‘Madeleine Collins’: Judith, Margot, y…

En este thriller dramático tan singular, esquinado, elegante y sugerente, aunque insatisfactorio en algunos de sus aspectos, casi nada es lo que parece. Regla primordial del género, sí, pero que en este caso adopta las formas de unas elipsis, de piezas de un puzzle que deben recolocarse sin ser explicitadas más que como pistas tan ambivalentes como casi fuera de campo. Desde ese arranque tan impactante – como, en principio, ajeno al relato – hasta ese final tan abierto…

Tan abierto como lo son todos los elementos de este thriller dramático en el que una mujer que mantiene una doble vida entre Francia y Suiza, con dos hijos varones, uno adolescente y otro de uno diez años, y una hija pequeña, de dos padres diferentes. Respectivamente, un – en el primer país citado – director de orquesta y compositor de prestigio, Melvil – un difuminado Bruno Salomone – y otro el más inconformista y menos solvente Abdel – por cierto, «nuestro» Quim Gutiérrez, que aquí se sacude su habitual hieratismo, con resultado desigual – en el segundo país citado .

O lo que es lo mismo, una existencia lujosa y llena de glamour aunque también de vacíos afectivo-eróticos y de incomunicación y otra modesta y muy al día pero pródiga en pasión y ternura. Una presunta bígama que, por mor de su trabajo como traductora profesional, se inventa viajes para estar presente – luego. la mayor parte de las veces ausente – en una y otra cotidianidad.

Una presunta bígama que mantiene identidades diferentes en uno y otro caso. Como Judith, su verdadero nombre, y Margot su alias. Lo que la obliga también a pagar en el mercado negro un pasaporte falso. Estos son los hechos, sí. Este es el contexto narrativo, sí. Pero…

…Se insiste, nada es exactamente lo que parece. Y a lo largo del metraje se muestra otra realidad con pequeños y aparentemente nimios detalles – de encuentros, visitas, llamadas, alusiones o referencias – que desafían la inteligencia y capacidad de observación de l@s espectadores-as y que permiten reconstruir la historia desde otras bases. No se perpetrarán spoilers en esta entrada. Tendrán que descubrirlos por sí mism@s.

El eje del relato es la atormentada protagonista – una excelente y magnética Virginie Efira- que vive, se angustia, ama, desea, rechaza, intenta estar en sus dos mundos pagando un altísimo precio por ello y se desmorona ante nuestros ojos. Quizás sea una de las claves de un cierto desequilibrio narrativo, puesto que el resto de personajes son satélites a su alrededor. Pero lo que queda claro es que es su historia, que no existiría sin ella y que está bien contada.

Producción francesa, fechada en 2021, de 106 minutos de metraje. La dirige y la coescribe, junto a Héléna Klotz, el guionista y realizador Antoine Barraud, cosecha del 72, que ha transitado por géneros tales como la ciencia ficción o el cine dentro del cine.

La fotografía, con la pasión que requiere lo narrado, Gordon Spooner y otro tanto podría decirse de su banda sonora, firmada por Romain Trouillet. Destacar también en su reparto, además de a los intérpretes citados, las presencias de Jacqueline Bisset y la del actor y realizador Nadav Lapid que, no por breves, son menos relevantes.

Intensa, desasosegante y sorprendente continúa, en una única sesión, esta semana en el Avenida. Consulten el horario. Esta firmante les recomienda que la vean.

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