles, un retraso intolerable por el que se perdieron muchas vidas. El devastador resultado fue de 69 muertos y varios centenares de heridos, por los que el autor de la masacre nunca se arrepintió y sigue considerándose a sí mismo como “un fascista y un nazi”. Fuente: Wikipedia.

Al productor, guionista y realizador de ese país, Erik Poppe – cosecha del 60, del que recordamos ‘Mil veces buenas noches’ (2013), integrante de su llamada ‘Trilogía de Oslo’ – no le interesa documentar esta terrible tragedia al modo convencional, sino sumergirnos en el corazón de las tinieblas, en el epicentro y las entrañas del terror experimentado por est@s chic@s – de edades comprendidas entre los 14 y los 19 años, comprometid@s social y políticamente, con todos los sueños y el futuro por delante – sirviéndose de un plano secuencia sin cortes que sigue, como hilo conductor, a una joven, Kaja, – personaje ficticio, aunque la película se base en los testimonio de tres supervivientes – a través de la isla, a partir de que lleguen las primeras y confusas noticias del primer ataque en la capital y suenen las primeras detonaciones…

Su mirada: su ansiedad; su desconcierto; su desesperación; su incredulidad; su pánico: su valor; su generosidad al acompañar a herid@s, hasta su último aliento, a riesgo de su vida; su búsqueda desesperada de su hermana menor y de un escondite seguro que las frías aguas, las rocas hostiles y un bosque no especialmente frondoso le niega; su incomprensión ante la ausencia de ayuda y ante el rumor de que el agresor es un policía – alguien lo comenta de pasada… -; su certeza ante una muerte segura… son las de tod@s sus compañer@s y se transmiten, como descargas eléctricas de una intensidad y un pathos atroces, inquietantes y difícilmente soportables a l@s espectadores-as.

Con ella, vemos a esas criaturas inocentes e indefensas atrapadas sin escape posible ante un cazador que pretende eliminarlas, que no saben a dónde ir, que huyen sin rumbo, que se acurrucan donde pueden, que no siempre toman las mejores decisiones, que se arrastran en pos de una salvación improbable, que hablan con sus madres y padres que les dicen que les quieren, que conocen su final, que… ESTREMECEDORA.

93 minutos de absorbente y tenso metraje. Su guión se debe a Anna Bache-Wiig y a Siv Rajendram; su excelente fotografía, tan dramática como el relato, la firma Martin Otterbeck y su música, que se hace oir apenas y cuando debe, a Wolfgang Plagge. La excelente Andrea Berntzen es nuestra guía en el horror.

Solo la proyectan en el Nervión, aunque doblada. Consulten horarios y sesiones y NO SE LA PIERDAN BAJO NINGÚN CONCEPTO.

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