‘Language lessons’: Inmersión, comunicación, conexión, fluidez, vínculos…

Caridad, a quien tod@s desde la infancia llaman Cariño, es cubana, pero siendo una niña se mudó con su familia a Miami y ahora vive en Costa Rica. Su educación fue católica. Está en la treintena, tiene un ex marido al que no ve desde hace años, pertenece a una clase media más bien humilde, aunque no exactamente pobre, y se gana la vida como profesora de español.

Adam está en la cuarentena, ha vivido también en varios lugares y finalmente parece haberse asentado en Oakland. Tiene una ex mujer con la que descubrió indirectamente su homosexualidad y un marido, desde hace 5 años, llamado Will, que es un bailarín afroamericano. Su educación también fue católica. Es muy rico, algo por lo que se siente de alguna manera culpable, y dueño de una gran casa con todas las comodidades.

Cuando comienza la historia, Cariño y Adam se conocen vía Zoom, ante el mutuo desconcierto, ya que Will le ha regalado a Adam por su cumpleaños 100 clases de español por videoconferencia, sin que este lo sepa, ni tampoco ella tiene claro quien va a ser su alumno.

Así las cosas, de esta sorprendente y divertida manera, uno y otra se vinculan a través, en principio, de la inmersión en el muy privilegiado modus vivendi del hombre, conectándose semanalmente en unos aprendizaje y práctica del idioma muy atípicos hasta que una tragedia inesperada irrumpe…

A partir de ese momento, se interrumpen las lecciones pero no el contacto, puesto que Cariño se hace presente, a través de mensajes y videos, transmitiéndole a un Adam desolado, abatido y desubicado, al que la vida se le ha roto, sus ánimos, su fuerza, su apoyo hasta donde puede dárselo en tales circunstancias.

Como por ejemplo, mostrándole imágenes de su entorno hermoso y casi selvático, proponiéndole – ella también sabe lo que es perder a dos personas muy importantes en su vida – sugerencias para estar mejor. Cuando retoman su rutina, Cariño será quien afronte una grave crisis y Adam también estará ahí para ella.

La actriz, guionista y cineasta estadounidense, de origen cubano, Natalie Morales, cosecha del 85, escribe – junto al coprotagonista, su compatriota el actor, director, productor y autor Mark Duplass, cosecha del 76 – filma e interpreta esta película, su debut en el cine. Producción norteamericana, de 91 minutos de metraje, fechada en 2021, muy bien fotografiada por Jeremy Mackie y con una música que subraya lo narrado que firma Gaby Moreno.

Estamos ante un relato fílmico minimalista, que transita entre el drama y la comedia. Estamos ante el hermoso retrato de la gestación de una amistad, del desarrollo y evolución – con sus idas, venidas, desconfianzas, prevenciones y contradicciones especialmente por parte de ella – de un fuerte vínculo afectivo que desafía las distancias, los husos horarios, las diferencias de clase y de modus vivendi.

Estamos ante una ópera prima habitada por el encanto, el humor, la tragedia, la pérdida y el duelo, que sabe transmitir emoción, sensibilidad e inteligencia. Llena de sutileza, sabe aprovechar con lucidez y creatividad en la puesta en escena y en el enfoque narrativo, la herramienta virtual de la que dispone.

Estamos ante un personaje masculino adorable hasta decir basta, hay que reseñarlo porque no se prodigan… Y ante uno femenino igualmente querible aunque sus aristas sean mayores dadas sus circunstancias. Estamos ante dos intérpretes que lo dan todo.

Estamos ante una película, ante una mirada de mujer, que no deberían perderse.

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