‘The Bling Ring’: Fashion victims

Sofía Carmina Coppola – Nueva York, cosecha del 71 – es hija del gran Francis Ford, actriz, guionista y realizadora, y primera mujer estadounidense en optar a un Oscar a la Mejor Dirección por ‘Lost in Translation'(2003), que finalmente lo obtuvo por el Mejor Guión Original. Esta que nos ocupa es su quinta película y la inmediatamente anterior, ‘Somewhere’, ganó el León de Oro en Venecia, en 2010.

Así que la cineasta se ha tomado tres años en volver a escribir y a rodar un largometraje. Y lo ha hecho inspirándose en un artículo de Vanity Fair, escrito por Nancy Jo Sales, basado en un hecho real. Hecho que se refiere a cinco adolescentes, cuatro chicas y un chico, de familias acomodadas de Los Angeles, que obsesionad@s con el lujo y las celebrities a las que admiraban, se dedicaron a robar en sus casas y a difundir el botín conseguido por las redes sociales. Algunas de sus víctimas como Paris Hilton, Lindsay Lohan, Megan Fox, Kirsten Dunst u Orlando Bloom tienen cameos en la cinta, cuyo título corresponde al apelativo de la banda.

Es evidente que Sofía Coppola conoce muy bien, y lo ha demostrado con creces en su breve trayectoria fílmica, los entresijos de ese mundo de lujo, glamour y fama, que es también el suyo propio por nacimiento. Y también es obvio su rechazo a una sociedad, a un microcosmos, superficialmente rutilante, pero vacío de contenido. Pero asimismo es patente que la delgada línea roja entre la crítica y la fascinación le juega malas pasadas.

Esto es lo que le ocurre en este caso. Porque además su modus operandi, su vocación de estilo, sus señas de identidad, su puesta en escena, tan neutrales, por decirlo así con el objeto y los sujetos de sus historias, tan brillante y bellamente retratados, refuerzan la mencionada ambigüedad. Y otra cosa. No se puede representar a personajes sin alma, ni interés, ni intereses, fuera de los estrictamente consumistas, como zombies planos e inanes. A todos los efectos lo son, pero contienen unas posibilidades narrativas muy propicias para el sarcasmo y la causticidad e incluso para la ironía más sutil e inteligente. Al único que le dota de una cierta ‘conciencia’ es al chico de la función. Mire usted por donde…

Sólo los planos de las casas, como la real de la citada Paris Hilton, y las reacciones del grupo ante ella hubieran merecido capítulo aparte. Pero no.  Antes al contrario, resultan neutralizados por un tratamiento reiterativo, cansino, aburrido y, a la postre, tan superficial y frívolo como sus personajes, muy bien encarnad@s por el reparto. Una pena.

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