Seis días en Nueva York. Una aclaración imprescindible

La autora de estas crónicas ni es, ni lo pretende, una experta en arte,  arquitectura, urbanismo, ni en nada que concierne a una metrópolis tan compleja e inabarcable como la que nos ocupa.  Por el contrario, reconoce su ignorancia en tales disciplinas y asume su enorme osadía al hacerlas públicas a través del blog.

Se trata de dejar una constancia intensamente personal, subjetiva e intransferible de un viaje único para su archivo de memoria más particular. Una vez dicho esto, certificar que a esta ciudad le sienta muy bien el día. Más aún, como el de hoy, cuando el cielo llora sobre ella y permite apreciar, bajo su luz tamizada los contornos y detalles de esos edificios singulares que le confieren sus irrepetibles señas de identidad.

Rascacielos y mansiones de una belleza tan clásica como radicalmente transgresora, que dejan sin aliento. En unos y otras, se conjugan estilos y materiales muy diversos, asi como alturas tan contrapuestas, pero que armonizan perfectamente. Ladrillo, vidro, cristal,  cobre, hierro… Modernismo,  Art Deco, neo gótico, neoclasicismo, eduardiano junto a las formas más futuristas y rompedoras. Una combinación tan sorprendente como irresistible. Continuará…

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A modo de prólogo. N.Y., N.Y…

El primer contacto de la abajo firnante con el suelo estadounidense tuvo la banda sonora del atronador aplauso del pasaje al aterrizar el avión. Tan cinematográfico. .. Curiosa la sensación de retroceder en el tiempo,  a la escala mínima de los husos horarios. Seis horas menos y ya estamos en el aeropuerto de New Jersey, recordando a Gandolfini y Los Soprano. Leve el control de inmigración, comparado con el de Lisboa, nuestra escala precedente. Tras tomarnos las huellas y sellar los pasaportes, nos despidieron con un: «Have fun, girls».

Desde el bus que nos conduce a nuestro destino, un grito jubiloso señalando al Empire State nos anuncia que estamos llegando Ahí está,  imponente e iluminado,  en todo su esplendor nocturno. Como la propia ciudad, tan impactante como un ascua de luz de neones y de colores. Impagable verla así, por el Midtown de Manhattan, atravesando la calle 42 a su paso por Times Square, la Quinta Avenida, la Biblioteca, Grand Central Station. Todo ello como grandiosos titulares, dorados y magníficos, de las promesas que encierra. Continuará…
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No sólo cine: Seis días en N. Y.

Este texto es para dejar constancia de que quien esto suscribe va a hacer un paréntesis en sus reseñas blogueras, porque se va de viaje a la Gran Manzana. Un viaje soñado e inesperado. El mejor regalo que alguien puede tener, de la mejor hija posible. Escrito queda a modo de aviso, para posibles lectores-as acostumbrad@s a la periodicidad, muy frecuente, en las publicaciones.

Quien esto suscribe ha visto cintas que, para bien o para mal, no ha reseñado con los preparativos. Quien esto suscribe, no descarta – la que avisa no es traidora… – registrar algunas de sus experiencias o vivencias allí, si las considera de interés. Quien esto suscribe, se congratula de, con la que está cayendo, tener la oportunidad de salir de este país y abrazar los muchos e inabarcables estímulos de ‘la ciudad que no duerme’. Quien esto suscribe, les desea lo mejor en este paréntesis.

 

 

‘Black Coal’: En un viejo país ineficiente…

Para el perro Excalibur, en el corredor de la muerte, víctima inocente de la sórdida ineptitud de una ministra y de un Gobierno, que pretenden hacerle pagar la gravísima crisis sanitaria provocada por su incompetencia.

El subtítulo de esta crítica se refiere al comienzo de un hermoso y célebre poema del gran Gil de Biedma, referido a España, pero también podía hacerlo a esta China tenebrosa y desconcertante retratada en este thriller, igualmente tenebroso y desconcertante. Un retrato en negro de una nación, antaño gloriosa, de pasado reciente comunista y de un presente salvajemente capitalista.

Un retrato hosco, ácido, inclasificable y sin contemplaciones. Un retrato sórdido y paradójico en la mirada de un ciudadano de ese país. Hablamos del actor y realizador Diao Yinan,  cosecha del 69, del que es la tercera película, y con la que se hizo con el Oso de Oro en el Festival de Berlín. Un retrato que vehicula una historia más que singular, de 106 minutos de metraje. Un retrato inesperado que no dejará a nadie indiferente y que está levantando ampollas, dentro y fuera de esa nación inmensa y llena de contrastes. Un retrato que abarca cinco años desde 1999 hasta 2004.

Cinco años en la vida de un muy particular y presunto servidor de la ley y que comienzan con la investigación de unos crímenes cuyas víctimas aparecen, desmembradas y arrojadas, a modo de paquetes, sobre camiones de transporte de carbón, de ahí el título de la cinta. Este hombre ve morir asesinados a dos de sus compañeros en una emboscada durante la investigación del caso que se cerró en falso.

Luego, una brillante elipsis, en un túnel de autopista bajo la nieve, nos traslada en el tiempo al aquí y ahora del protagonista – un magnífico Fan Liao, Mejor Actor en la Berlinale – convertido en un guardia de seguridad alcoholizado, al que roba su moto quien, en principio, pretende auxiliarle tras una caída. A partir de ahí,  con el asesino de nuevo en activo y con el mismo modus operandi, inicia en solitario una excéntrica e irregular investigación poblada de situaciones y personajes más que peculiares y tan perdidos como él.

Estamos ante un fascinante ejercicio de estilo, ante un thriller  demoledor en el que no hay ni buen@s, ni mal@s porque refleja el nihilismo de una sociedad profundamente corrompida. Tod@s mienten, tod@s, aún con matices, delinquen, tod@s van a la deriva, tod@s actúan por impulsos que no siempre l@s espectadores-as – es de suponer que especialmente l@s occidentales…- codifican correctamente y que, en varias ocasiones, provocan un efecto inesperadamente cómico. En clave de grotesco y ácido humor negro.

Negro, negro, negrísimo en el que hasta la nieve parece oscura y, desde luego, tan hostil, sucia y hosca como todo el entorno sobre el que cae impenitentemente. Poblada de situaciones turbias, extemporáneas y atípicas, no deja títere con cabeza. Habitada por personajes masculinos más que áridos y agresivos con sus congéneres y con las mujeres, y por personajes femeninos herméticos y contradictorios, cuando no directamente bizarros. Con momentos estelares – ese final…- y otros en los que la inteligencia del espectador es sometida a una dura prueba porque adolece de una cierta coherencia argumental.

Con todo, pese a todo y por todo, permitan que les rompa sus esquemas, que les incomode y no dejen de verla. Merece ser tenida muy en cuenta.

‘Ahí os quedáis’: Amén…

El currículum del realizador de esta película norteamericana, el canadiense Shawn Levy, cosecha del 68, no es precisamente distinguido. Entre su filmografía están ‘Los becarios’, o las tres de la saga, ‘Noche en el museo’… Aún así la abajo firmante se atrevió con esta su última propuesta fílmica, basada en best seller de Jonathan Tropper, quien se encarga asimismo del guión. Su metraje es de 103 minutos y el título original sería algo así como ‘Ahí donde os dejé’, que no tiene nada que ver, ni literal, ni metafóricamente hablando, con el ‘creativo’ castellano.

Cuenta la historia de tres hermanos y una hermana, de ascendencia judía, pero no practicantes que, a la muerte del padre, y respetando, aún a regañadientes, su última voluntad, deberán acatar la Shiva. Se trata de permanecer en la casa familiar durante un duelo de siete días, con sus parejas, tras el funeral. Con su exuberante y desinhibida progenitora como anfitriona. Los problemas, que tod@s arrastran, más los derivados de tan forzada convivencia, no tardarán en estallar.

Enésima versión del género de los reencuentros familiares, con el toque negro del  óbito, funeral y duelo paterno a la manera hebrea, aunque teóricamente descreída. Y con el presunto picante añadido de su ‘apertura’ en temas sexuales. En este caso, mostrada de una forma más bien obvia y, a la postre, conservadora. Porque, pese a su presunta osadía, verbal y de algún que otro gesto, la cinta no puede ser más recatada. No transgrede, salvo esa ‘sorpresa’ materna, ni un solo tabú, ni uno solo.

Con un tratamiento  rutinario, sin apenas gags, aburrido, sin el ritmo y la malicia que un tema supuestamente rompedor hubiera requerido. Previsible hasta decir basta en la resolución de los conflictos, así como en el tratamiento de los personajes y sus relaciones. Capítulo aparte merece su sexismo. Los caracteres femeninos son tópicos, esquemáticos, objetales, no salen de su rol y son maltratados – bastante más que algunos de sus homónimos masculinos – por un guionista y un realizador maniqueos y patriarcales. De vergüenza ajena.

El reparto, desigual, pero es que, con tales mimbres, es imposible. En fin, ustedes verán…

‘En cartelera’: Ofertas plurales y una ausencia

 

En este primer viernes de octubre, la oferta de la cartelera, y con ello nos referimos a los títulos más interesantes sobre el papel, es variada y heterogénea. Comenzamos por las películas que se proyectan en versión original. A saber, una china y una norteamericana. Un thriller y un drama romántico. Hablamos del Oso de Oro del Festival de Berlín, ‘Black Coal’, de Yinan Diao y de ‘La desaparición de Eleanor Rigby’, de Ned Benson.

La primera, aparte del preciado galardón al que hemos hecho referencia y el de la Mejor Película en el mismo Certamen, viene precedida de unas críticas espléndidas y se impone verla. Trata, en clave muy oscura, de unos crímenes separados por cinco años, que reúnen al inspector encargado del caso y a la viuda de la primera víctima, con una cantera de fondo.

La segunda cuenta la exploración de la crisis de una pareja vista desde la perspectiva de él y de la de ella. De hecho, su duración era de casi cinco horas  y se ha comprimido, para hacerla más comercial, en poco más de dos. Esta mutilación, según la prensa especializada, ha afectado a su calidad y el producto resultante ha cosechado división de opiniones. Pero todas coinciden en la gran interpretación de su protagonista, la excelente Jessica Chastain.

Seguimos con una comedia negra norteamericana, ‘Ahí os quedáis’, de Shawn Levy, sobre un@s herman@s, con sus anexos correspondientes, que deben convivir una semana en la casa familiar, a la muerte del padre. División de opiniones, pero se resalta su comicidad. O la española, ‘Los tontos y los estúpidos’, de Roberto Castón, en la que el ensayo de una obra tiene consecuencias personales sobre su reparto. Sin referencias.

Por último,  la estadounidense, ‘La buena mentira’, de Philippe Falardeau, sobre una trabajadora social que acoge a un refugiado sudanés. Contraste de pareceres críticos. Y consignar las ausencias de lamentable rigor, independientemente de su calidad. En este caso, el drama belga, ‘El veredicto’, de Jan Verheyen. Un hombre, una tragedia familiar y una lucha contra las instituciones. Ha gustado.

 

 

‘La Palabra y la Imagen’. Temporada tres: Una velada extraordinaria…

No ha podido tener mejor arranque de curso, mejor inauguración de la temporada – la tercera ya, la tercera… – nuestra tertulia de cine, ‘La Palabra y la Imagen’. No solo por la excepcional categoría de nuestros invitada e invitado, a los que se le añadió una sorpresa muy especial, sino porque dos críticos y una crítica muy querid@s, y que han sido anfitriones y anfitriona en anteriores encuentros, se nos unieron también. Y por el estupendo reencuentro con nuestr@s tertulian@s, tras el largo y cálido verano, con nuevas incorporaciones incluidas. Afluencia masiva, en cantidad y en calidad.

Laura Alvea y José F. Ortuño, responsables de ‘The extraordinary tale’ son un lujo para cualquier encuentro de cine. Pero es que si, además, se les añade el imprevisto maravilloso de la presencia del estupendo protagonista de la película, Ken Appledorn, entonces ya es el no va más. Y esto es lo que ha ocurrido, precisamente, esta noche. Con lo que la velada, si tal cosa era posible, se enriqueció aún más con su voz y su experiencia.

Nuestros protagonistas él y ella, ella y él, tienen unos currículums impresionantes, de los que dimos cumplida cuenta, y que la abajo firmante no registra en esta crónica para no ‘comerse’ todo el espacio. Son una pareja de cine, literal y metafóricamente hablando. Su generosidad va a la par que su talento, pues aceptaron la invitación de esta tertulia, y de esta servidora, pensando que no se iba a hablar de su película en exclusiva, sino que se la englobaría dentro de los estrenos más destacados del verano. Estrenos en los que, por cierto, han brillado. además de ellos mismos, otros dos realizadores sevillanos. Hablamos de Alberto Rodríguez y de Ahmad Natche. Con ‘La isla mínima’ y ‘Dos metros de esta tierra’, respectivamente.

Así que este cuento tan tierno como feroz y tan cruel como inocente. Así que, por supuesto, este cuento extraordinario centró toda nuestra atención. A tres voces, directora, director y actor – sobre todo, y lógicamente, los dos primeros – nos enriquecieron e informaron sobre todos los entresijos de su gestación. De su rodaje. De la historia. Del casting. De sus claves temáticas. De su exiguo presupuesto. De la elección de vestuario. De la imposible financiación. De las disfuncionalidades de sus personajes y  del femenino, especialmente. Del por qué de su versión original inglesa, entre tantas otras cosas.

Como, por ejemplo, que la abajo firmante no quiere dar muchas pistas a quienes vais a tener la oportunidad de verla en filmin ya mismo, que se rodó en Coria del Río con un calor sofocante y con humo sobre los actores, puertas y ventanas cerradas, para crear esa textura tan especial que tiene. Como, por ejemplo, que la maternidad es un tema central, para que sea libremente decidida en las mujeres, y la incapacidad de su protagonista para asumirla. Como, por ejemplo, del condicionante de la educación. Como por ejemplo de las madres de él y de la de ella. Como, por ejemplo, de los padres ausentes. Como, por ejemplo, que el inglés fue una opción de lenguaje claro en un relato intemporal. Como, por ejemplo, que hay una fecha trampa, que la abajo firmante no revela, para que la descubran.

Como, por ejemplo, que se cuestionaba la normalidad al uso. Como, por ejemplo, que Ken y Aïda, el chico y la chica, fueron opciones claras pero él, según confesión propia, debió esperar ocho meses, tras hacer la prueba, hasta que le llamaron. Como, por ejemplo, que el niño de nuestros sobresaltos es el sobrino de Laura y tuvo que rodar separadamente de la protagonista, trucos cinematográficos, porque lloraba al verla con tanto maquillaje. Lo que les sirvió muy bien para cierta escena. Como, por ejemplo, ese final tan abierto. Como, por ejemplo, tantas y tantas cosas más, que tienen que verla sí o sí.

La abajo firmante agradece inmensamente a Laura Alvea, José F. Ortuño y Ken Appledorn, las lecciones de cine que nos han impartido. A Mila Fernández Linares, Borja de Diego y Juan Antonio Hidalgo por su apoyo y presencia. A Manuel de Medio, siempre. A nuestra casa de Casa del Libro de Sevilla y a l@s mejores tertulian@s del mundo mundial por estar ahí y ser como son. GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS.

Nuestra próxima cita tendrá lugar el miércoles, 5 de noviembre, a las 19.30 en la librería. Debatiremos principalmente sobre ‘La isla mínima’, de Alberto Rodríguez. Pero teniendo presentes, como recomendaciones de cartelera y próximos títulos en nuestra lista, ‘Boyhood’, de Richard Linklater, que sigue proyectándose y con sesiones en versión original. Y las flamantes Oso de Oro en Berlín, la china ‘Black Coal’, de Diao Yinan, que entra pasado mañana y la Concha de Oro y Mejor Dirección en San Sebastián, la española, ‘Magical girl’, de Carlos Vermut, que lo hará el día 17. Lo dicho, gracias por una velada tan extraordinaria como el cuento que la ha protagonizado.

No sólo cine: Cálida luna violeta…

Todo un lujo tener en Sevilla a Gioconda Belli, una novelista y poeta nicaragüense de prestigio internacional, con numerosos y merecidos reconocimientos jalonando su carrera. Y con una biografía más que apasionante. Luchadora infatigable contra la dictadura somocista, ocupó cargos de responsabilidad en el gobierno sandinista, que abandonó para dedicarse por completo a la escritura. Feminista convencida, ‘La mujer habitada’ ha sido un libro de cabecera para tantas de nosotras… , también ha roto moldes con su poesía erótica. Esta autora y ciudadana de excepción ha presentado esta noche, en la Biblioteca Pública Infanta Elena, su última propuesta literaria, ‘El intenso calor de la luna’.

GIOCONDA BELLI OK

Flanqueaban a la protagonista Juan José Téllez, director del Centro Andaluz de las Letras, organismo anfitrión a través de su ciclo Letras Capitales; Mercedes de Pablos Candón, directora del Centro de Estudios Andaluces; Silvia Oñate, directora del Instituto Andaluz de la Mujer, y Braulio Ortiz Poole, periodista y escritor. Llenazo absoluto, de antología, como no podía ser menos. Inició la ronda de intervenciones Juan José Téllez, a modo de prólogo, reconociendo el placer y el privilegio de presentar a la autora, «por su vida y por su obra».

Silvia Oñate incidió también en su gratitud y en su emoción, porque Gioconda Belli es una, jugando con el título del ciclo, Letra Máxima Capital. Como mujer, resaltó que los textos de las escritoras tienen un poder de transformación social. El poder de la literatura y de la palabra, el incalculable valor de estos escritos contra los estereotipos patriarcales de la maternidad, el paso del tiempo o la belleza, entre otros muchos.

Mercedes de Pablos señaló las mujeres que hay en Belli. Tales como la feminista, la sandinista, la activista por los derechos humanos. Sobre la protagonista de la novela, comentó que esta Emma, era un «ajuste de cuentas con Flaubert», pues Madame Bovary es el autor francés, según declaró él mismo y por ello no puede identificarse con su personaje. Pero esta tocaya, otra de las adúlteras célebres de la literatura, del siglo XXI, privilegiada por posición social, pero consciente de no haber aprovechado lo suficientemente su vida, rescata lo innombrable: la menopausia. Respeta al lector con el retrato de sus personajes masculinos, es honesta y no sucumbe a la apatía, ni a la desesperación.

Braulio Ortiz dijo que aquello parecía una boda, tanto la mesa como la sala, por lo concurrida. Declaró su amor por ‘la poeta y la narradora’, por la magia de sus libros, por su compromiso político y feminista festivo, gozoso y pasional, y por el, de nuevo, tan novedoso enfoque de esta obra de ‘reivindicar la menopausia como espacio de plenitud’. Por la belleza de su lucha, su avaricia de la vida, de la tierra y de la naturaleza y por su desafío a la vejez.

Belli expresó gratitud y emoción por tal calor humano. Recordó su miedo de antaño a la menopausia y a la vejez, pero ‘aquí estoy con 60 y pico, llena de vida y sexy’. Damos fe… Enfatizó que el discurso social no se ha adaptado a los cambios en la expectativas cronológicas. A una cierta edad, a nosotras -que unimos la menopausia con el nido vacío y que vivimos más que ellos – nos invitan a la retirada de los placeres y a los hombres les dan viagra. Reconoce, dado su ‘vergonzoso pasado como publicista’ que esta de la pastilla azul fue una campaña brillante. Sobre su personaje y debido a su fascinación por Flaubert, comentó que ‘quería a una Emma contenta, que tuviera un buen final, que la luna brillara para ella y que nos representara’. Reivindicó a las amigas y a la solidaridad entre ellas, frente al mito de la rivalidad.

Y el público asistente  -¿hemos dicho ya que una mayoría aplastante de mujeres?-  se volcó pidiéndole que recitara poemas, -cosa que hizo y maravillosamente bien, por cierto-  manifestándole su más rendida admiración por su vida, por su ejemplo y por su obra. Regalándole pendrive de actuaciones basadas en piezas suyas, una embajada malagueña. Voces femeninas y feministas intensas, apasionadas, emotivas y emocionadas hasta las lágrimas. Pero también estuvieron presentes otras voces -‘estoy habitada por las voces de los muertos’- las de las 12.000 personas andaluzas desaparecidas,  las de las que aún están en 130 fosas comunes.

Fue más que una presentación de un libro al uso. Fue una oleada de humor, lucidez, ingenio, brillantez e intensidad de sentimientos las que recorrieron unas dependencias abarrotadas. Dos horas con Gioconda Belli y sus anfitriones-as. Dos horas de una noche de cálida luna violeta. Gracias por esta velada inolvidable.

‘Dos metros de esta tierra’: Ensayo general

«Dos metros de esta tierra serían suficientes para mí» escribió el poeta palestino Mahmud Darwish ( 1941- 2008), un clásico contemporáneo y considerado el mejor de los autores árabes. Murió en Houston, tras una operación a corazón abierto, pero sus restos reposan en Ramala, donde se ha rodado esta singular película de Ahmad Natche, Sevilla, 1974. Leen ustedes bien, quien esto firma también se ha sorprendido ante este dato. Su padre es palestino, ha sido crítico de cine y se formó como montador en Cuba. Este es su primer largometraje, luego de varios cortos y un medio.

Entre el docudrama y el documental, fechado en 2012, con 80 minutos de metraje e interpretado por actores no profesionales, la historia describe los preparativos de un festival de música al aire libre en la ciudad mencionada, durante un verano. Comenzamos viendo una selección de fotografías de pequeñ@s y grandes soldados, luchadores-as por la libertad de su tierra, con muchas mujeres – esto se enfatiza…- entre ellas, para un programa de televisión que comentan una francesa y el director de la emisión.

Luego, y siempre en planos muy simples, fijos, estáticos, se nos muestra todo un mosaico de personajes y situaciones que dan fe, de diversas maneras, directa e indirectamente, de las vivencias de la guerra y de la ocupación. Pero relajada y desdramatizadamente, incluso con humor. Nada más lejos del panfleto que esta película profundamente política. Sabia y sutilmente, con el evento, el escenario, algún@s participantes y los estudios televisivos, el realizador también nos enseña los distintos grupos humanos que pueblan un país oprimido, sin tierra y sin los más elementales derechos.

Rompiendo esquemas. Con mayoría de jóvenes, con mayoría de chicas y con la mayoría de las chicas sin velo. Desde músic@s, a técnic@s de sonido, encargada de vestuario, estudiante de periodismo, locutora, mujeres que han vivido todas las guerras, hombres que también… tod@s tienen su espacio, tod@s se manifiestan en función de sus trabajos y de su papel en el festival. Con esperanza, con visión de futuro, sin ira, aunque tengan muy claras, como no podía ser de otra manera, sus lealtades. Desde los atuendos – los menos- más tradicionales a las camisetas modernas, sí, pero con las efigies del Che o las leyendas a favor de Gaza. Otro mundo…

Al fondo, la añorada Jerusalén. Tan cerca y tan lejos. La ciudad soñada y prohibida. Y, también al lado, justo al lado de este escenario, la tumba del poeta mirando a su querida Ramala. Allí, junto a la sepultura, un estudiante le recita, a una compañera y amiga, un extracto del gran poema ‘Mural’. Y la cámara se mueve, por primera vez, mostrando una bellísima vista de la ciudad, de esa tierra de la que el maestro desaparecido solo quería tener dos metros.

Gente de cine de muchos países, José Luis Guerin entre ell@s, avalando este proyecto en los títulos de crédito. Una cinta diferente, singular, que merece ser vista y apoyada. Háganlo.

‘La entrega’: Una historia de Brooklyn…

Para Vita Lirola, que me ha regalado conocer la N. Y. más mítica, lejos de sus oscuridades.

El escritor y guionista Dennis Lehane – Boston, cosecha del 65 – ha visto algunas de sus obras adaptadas al cine con la mejor fortuna. Así, la espléndida ‘Mystic River’, a cargo del maestro Eastwood ; la notable ‘Adios, pequeña, adios’ de Ben Affleck y la sugerente e irregular ‘Shutter Island’, del clásico Martin Scorsese. También ha colaborado en la escritura de algunos episodios de la serie de culto, ‘The wire’. Con esta que nos ocupa, se ha hecho con el Premio al Mejor Guión en el Festival de San Sebastián. Un guión para el que le ha servido de base un relato corto suyo, llamado ‘Rescate animal’.

Pero es otro hombre el que lo filma. Se trata de Michael R Roskam, un belga de la cosecha del 72, cuya ópera prima, ‘Bullhead’, fue nominada en 2012 a la Mejor Película de habla no inglesa. Esta es su cuarta cinta y la historia sigue a dos primos que trabajan juntos en un bar de Brooklyn. Uno, el mayor, lo regenta y el otro, joven, sirve de camarero.

Aunque no es un establecimiento al uso, porque en él, como en otros, la mafia local, de origen extranjero, hace correr  en sobre enormes sumas, de mano en mano, hasta llegar a sus destinatarios. Simultáneamente, el chico se encuentra un cachorro de pit bull maltratado y abandonado en un cubo de basura. Esto le conectará con una joven, su perturbado ex y dueño del perro y le hará vivir situaciones tan límites como inesperadas.

Con estos mimbres, el autor construye un relato que, sin alcanzar la grandeza de ‘Mystic River’, ni su intensidad emocional, explora los bajos fondos de una ciudad icónica, apenas entrevista más que en interiores o en fachadas. Más que en callejones inquietantes o en exteriores desvaídos. Poblada por seres solitarios, de pasado oscuro, presente inestable y futuro incierto, que no son lo que parecen, ni hacen lo que se espera de ellos. Y, entre esta fauna presuntamente humana, un perro adorable, Rocco. La ternura y el afecto personificados. El hilo conductor de las historias de la trama. Una trama compleja e incitante, que sorprende a cada paso. Un guión milimétrico, ejemplar, justamente premiado.

Y el realizador aporta su eficiencia, al servicio de tal escritura fílmica, con oficio, sutileza y sensibilidad. Permitiendo que la narración fluya con un ritmo, una tensión, un desasosiego y un asombro crecientes. Respetando los tiempos sin efectismos innecesarios. Lo cual, es muy, muy de agradecer. Con la complicidad de un equipo técnico en el que destacamos la fotografía de Nicolas Karakatsanis y la música de Raf Keunen, que le regalan la textura audiovisual requerida a otra película turbia y oscura.

¡Qué decir del reparto!. El querido, añorado, James Gandolfini nos dijo adiós con una interpretación a la medida de su talento. Mathias Schoenaerts, con su perversidad. Noomi Rapace, con su fuerza y ternura. John Ortiz, el policía, tan lúcido como impotente.  Y, sobre tod@s, un prodigioso Tom Hardy, lleno de matices y sugerencias. Si quieren saber más… compruébenlo por sí mism@s. Merece la pena.