‘Gloria’: Retrato de una dama

La abajo firmante se permite, porque vienen al caso, citar de nuevo algunas frases  sobre la ancianidad que quedaron consignadas en estas mismas páginas . Como la que escribió y cantó Violeta Parra: “Maldigo los estatutos del tiempo con sus bochornos” o la que pronunció Woody Allen en San Sebastián en rueda de prensa hace unos años: “La vejez no tiene ningún interés” o, para terminar, la del gran Frank Langella en ‘Wall Street: El dinero nunca duerme’ : “La vejez no es para cobardes”.

Y la abajo firmante se lo permite porque esta cinta del chileno, Sebastián Lelio – coescrita por él mismo y por Gonzalo Maza, de 110 minutos de metraje, Premio Cine en Construcción en San Sebastián 2012 y Mejor Actriz en la última Berlinale – es un retrato certero, pero rebosante de vitalidad y esperanza, de una mujer en esa problemática coyuntura, más cruel aún para ellas,  de la edad tardía.

Así, nuestra protagonista, la eminente Paulina García, no se resigna a dejar pasar ningún tren. Al borde de los sesenta, separada, con dos hijos, chico y chica ya independientes, está sola e intenta por todos los medios posibles disfrutar de lo que aún puede ofrecerle la vida, que también le sirve como evasión. Aficionada al baile, frecuenta locales en los que alterna con mujeres y hombres de su edad, hasta que conoce a Rodolfo. Separado como ella, pero con una gran dependencia emocional de su ex y de sus dos hijas. Pese a todo, inicia un romance con él con todas las consecuencias.

El director nos relata los pormenores de una relación desigual, pero intensa, en la que la mujer es fuerte, madura y consecuente y el hombre, pusilánime, cobarde, inmaduro y temeroso. Y nos la sitúa en sus justos términos, en el entorno familiar, amistoso y social, además del íntimo en el que se desenvuelve la vida de ella, puesto que la de él la mantiene al margen a toda costa y a cualquier precio. Y nos muestra sus momentos más íntimos y eróticos. Dos cuerpos sexagenarios, presas del deseo mutuo, en incandescente combustión, disfrutando de su carnalidad sin tabúes.

Y retrata a esta dama y a sus circunstancias de amor y desamor, en clave de comedia dramática, divertida y agridulce. Y retrata a esta dama generosa y vitalista, con su nieto, con su ex – otro elemento…- y su pareja, con la que crea una amable complicidad. Y retrata a esta dama, llena de inquietudes con las que cubrir el vértigo del abismo cronológico. Y retrata a esta dama con el corazón roto, pero no desahuciado. Y retrata a esta dama despidiendo a su hija, el nido aún más vacío, que se va a otro continente. Y retrata a esta dama con sus amistades, entre la gente, discutiendo sobre política en veladas tranquilas. Y sobreviviendo a sus propios naufragios, y resurgiendo de sus cenizas, tarareando y bailando el tema musical que la nombra…

En resumen, este retrato de una dama, este retrato de ‘Gloria’, es una pequeña gran película. Una joya que, bajo ningún concepto, deberían perderse.

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