‘La isla mínima’: Aguas turbulentas…

Quien esto suscribe se enteró casualmente – estando a punto de comenzar la sesión de su muy querido club de lectura, en su muy querida librería La Extravagante – de que había un preestreno de esta película de Alberto Rodríguez – Sevilla, cosecha del 71 – en el cine Nervión, en el plazo de una hora y media. Quien esto suscribe se despidió apresuradamente de sus muy queridas compañeras y contertulias y salió apresuradamente de allí. Quien esto suscribe, no estaba en la lista.

Quien esto suscribe, no imaginaba lo que iba a encontrarse… un acto social en el que gentes del espectáculo, del cine, de la política, de los medios y un largo etcétera, confluían gozosa y multitudinariamente. Quien esto suscribe, no tenía salvoconducto. Quien esto suscribe, fue invitada a esperar, y lo hizo durante casi media hora a pie quieto, hasta que pasaran las personas autorizadas. Quien esto suscribe, encontró un hada madrina que hizo el milagro. Quien esto suscribe, finalmente, pudo pasar a la sala. Quien esto suscribe, lo dio todo por bien empleado. Y esto fue solo el principio…

Porque lo que tuvo ocasión de ver, tras tanta peripecia, proyectado en tres salas simultáneamente y presentado otras tantas veces por el director y parte de su equipo, es un film poderoso a tener muy en cuenta. Porque la historia de dos detectives que son ‘castigados’ a resolver el caso de la misteriosa desaparición de dos hermanas adolescentes, en unas marismas llenas de asechanzas y peligros, es única y singular en más de un sentido.

Porque combina sabiamente el thriller negro, negrísimo, con el trasfondo socio-político-económico de la España de la Transición, comienza el 20 de septiembre de 1980. Pero también es una mirada lúcida y crítica a una comunidad claustrofóbica, donde todos sus habitantes guardan secretos. Pero también posee una puesta en escena elegante y sutil, en la que silencios, gestos y miradas cuentan tanto como las palabras. Pero también está habitada por una violencia soterrada, acechante y cortante como un cuchillo, que te sorprende con la guardia baja.

Porque nos regala hermosos planos de unos paisajes vistos tanto desde las alturas como a ras de tierra, tan amplios como estrechos son sus interiores y su paisanaje, cortesías de Alex Catalán. Porque la surcan preciosas aves con sus gritos de vida y que son parte integrante de la historia. Como sus cielos, tan cambiantes. Como sus plantas. Como el agua que la recorre por todos sus puntos cardinales. Porque su banda sonora, de Julio de la Rosa, se mimetiza con el sonido y el ruido ambientales integrándose, sin innecesarios subrayados, como un elemento dramático más.

Porque tiene unas diabólicas elipsis, al servicio de un inteligente guión de Rafael Cobos y el propio realizador, que retan continuamente al espectador y no se lo ponen nada fácil. A veces incluso, este sería uno de sus peros, junto a un final potente pero algo apresurado, innecesariamente difícil y complicado. Porque nos recuerda que la España de la que hablan – tan bien ambientada la época, sin imposturas, ni mixtificaciones – forma parte de nuestro presente. Porque nos recuerda cuantas historias individuales y colectivas se cerraron en falso. Porque nos recuerda que hay clases, víctimas y verdugos y víctimas de las víctimas. Entre las cuales, las mujeres que la pueblan.

Porque se habla un andaluz profundo, no impostado, ni zarzuelero. Porque es densa, intensa, tenebrosa y posee nervio – esa persecución en coche por la marisma… – y emoción. Porque ha obviado los más trillados y facilones clichés del género. Porque te atrapa desde el minuto uno y ya no te suelta. Por su ritmo, su clima, su clímax y su atmósfera.

Porque es una historia coral, pero tiene dos claros protagonistas. Porque Raúl Arévalo y Javier Gutiérrez -¡¡¡qué personaje el suyo!!!- también representan las dos caras de un país y las de dos policías tan antagónicos como complementarios. Porque ambos están que se salen. Porque tiene algun@s secundari@s de oro. Por todo ello, y por tantas cosas más, no se les ocurra perdérsela.

Post scriptum y fe de olvidos. Quien esto suscribe, terminó de redactar esta entrada a las tantas de la madrugada, tras el preestreno. Eso explica su olvido – aunque no se pueda escribir todo de todo… – al mencionar el excelente trabajo del técnico de sonido, Daniel de Zayas; del montaje de Jose M. G. Moyano, como representantes de un equipo técnico difícilmente mejorable. Y de la intensidad de las presencias, en sus breves pero inolvidables apariciones, del gran Antonio de la Torre y de Nerea Barros, como representantes, asimismo, de un reparto en estado de gracia. Subsanado queda.

‘Jersey boys’: Brotherhood

Para l@s bebés brutalmente torturad@s y asesinad@s en las inicuas becerradas. Contra quienes manchan con el dolor,  el sufrimiento y la muerte de criaturas inocentes, el hermoso mes de septiembre y el comienzo del otoño. Contra quienes lo consienten, lo ejecutan y lo financian. Contra quienes, en este país tan siniestramente cruel, nos rompen permanentemente el corazón a l@s animalistas.

 

 

La adaptación cinematográfica de un drama biográfico musical – ganador de un Tony y que ha recorrido con éxito los escenarios de medio mundo – sobre un grupo de pop rock muy famoso en las décadas de los 60 y 70, no parecía, a priori, un proyecto idóneo para un clásico del cine como Clint Eastwood. Y no lo parecía, paradójicamente, pese a su versión del drama existencial de Charlie Parker en ‘Bird’. El resultado es tan curioso como irregular.

Como quien esto suscribe no ha visto el musical homónimo, tiene que decir que le pareció peculiar, en el buen sentido, que el realizador apenas si respetara las reglas de un género que, al menos en el cine norteamericano, están más que codificadas. Aunque ello no le haya impedido incurrir en ciertos lugares comunes, como las del ascenso y caída de unos ídolos con un líder siempre al filo y con pies de barro. Algo que se ajusta a la realidad histórica, por otra parte, y cuyos peligros más efectistas ha intentado, y logrado, conjurar.

Para empezar, los personajes se dirigen a la cámara comentando sus impresiones sobre las incidencias del relato en muchas ocasiones. Esto provoca, a la vez, tanto el distanciamiento necesario, a menudo cargado de irónico y caustico humor, como la complicidad con el espectador, quien se enriquece con otras lecturas de los hechos, además de las contenidas en lo narrado. Otro cliché hecho trizas, para bien y para mal, es el del mafioso, interpretado aquí por Christopher Walken. Parece más bien un Papá Noel que un Padrino al uso…

Tiene ese clasicismo narrativo marca de la casa, con la complicidad de la hermosa fotografía de Tom Stern, que no siempre funciona bien cuando la efervescencia del relato pide a gritos más marcha. Pero permite, al tiempo, contemplar con más profundidad a los personajes y a su época. Luego también están las voces, tan parecidas a los originales. Gorgoritos y falsetes que rompieron moldes y crearon precedentes en algunos de los vibrantes temas de Bob Gaudio. Hermosas y limpias voces que ocultaban la oscuridad de unas vidas que hacían aguas por todas partes.

La fraternidad masculina, otro tema tan caro al cineasta. La amistad que es puesta a prueba una y otra vez, pero que nunca resulta vencida. El seductor egoísta, narcisista pero irresistible, tan bien interpretado por Vincent Piazza, el mejor de la función. Pero las mujeres… Triste papel el que les deparan estos años, la propia película y el grupo. Al cabo, desprovistas de identidad y de voces propias. Madres, esposas, hijas, groupies, amantes…

¿Conclusión para quien esto suscribe?. Una película insatisfactoria, pero no desprovista de interés. Un trabajo menor de este clásico viviente, que resulta mayor en una oferta cinematográfica, salvo algunas excepciones, tan trillada y previsible. Larga vida, Mr Eastwood. Que su condición de octogenario no le impida regalarnos de nuevo otra obra maestra.

 

‘La Palabra y la Imagen’: Un recordatorio

El miércoles, 1 de octubre, a las 19.30, en La Casa del Libro de Sevilla, sita en la calle Velázquez, tendrá lugar la inauguración de la tercera temporada de la tertulia de cine, ‘La Palabra y la Imagen’.

Debatiremos sobre lo visto durante este verano, que ya se acaba. Con el lujo añadido de contar con dos realizadores de esta ciudad, Laura Alvea y Jose F. Ortuño, responsables de ‘The extraordinary tale’. Ambos, ella y él, él y ella, han sido tan amables de aceptar la invitación de quien esto firma. Y lo han hecho sabiendo que no iba a hablarse en exclusiva de su más que notable y singular película, cuya crítica pueden leer en estas mismas páginas, sino que repasaríamos los estrenos más interesantes de este periodo de tiempo.

Así que quien esto firma invita a tod@s a corresponder a esta generosidad y gentileza, acompañándoles en esta sesión. Os esperamos. Promete y mucho.

P.S. Os recordamos el tráiler y nuestra crítica de ‘The extraordinary tale»

‘The extraordinary tale’: El País de Nunca Jamás…

‘En cartelera’: Los géneros al poder…

 

La oferta de títulos de la cartelera, que se renueva hoy, es variada y abundante. Destacamos, como es habitual, los más interesantes y-o que se proyectan en versión original, no sólo en las clásicas y queridas salas del Avenida, sino también, hay que celebrarlo, a determinadas horas y algunos de ellos, en las del Nervión. Son cuatro. Una comedia, un documental, un drama autobiográfico y un musical. Lo escrito, géneros al poder…

La comedia es la canadiense, ‘La gran seducción’, de Don Mckellar. Trata sobre un pueblo que tiene la posibilidad de que una fábrica sea instalada allí, creando empleos muy necesarios, pero con la condición de que haya un médico residente. De ahí, el título pues intentan seducir al joven doctor eventual para que se quede. La preceden buenas referencias y habrá que verla.

El documental es el italiano ‘Sacro Gra’, de Gianfranco Rosi. León de Oro en Venecia y Giraldillo de Plata en el Festival de Cine Europeo de Sevilla el pasado año. Sobre las gentes que habitan en el anillo de circunvalación que rodea Roma. Hay que verla, desde luego. La crítica la tienen en estas mismas páginas.

El drama autobiográfico es el francés ‘Yves Saint Laurent’, de Jalil Lespert. Sobre determinados episodios de la vida del famoso diseñador. Reseñas irregulares. No hay que confundirla, sin embargo, con la no autorizada por sus herederos que ha firmado Bertrand Bonnello y que veremos en la próxima edición del SEFF.

El musical, un género en alza, es el británico, ‘God help the girl’, de Stuart Murdoch en el que una chica intenta resolver sus problemas emocionales a través de la música. Ha obtenido división de opiniones de la prensa especializada.

Otra, ya más comercial y doblada, pero que viene precedida de críticas tan dispares como intensas es la definida como perteneciente a otro género, el  ‘gótico sureño’. Hablamos de la estadounidense, ‘Joe’, de David Gordon Green. Ambientada en Mississipi narra la singular amistad entre un ex presidiario y un chico de quince años. Se ha destacado mucho la interpretación de su protagonista, Nicolas Cage.

Por último, deplorar otra ausencia. La de la griega, ‘Boy eating the bird´s food’, de Ektoras Lygizos y vista en el pasado Festival sevillano. Potente y notable radiografía de las nuevas, jóvenes e ilustradas víctimas de la crisis. ‘Los nuevos pobres’, en palabras de su realizador, ejemplificados aquí en el personaje central. Lamentable de veras.

 

 

‘Boyhood’: Fe de vidas…

El guionista y realizador de Texas Richard Linklater, cosecha del 60, es uno de los cineastas más interesantes y singulares de su país y no sólo… Lo ha demostrado con creces en títulos como la trilogía de ‘Antes del amanecer’, ‘Antes del atardecer’ y ‘Antes del anochecer’, ganando un Oso de Plata en Berlín y fundando la Sociedad Cinematográfica de Austin para promocionar el cine más independiente y creativo. Vegetariano, bendito sea, por más señas, y responsable asimismo de la incisiva ‘Fast Food Nation’. Todo un currículum…

En esta su última propuesta, el realizador ha rodado la vida del niño protagonista desde la edad de seis, hasta su ingreso en la universidad. Es decir,  durante doce años en cortos lapsos de tiempo – tres o cuatro días o una semana – hasta conseguir un fresco excepcional y nunca mostrado en el cine. Pero, y aunque se haya centrado en él – de ahí su título boyhood, niñez o juventud, en masculino – no ha eludido, al contrario, a su entorno parental, amistoso, colegial, amoroso, fraternal.

Precedida de los Premios al Mejor Director en Berlín y el FIPRESCI a la Mejor Película del año, entre otros reconocimientos, sus 165 absorbentes minutos recorren todo un itinerario cronológico narrado de forma que elude sabia y lúcidamente cualquier tentación efectista, transcendente, pretenciosa o de tics autorales al uso. Muestra a un grupo familiar, con sus anexos, en continua transformación y, de paso, se permite un retrato ácido y demoledor de su Texas natal sin subrayados, ni falta que le hacen.

¿Cómo explicarles lo que supone la experiencia única y extraordinaria de sumergirse en una cinta como esta? ¿Cómo describirles su densidad, su profundidad tan fluida, su complejidad, su amargura, su humor, su lirismo, su dureza,  su agridulce visión de unas personas tan reales, tan vívidas, existiendo ante nuestros ojos, mostrando sus cambios físicos, emocionales, de hábitat? ¿Cómo, cómo, cómo?

Porque no es un ejercicio nada fácil atrapar las palabras precisas con las que nombrar lo visto y sentido durante su proyección. Porque su metraje contiene tantas experiencias, tantas sensaciones, tantas vivencias, tanto desarrollo y mimo por los personajes y no sólo por el central… Porque no se relatan doce años de vidas, no sólo de vida, sin salir indemne. Luchas por la supervivencia, mudanzas, violencias conyugales, solidaridad, crecimiento, primeras amistades,  primeras fiestas, primeras relaciones sexuales, primeros amores, primeros desengaños, una madre y un padre tan diferentes y de trayectorias tan opuestas, el descubrimiento de una vocación, la iniciación a un estadio adulto, la universidad…

Lee Daniel y Shane Kelly la fotografían. El director es también responsable de un prodigioso guión. Una puesta en escena hermosa e inapelable. Una sugerente banda sonora para cada época. Un reparto en estado de gracia con nombres propios como los de Ellar Coltrane, Patricia Arquette, Ethan Hawke o Lorelei Linklater, que nos ofrece lo mejor de sí mism@s.  Que nos dan fe de sus vidas, de la vida, del paso del tiempo con sus glorias y miserias. Estamos, probablemente, ante la película del año. Corran a verla.

‘Antes del frío invierno’: Cuenta atrás…

Para Elegido, Toro de la Vega 2014, vilmente torturado y asesinado hoy. Para la valiente y hermosa gente animalista que ha estado en Tordesillas, intentando, a costa de su integridad física y emocional, salvarle. Contra la infamia y la barbarie de todo un pueblo y de este país brutal y feroz.

Philippe Claudel es un escritor, guionista y cineasta francés, de la cosecha del 62. Quien esto suscribe estimó como espectadora dos de sus películas anteriores, ‘Silencio de amor’ y, sobre todo, ‘Hace mucho que te quiero’. Ahora acaba de estrenarse su nueva cinta, ‘Antes del frío invierno’, un cursi y obvio título español para ‘Antes del invierno’. Está fechada en el 2013, el guión corre a cargo del propio realizador y su metraje es de 103 minutos.

La historia sigue a un brillante neurocirujano sexagenario, en teoría con todo lo que se puede desear en la vida. Una casa maravillosa en un entorno idílico, buenas y leales amistades, una mujer generosa y comprensiva, una nieta adorable, pacientes que le estiman y respetan, igual que sus colegas. Hasta que un día la presencia insistente de una misteriosa joven veinteañera en su camino y el anónimo envío de ramos de rosas rojas, desestabilizará sus coordenadas existenciales.

Posee una factura impecable, bella y elegante, acorde con el lujoso escenario que describe, el de una alta burguesía ilustrada en el pleno disfrute de sus bienes terrenales. Una factura impecable con escenas sugerentes, elegantes fundidos en negro y algunos silencios más que elocuentes. Además de la banda sonora de André Dziezuk,  de sus temas musicales, de la hermosa fotografía de Denis Lenoir y del reparto, en especial, de Kristin Scott Thomas y Daniel Auteil, sobre todo y sobre tod@s. Pero, quien esto suscribe lamenta escribirlo, poco más.

Porque el guión hace aguas por todas partes. Porque falla la coherencia interna del relato. Porque tiene importantes bajones de ritmo. Porque insinúa subtramas y personajes secundarios que no evolucionan. Porque su credibilidad como historia se resiente gravemente, pecado capital. Porque ni siquiera es capaz de asumir el lastre del paso del tiempo en el protagonista. Porque las mujeres están muy pobremente retratadas. Porque está vacía de contenido. Porque no emociona. Porque la mayoría de los personajes son de una sola pieza. Porque es pretenciosa y, a la postre, banal. En fin… ustedes mism@s.

‘En cartelera’: Nuevo curso…

Pues sí, y viene plagado de estrenos, como los del pasado viernes, 12, tan variados como heterogéneos. Comenzamos con las cintas que pueden verse en su versión original. Y no sólo en el Avenida, también en Nervión a determinadas horas, que pueden consultar. Así por ejemplo, en la primera de las salas citadas se exhibe la francesa,  ‘Antes del frío invierno’, del escritor y realizador Philippe Claudel. Sobre un matrimonio cuya unión es puesta a prueba por una joven veinteañera. Kristin Scott Thomas y Daniel Auteil hacen los honores. Sus referencias son contrastadas, pero habrá que verla. O la gallega, que nos llega con un mes de retraso, ‘El oro del tiempo’, de Xabier Bermúdez, que ha cosechado asimismo división de opiniones, pero se impone su visión.

En el segundo de los multicines mencionados, pueden verse también en su lengua materna dos estadounidenses. ‘Boyhood’, de Richard Linklater, que narra la historia de doce años en la vida de un chico, su familia y su entorno, cuyas críticas han sido superlativas y el thriller de espionaje, ‘El hombre más buscado’, de Anton Corbijn, última cinta rodada íntegramente y protagonizada por el añorado Philip Seymour Hoffman. Muy pronto, tendrán sus críticas en este blog.

Otro thriller francés, pero de acción, es ‘Mea culpa’, de Fred Cavayé, sobre un ex policía cuyo hijo pequeño es testigo de un asesinato de la mafia. Con Vincent Lindon y reseñas positivas. Cambiando de registro tenemos a la comedia romántica inglesa, atípica y gamberra, ‘Les doy un año’, de Dan Mazer. Ha divertido y decepcionado a partes iguales. Crimen, misterio y drama se integran en la hispano-argentina, ‘Betibú’, de Miguel Cohan, sobre asesinatos en serie de hombres poderosos. Ha gustado, en general. Y otro drama español, ‘Tres mentiras’, de Ana Murugarren. Sobre embarazos adolescentes, ocultaciones y niños robados en los setenta. Sin referencias.

Por último, dejar constancia de otra ausencia. Se trata del documental hispano-boliviano, ‘Gabor’, de Sebastian Alfie, en la que se mezclan cegueras y rodajes en una historia autobiográfica que ha sido positivamente valorada.

‘El secuestro de Michel Houellebecq’: Estocolmo

De entrada, quien esto suscribe no tiene ningún motivo para simpatizar con el protagonista de este curioso experimento cinematográfico. Ninguno. Michel Houellebecq, poeta, ensayista y novelista francés, de la cosecha del 58, es misógino, xenófobo, pornógrafo y reaccionario confeso. Y esta actitud de cuestionar lo políticamente correcto, le ha generado más de un disgusto, un juicio que ganó y un enorme prestigio entre crítica y lectores-as, además de una calidad literaria más que glosada, que quien esto suscribe no puede juzgar. Se hizo con el Goncourt en 2010, por ‘El mapa y el territorio’. Junto a este libro, sus obras más conocidas son ‘Plataforma’, ‘La posibilidad de una isla’ o ‘Las partículas elementales’.

Una vez situado al personaje central, se hará lo propio con la historia. El hecho del que se parte es la desaparición del autor durante unos días, en 2011 y en plena promoción de ‘El mapa y el territorio’, uno de sus libros mencionados. La noticia causó una enorme conmoción y desató todo tipo de especulaciones sobre presuntas autorías, nunca resueltas. Así que ahí entra en escena el novelista, actor y realizador francés Guillaume Nicloux, cosecha del 66. Según la nunca suficientemente bien ponderada página Wikipedia, «sus películas están caracterizadas por ambientes y atmósferas de cine negro, con el telón de fondo de investigaciones policiales».

El escritor había ya trabajado para el director en un papel secundario, en otra película.  Y el misterio del presunto secuestro le interesó lo bastante para tratarlo con él desde un punto de vista atípico y rompedor. Como una suerte de docudrama en el que destacara más la persona que el personaje. En sus propias palabras a la revista de su país, Allociné, «un experimento fílmico en el que el hombre se desvelaría a través de un rapto existencial un tanto particular».

Así que esta experiencia cinematográfica comienza con el escritor en su entorno, con la gente que conoce, en su barrio. En definitiva, en su salsa. Con placidez, bonhomía y humor, pero sin privarse de su libertad de expresión. Forma parte del  jurado en un premio importante cuando es secuestrado por tres tipos tan toscos como lerdos, tan ingenuos como potencialmente peligrosos, ante los que el autor, pese a estar encadenado, no opone resistencia. Pero tampoco les hace concesiones, sobre todo reclamando su encendedor, pues es un fumador impenitente.

El director describe esta curiosa, esperpéntica y extravagante convivencia forzosa entre el novelista, un gitano, un ex boxeador y un mecánico, los captores, en clave tan aparentemente cercana como surrealista. Tanto es así, que  esta cinta hubiera hecho las delicias de Buñuel. La hace a la vez tan presuntamente formal, como incisivamente irónica y desternillante. Porque, además, toda esta situación tan objetivamente dramática – la víctima está esposada la mayor parte del tiempo – dinamita todas las convenciones de cualquier género. Y los dueños de la casa – una encantadora pareja de ancianos – son cómplices del delito y padres del tercero de los secuestradores arriba mencionados.

Tod@s hablan, teorizan, discuten, comen, fuman… como si se tratara de una velada familiar al uso. El secuestrado – excelente actor, por cierto. No debe ser nada fácil interpretarse a uno mismo – exhibe simultáneamente fuerza y vulnerabilidad, estupor y diversión, asombro e indiferencia, valor y osadía… Aunque a quien esto suscribe le disguste profundamente su trato carnal con una jovencísima prostituida, que remite, inevitablemente, a lo peor del personaje. Mención especial merece ese trío de ases irresistiblemente cómicos como son Mathieu Nicourt, Maxime Lefrançois y, sobre todo, Luc Schwarz.

En cualquier caso, y pese a algunos bajones de ritmo, merece la pena ver esta cinta singular, este secuestro único e irrepetible en el que el llamado síndrome de Estocolmo está tan presente como invertido.

‘Begin again’: Estrellas y estrellad@s

Dos o tres cosas que sabemos sobre el responsable de esta cinta. Irlandés, de la cosecha del 72, guionista y realizador, obtuvo todos los reconocimientos y aplausos críticos con su muy interesante ‘Once’, fechada en 2006. ‘Begin again’ es su primer trabajo para el cine norteamericano. Integrado en la corriente indie, de bajo presupuesto, es, asimismo, un buen conocedor del ambiente discográfico, lo que demuestra con creces en ambos filmes.

Ambos filmes, ‘Once’ y el que nos ocupa, pertenecen al mismo género felizmente mestizo entre la comedia, el drama, el musical y el romance. Ambos tienen el hilo conductor chico conoce chica, en las horas más bajas de uno y otra. Ambos cuentan con hermosos temas en su banda sonora. Ambos están habitados por personajes con señas de identidad. Ambos presentan a protagonistas creativ@s, pero no especialmente afortunad@s. Ambos integran las melodías como elementos dramáticos que subrayan la historia. Ambos hacen profesión de fe de su independencia, aún cuando este último cuente con un presupuesto mucho más holgado.

En su título original, que no en su versión, pues la hemos visto lamentablemente doblada, ‘Begin again’ – también estrenada así en castellano – contiene el epígrafe (Can a song save your life?) . O, lo que es lo mismo, (¿Puede una canción salvar tu vida?). Y es que tal cosa le ocurre al héroe-antihéroe masculino al escuchar la que canta la chica. Él, productor musical y co-fundador de un sello discográfico que acaba de abandonar, por desacuerdo con la línea adocenada que está llevando. Ella, cantautora que acompaña a su chico y colega a la Gran Manzana, para descubrir que el éxito de él va parejo con el desamor. Ambos se encuentran la noche de un día aciago en un bar en el que ella interpreta un tema triste y amargo, que sólo él sabe valorar y…

Lo que sigue es un relato delicioso y perfectamente estructurado. Lo que sigue es una historia de personajes que saben mantener su integridad y sus principios frente a los cantos de sirena del dinero y del éxito. Lo que sigue es una doble historia de amor, en la que nada es lo que parece. Lo que sigue es un musical atípico, con la imaginación y la creatividad por delante. Lo que sigue es la utilización de esa ciudad icónica, Nueva York, como escenario único de una grabación discográfica tan rompedora como sugerente.

Lo que sigue es una complicidad perfecta entre dos seres únicos, valiosos y singulares a los que encarnan maravillosamente Keira Knightley y Mark Ruffalo, con los no menos inspirados Adam Levine y Catherine Keener como telones de fondo. Lo que sigue es una incisiva y lúcida crítica a la escena musical. Lo que sigue es una historia estimulante y gozosa, pero también agridulce, melancólica y nada complaciente. Lo que sigue, en definitiva, es una película notable que no deberían perderse.

‘El misterio de la felicidad’: Sin rastro…

 

A Daniel Burman – argentino-polaco, de la cosecha del 73 -, firmante de esta cinta y responsable de su guión junto a Sergio Dubcovsky, se le ha llamado el Woody Allen bonaerense. Con el realizador neoyorquino tiene en común sus orígenes judíos, hacia los que proyecta una crítica ironía en el terreno de las relaciones más íntimas. Pertenece a la Nueva Ola del cine de su país y en su filmografía hay títulos tan interesantes y reconocidos como ‘El abrazo partido’, Gran Premio del Jurado y Oso de Plata, en el Festival de Berlín de 2004 o ‘Derecho de familia’, Cóndor de Plata de la crítica en 2006. Está considerado por la prensa especializada como uno de los cinco mejores guionistas y realizadores patrios. Fuentes de la indispensable Wikipedia.

La historia sigue a dos socios y amigos de toda la vida en una empresa de electrodomésticos. Su relación es tan inmejorable y cómplice que se cuentan todo y todo lo hacen paralela y simétricamente. Su forma de vestir, su llegada al trabajo, sus despachos contiguos, su ocio en el hipódromo, sus gestos y aficiones. El reparto de papeles en el negocio es complementario y nada parece enturbiar esa placidez laboral y personal… hasta que uno de ellos, que está casado, desaparece sin dejar rastro. La esposa y el otro comenzarán sus pesquisas implicando en ellas a la policía – que se lo toma con escepticismo – y a una suerte de coach espiritual más que extravagante. En esta aventura descubrirán mucho más de lo esperado.

Burman muestra lo mejor de sí mismo – partiendo de la base de que esta es una obra menor en su currículum – en la primera parte del filme. La descripción del modus vivendi de ambos. Sus similitudes y diferencias. La convicción casi inquebrantable por parte del que se queda – un competente, aunque algo falto de matices, Guillermo Francella – de que están en el mejor de los mundos y que nada va a alterar el orden de cosas en el que se mueve nos es mostrada con una irónica ternura. Pero, sobre todo, la irrupción de una irresistible y desternillante Inés Estévez en el rol de la mujer abandonada es, sin lugar a dudas, lo mejor de la cinta. Su personalidad tan asertiva como caótica. Su manera de situarse en el espacio que le corresponde, sin mimetismos conyugales, por propia iniciativa.

La forma en que ve las cosas y las cuenta. Sus adicciones a los fármacos y sus devaneos alcohólicos. Su receptividad y disposición a asumir sobre la marcha las situaciones más peregrinas en las que se ve inmersa. Su causticidad e inocencia. Todo ello, junto a sus líneas de diálogos, es lo mejor de un relato que, de haber mantenido ese ritmo y esa intensidad, habría sido mucho más estimulante. Comparada con la alleniana, ‘Misterioso asesinato en Manhattan’, carece de su inteligencia, de su sutileza y, en definitiva, de su calidad. Porque, aunque tenga los destellos antes descritos, todo se va al traste en la segunda mitad.

Y lo hace porque desaparece la intriga, aunque persistan los interrogantes, y no es sustituida por ninguna otra cosa. Y lo hace porque neutraliza al personaje femenino en beneficio del de Francella. Y lo hace porque plantea varias subtramas – algunas incluso contradictorias entre sí – sin desarrollar ninguna. Y lo hace porque abandona el humor en beneficio de una pseudonostalgia transcendente y trasnochada. Y lo hace porque su final, aunque abierto, es bastante sonrojante, indigno de la inteligencia que ha mostrado su realizador en otros casos.

Ya están advertid@s para lo mejor y para lo peor. Ustedes mism@s…