‘Un amor imposible’: La bestia en el corazón

Quien esto firma debe aclarar que el epígrafe de esta entrada se corresponde con el de una película italiana que dirigió Cristina Comencini en 2005, con alguna concomitancia con la que nos ocupa, aunque las separen enormes diferencias. Y que, desde luego y animalista como es, se refiere a la bestia humana que aquí tiene una envoltura hermosa y distinguida, lo que la hace aún más peligrosa.

Estamos en la provincia francesa de los años 50 cuando una mecanógrafa de origen judío y de ascendencia humilde, se enamora perdidamente de un joven de la burguesía ilustrada, con el que inicia una apasionada relación que abre su mente, su corazón  y sus sentidos, pero… él no tiene ninguna intención de comprometerse con ella sencillamente porque carece de fortuna y de posición. Pese a todo continúan adelante, hasta que ella se queda embarazada lo que provoca un alejamiento de él, junto a reapariciones inesperadas. Cuando nace la niña, se muestra como un padre ausente en la misma tónica.

Incluso peor, pues se ha casado y ha formado su propia familia. Ella sigue aceptándole como es, pero quiere que reconozca legalmente a la menor. Cuando al fin lo consigue, y la chica es una adolescente, se interesa en cultivarla, viaja con ella y la frecuenta, pero… tal vínculo esconde un terrible secreto. Es la hija quien cuenta la historia con una voz en off perfectamente integrada en el relato y que recupera una tradición fílmica muy cara a la cinematografía francesa, ‘Nouvelle Vague’ incluida.

La actriz, guionista y directora Catherine Corsini – cosecha del 56, de la que recordamos especialmente la comprometida y militante ‘Un amor de verano’ (‘La belle saison’, 2015) – se ha rodeado de su muy solvente equipo habitual para filmar esta película de 135 minutos de metraje. O lo que es lo mismo: ha coescrito ella misma un sólido guión con Laurette Polmanss, que adapta el libro homónimo, y autobiográfico, de la muy premiada y valiente autora francesa Christine Angot. La excelente fotografía se debe a Jeanne Lapoirie y la no menos notable banda sonora a Gréoire Hetzel.

Y lo hace, lo hacen, con el tempo adecuado y mostrando muy bien el paso del tiempo, con una puesta en escena elegante y sutil y con la intensidad contenida que requería un material narrativo que hubiese sido altamente inflamable en otras manos. Pero también con un retrato implacable de un seductor sin escrúpulos, de un abusador cruel y refinado, carente de sentimientos y de la más mínima empatía con dos mujeres que le aman, le admiran y le necesitan en sus vidas y en sus afectos.

Dos mujeres cuya relación peligrará por él, pues este es otro de los amores imposibles de la película, el de madre e hija. Dos mujeres enfrentadas, en un contexto tan clasista como misógino que la mirada de la realizadora sabe mostrar tan bien, por y a causa de un desalmado. Dos mujeres y un hombre, en relación doblemente dual y triangular, a quienes prestan sus rasgos y talento Virginie Efira – sobre tod@s, ella -, Niels Schneider, Estelle Lescure y Jehnny Beth en dos de las edades de la más joven. Dos mujeres que, pese a todo, encontrarán – años después – la posibilidad de encontrarse, comunicarse y comprenderse.

Tan solo una semana ha durado en esta ingrata cartelera sevillana esta película notable, esta mirada de mujer tan feminista y valiosa. Háganse con ella.

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